Veladoras frente al ‘mercadito’: duelo e indignación tras la ejecución de cuatro mujeres

Veladoras frente al ‘mercadito’: duelo e indignación tras la ejecución de cuatro mujeres

Sobre la banqueta, afuera de una tienda de mascotas en las inmediaciones del mercado Rafael Buelna, comerciantes colocaron dos arreglos florales y siete veladoras blancas.

No hay acordonamiento ni presencia policial. A un costado, sobre el pavimento, permanece la marca de sangre donde comenzó la agresión.

La noche del 27 de abril, un hombre armado se acercó y disparó a corta distancia contra cuatro mujeres; el ataque fue directo, breve y brutal.

De acuerdo a videos de cámaras de seguridad, el agresor actuó solo, a sangre fría y con absoluta impunidad.

Al día siguiente, un hombre de mediana edad enciende las veladoras; a su lado, una joven estudiante del Cobaes habla por teléfono mientras observa distraída el improvisado altar. Él dice que conocía a Sara, una de las víctimas y la dueña de la tienda de mascotas donde inició la masacre.

Accede a hablar, pero no dice su nombre.
—No se metía con nadie, era una niña… muy trabajadora. Hace poquito abrió el negocio; se llevaba muy bien con todos. Nada que ver lo que le pasó —dice—. Aquí nos la llevamos todos, todos nos conocemos.

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Describe el entorno como una zona de trato cotidiano, de saludos diarios, más que de cercanías. A la otra víctima, Teresa de 35 años, la ubicaba por vivir en la misma área.
De las otras dos, explica, no eran del lugar: acompañaban a un hombre que acudió a dejar una lavadora que había reparado; se quedaron en una camioneta estacionada frente al negocio, a esperarlo.
—El marido se bajó porque traía una lavadora que había mandado a reparar Sarita, y ellas venían acompañándolo y se quedaron allá en la camioneta… El otro vato, yo creo que vio movimiento y fue y les tiró también —relata.

Frente al punto donde ocurrió el ataque, un comerciante abre la cortina de su local y señala el sitio exacto donde estaba la camioneta blanca. Ahí fueron asesinadas Karely, de 41 años, e Itzel, de 22, madre e hija.

El hombre se identifica como Rafael Canale y explica que se enteró de lo ocurrido por un vecino.

—Nos avisaron anoche, el vecino me habló por teléfono y vimos en las cámaras de seguridad lo que pasó. Una cosa muy terrible, muy indignante —dice.

Canale describe el mercado como un espacio donde, sin ser una comunidad cerrada, los comerciantes se reconocen y mantienen un trato constante.

“Nos conocemos de buenos días, buenas tardes y buenas noches”, afirma. A partir de eso, la decisión de colocar veladoras no responde a una organización formal, sino a una reacción de quienes trabajan en la zona.

—Decidimos poner unas veladoras por las muchachas. Es el reflejo de lo que estamos viviendo desde hace más de 500 días —señala—. Es lamentable que las autoridades de todos los niveles sigan diciendo que todo está bien, que aquí no pasa nada.

Su crítica no se formula en términos técnicos, habla de lo que se comenta entre vecinos y de la distancia entre el discurso oficial y la experiencia diaria. Habla de lo que siente.
—Si usted nos pregunta a nosotros, a la gente, nos está cargando la chingada.

La referencia a la duración de la violencia —“más de 500 días”— no es precisa en términos estadísticos, pero sintetiza la normalización de hechos violentos en espacios públicos.

A 100 metros de la tétrica escena, decenas de personas comían en una popular cenaduría del sector.

Los reportes, testimonios y videos filtrados indican que el agresor se aproximó caminando, disparó contra dos mujeres que se encontraban afuera de un local y luego contra otras dos dentro de una camioneta, para después retirarse del sitio. No se reportaron enfrentamientos ni la participación visible de más personas.

Hasta el momento, no se han dado a conocer avances en la identificación del responsable ni el móvil del ataque. En el mercadito la actividad no se aminora. Por la Juárez, un retén militar revisa los automóviles apostados por las calles; decenas de militares resguardan el área moviéndose a pie.

Algunos locales operan con normalidad, pero otros decidieron no abrir. Rafael Canale asegura que lo ocurrido es una prueba de cómo ha cambiado la forma en que se percibe la seguridad en la ciudad.

—Esto le puede pasar a usted, a mí, a su familia, en cualquier momento, así como a ellas. No puede ser que estén matando personas inocentes —expone.

Lo único que queda es el registro material del hecho: una mancha en el pavimento, dos arreglos florales y siete veladores.
“Mire cómo vivimos, qué lamentable, qué triste”, finaliza el comerciante.

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