En al menos en dos comunidades serranas de Sinaloa, comedores comunitarios construidos con recursos públicos durante la administración de Quirino Ordaz Coppel, llevan años sin operar, mientras habitantes los sostienen con donativos para alimentar a la población estudiantil, mayormente de origen indígena.
Elefantes blancos
En la comunidad de Los Mimbres, perteneciente al municipio de Choix, se encuentra uno de los comedores que el gobierno estatal ha dejado sin operar por al menos un lustro, y frente al abandono de la gestión correspondiente al Sistema para el Desarrollo Integral de las Familias (DIF), los habitantes de la zona lo han puesto en funcionamiento con recursos propios y provenientes de donativos de colectivos ciudadanos.
María, a quien los habitantes seleccionaron como encargada del comedor, declaró que, a pesar de que durante tres años ha tocado las puertas del DIF estatal para que se reactiven las actividades del comedor, este organismo no ha dado una resolución favorable y se limita a mandar galletas y cartones de leche, pero esto tampoco ocurre de manera recurrente.
“Toqué puertas en el DIF, metí solicitudes para ver si se podía abrir o rehabilitar otra vez este comedor, pero no recibí respuesta favorable. Que no se podía porque no estaba dado de alta”, mencionó.
Asimismo, reveló que la obra fue entregada sin estar debidamente equipada, pues algunos elementos de la cocina, como el lavamanos, no se instalaron, y el equipo que sí fue montado, como el refrigerador, microondas y alacena, se encuentran deteriorados por falta de uso.
“No está 100 por ciento equipado, nomás tiene una estufa, un refri, una alacena que ya se llenó de comejenes, porque no se usa. También hay un lavamanos, pero no está puesto en su lugar. Está así nomás, como que nomás, ahí se va, nomás los dejaron así”, describió.
María reconoció que, aunque se hace un esfuerzo por atender la demanda de alimentación de alrededor de 42 niños, niñas y adolescentes que cursan los niveles de educación inicial a preparatoria, este en ocasiones no da los resultados esperados, pues la escasez de suministros representa un obstáculo.
Hortensia López Gaxiola, representante del colectivo Tarámari Sinaloense, coincidió con María en el hecho de que la ayuda proporcionada por el organismo ciudadano en la comunidad de Los Mimbres, no cubre la totalidad de las necesidades existentes, por lo que se le da prioridad a los estudiantes de origen indígena, quienes se trasladan desde comunidades lejanas para poder tomar clases en los planteles localizados en Los Mimbres.
“Hace unos meses empezamos a atender nada más al bachillerato, porque algunos van de comunidades alejadas, y además son de bajísimos recursos, desde la institución colectiva le estamos apoyando con los víveres para que los muchachos coman, pero no nos alcanza a nosotros para abarcar la totalidad”, precisó.
Las Tunas de abajo
Con el emblema de “Puro Sinaloa” resaltando entre el paisaje montañoso de la Sierra Madre Occidental y con las puertas cerradas, se mantiene el comedor comunitario de Las Tunas de Abajo, poblado perteneciente al municipio de Sinaloa.
De acuerdo con información difundida por el ayuntamiento de Sinaloa, para la construcción de este espacio se invirtieron un millón 765 mil 932 pesos, y en el 2020 se anunció que estaba listo para operar; no obstante, sin dar razones, se detuvo su funcionamiento, y para el año 2022, se afirmó que retomarían las actividades para las que fue construido, pero de acuerdo con Hortensia López Gaxiola, esto no sucedió.
A diferencia de Los Mimbres, tras solicitar de manera reiterada que el comedor deje de ser inoperante, López Gaxiola adelantó que hay una posibilidad de que se ponga en funcionamiento, pues desde el gobierno estatal le aseguraron que se buscará una gestión con el gobierno federal.
“Hay posibilidades de que reencaucen recursos de otras comunidades donde no se está aprovechando y se puedan encauzar hacia acá, pero están buscando que le autoricen de México”, informó.
Desnutrición: la consecuencia de los elefantes blancos
María, quien también se desempeña como maestra en una escuela de nivel básico, relató que dentro del alumnado se presentan problemas de desnutrición de manera diaria.
“Nosotros nos damos cuenta qué niño desayuna, qué niño no desayuna. Se da cuenta de todos los problemas que hay por no tener un alimento que llevar a su estómago”, manifestó.
La docente detalló que, la insuficiencia nutricional en los menores se registra de forma regular, debido a que los adultos de la zona no cuentan con trabajos que les aseguren un ingreso estable, y por ende no pueden garantizarles una alimentación de calidad a sus hijos.
“Todos los días los niños presentan signos de desnutrición, porque es difícil aquí tener un trabajo estable, cuando no se van para los campos, trabajan dos, tres días, hay familias que tienen hasta más de 5 integrantes y pues no alcanza”, indicó.
López Gaxiola agregó que la desnutrición en contextos similares a la comunidad de Los Mimbres, es parte de la cotidianidad, y lo clasificó como un factor determinante en la deserción escolar.
“En el caso de la alimentación es muy evidente la desnutrición que sufren los niños y el hecho de tener comida, lo hemos visto en Cuitaboca, es un factor importantísimo para que se mantenga la matrícula”, manifestó.
Además, afirmó que el costo para mantener un comedor comunitario no suele superar los tres mil pesos mensuales, y subrayó que el mantenimiento de estos espacios tiene un presupuesto asignado por el gobierno federal, distribuido por medio del informe del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
De acuerdo con un informe emitido por el INPI durante el primer semestre de 2025, se destinaron 266 mil 600 pesos para siete espacios de este tipo en el estado, una cifra que, distribuida, equivale a menos de 7 mil pesos mensuales por comedor; sin embargo, tanto el comedor de Las Tunas, como el de Los Mimbres, no fueron beneficiados.
Artículo publicado el 05 de abril de 2026 en la edición 1210 del semanario Ríodoce.






