El dirigente electo del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán (STASAC), Osmer Homar Salas, quien fue asesinado ayer jueves, 15 días antes de asumir el cargo, fue despedido por un gran número de familiares, trabajadores y allegados, en un funeral marcado por la consternación, pero también por la confirmación de un temor que existía semanas atrás.
Homar Salas, de 43 años, fue asesinado junto a Benjamín, empleado del Ayuntamiento, cuando ambos se encontraban en el portón de una vivienda en el fraccionamiento Las Brisas, donde, de acuerdo con testimonios recabados, el líder sindical ya no vivía con su familia.
Distintas fuentes consultadas en el funeral que se realiza este viernes y quienes solicitaron el anonimato, confirmaron que tras el atentado registrado el pasado 18 de febrero contra su domicilio —apenas días después de haber ganado la dirigencia sindical—, Salas tomó la decisión de resguardar a su familia en otro sitio y permanecer solo en la casa.
“Su familia ya no vivía con él, tenían ya varias semanas así”, aseguró una de las personas cercanas al líder sindical.
“Apenas el fin de semana pasado había celebrado el triunfo de la elección, no habían tenido tiempo ni manera por todo lo que ha ocurrido”.
Durante el velorio, el ambiente fue contenido, con expresiones de duelo que evitaban elevar el tono, pero que dejaban ver la cercanía personal y política con el líder asesinado.
“Benjamín, mi hermano; Homar, mi hijo. Esa era la relación que yo sentía con ellos”, expresó uno de los asistentes, al referirse también al trabajador asesinado junto a él.
Sobre las condiciones en las que vivía en las últimas semanas, otra fuente confirmó que la decisión de mantenerse en el cargo fue firme, pese a las advertencias y al contexto.
“Su esposa le pidió en diferentes ocasiones que dejara el cargo, pero él le dijo que no podía fallarle a los trabajadores”, relató. Según esta versión, Homar Salas aseguró a su entorno cercano haber sostenido una reunión con el gobernador Rubén Rocha, y que contaba con medidas de seguridad.
“Le dijo que estuviera tranquila, que le habían puesto seguridad, y sí se la pusieron”, añadió.
Sin embargo, los cambios en su rutina y las precauciones no fueron suficientes.
Otro trabajador consultado señaló que, aunque el dirigente mantenía su carácter y cercanía habitual, las condiciones habían cambiado desde el atentado previo.
“Siempre fue un hombre precavido, desde su juventud. Pero obviamente su rutina cambió”, dijo. “Las autoridades son responsables de brindarnos la seguridad a todos los ciudadanos, y él contaba con ese apoyo. Yo creo que cuando tienes un objetivo y no lo cumples, se falla”.
En ese sentido, cuestionó que las medidas implementadas no hayan logrado evitar el desenlace.
“La seguridad era para salvaguardar su integridad física y no se logró”, lamentó.
Durante el funeral, las referencias a su perfil como dirigente se mezclaron con los recuerdos personales. Fue descrito como un líder joven, cercano a la base trabajadora, con una agenda enfocada en la unidad y en la mejora de las condiciones laborales dentro del Ayuntamiento.
“El STASAC pierde a un gran líder”, señaló una de las fuentes. “Y la oportunidad de recomponer en un corto plazo muchas cosas que se han hecho mal”.
A su lado, también fue recordado Benjamín Olivares, a quien identificaron como un funcionario de carrera dentro del área de Bienes Municipales.
“El ‘Güerito’ Olivares, un gran tipo, atento, servicial, que dedicó toda su vida a trabajar para la ciudad”, mencionó uno de los asistentes.
En medio del contexto de violencia que atraviesa el estado, algunas voces durante el funeral vincularon el caso con una exigencia más amplia de justicia.
“No solamente para este caso, sino por la paz social que Sinaloa necesita a la brevedad posible”, expresó una de las personas consultadas. “Ojalá, como decía Homar, que se haga justicia”.
El asesinato ocurre en un momento de tensión política en la entidad, tras señalamientos recientes desde Estados Unidos contra funcionarios sinaloenses, que incluyen al Gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y al Alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil.
Para quienes acudieron a despedirlo, sin embargo, el foco se mantuvo en lo inmediato: la pérdida personal, el vacío dentro del sindicato y la incertidumbre sobre lo que sigue.
“Hablé con su madre”, relató uno de los asistentes. “Me dijo que Homar le platicaba mucho de mí, como un padre postizo, pues su padre desafortunadamente hace algún tiempo partió de este plano, estoy seguro que ahora volverán a hacer equipo, no tengo duda que ya se abrazaron”.











