Menos niños: Sinaloa dejará de crecer en 2045

Menos niños: Sinaloa dejará de crecer en 2045

Carlos Hernández Bringas, académico de la UNAM, advierte que el estado alcanzará su crecimiento máximo poblacional y luego se estabilizará en cero

 

 

México y Sinaloa están entrando en una nueva etapa demográfica: el crecimiento se desacelera y los nacimientos disminuyen año con año. El cambio tendrá consecuencias económicas, educativas y sociales en las próximas décadas.

Según explica el demógrafo Carlos Hernández Bringas, académico de la UNAM, aunque aún no se ha registrado una disminución real de la población total, existe un cambio drástico en la velocidad de su crecimiento. Este proceso, conocido como transición demográfica, transformará la estructura económica, educativa y social del país en las próximas décadas.

Para el estado de Sinaloa, las proyecciones indican que el reloj poblacional está cerca de marcar su límite. Hernández Bringas advierte que la entidad alcanzará su crecimiento máximo hacia el año 2045, momento en el que se proyecta una población aproximada de 3 millones 292 mil habitantes. A partir de ese punto, el crecimiento se estabilizará en cero debido a que habrá muy pocos nacimientos y, en proporción, pocas muertes. El resultado para la segunda mitad del siglo será una sociedad más envejecida y con una dinámica urbana distinta.

 

De ocho hijos a cuidar la tasa de reemplazo

A principios del siglo XX, México era un país con una dinámica demográfica muy distinta. Incluso durante los años de la Revolución, cuando las condiciones de vida eran difíciles, la población crecía rápidamente. “Las tasas de mortalidad eran altas, pero también lo eran las tasas de natalidad, y eso producía familias muy grandes”, explica el especialista. Era común que los hogares tuvieran siete u ocho hijos. Ese patrón se mantuvo durante décadas hasta los años sesenta. En 1970, cada mujer mexicana tenía en promedio 6.5 hijos.

Ese crecimiento coincidió con una etapa de expansión económica conocida como el llamado Milagro Mexicano, cuando el país registró tasas de crecimiento cercanas al 5 por ciento anual. “La clase media se expandía rápidamente. Con el salario de un obrero se podía adquirir una propiedad, un vehículo y cubrir salud y educación. Era otro México”, recuerda.

El comportamiento reproductivo empezó a transformarse en la década de los setenta, lo que inició una tendencia a tener cada vez menos hijos. Hoy el promedio nacional se ubica en 2.1 hijos por mujer, una cifra conocida como tasa de reemplazo; es decir, el nivel mínimo necesario para que una población se mantenga estable. Pero ese equilibrio está en el límite. “México y Sinaloa van a crecer muy poco en el futuro”, advierte el especialista.

En los últimos años, el descenso de la natalidad se ha acelerado de forma más pronunciada en Sinaloa que en el resto del país. Entre 2023 y 2024, mientras el promedio nacional de nacimientos cayó un 8 por ciento, en Sinaloa el desplome alcanzó el 13 por ciento. El especialista señala que, además de los factores económicos y educativos, el contexto de violencia en el estado podría estar influyendo en parte. La pérdida de hombres jóvenes reduce el número de potenciales padres, pero también genera incertidumbre y miedo que impacta en las decisiones de las parejas sobre formar una familia.

 

El viraje en los setentas

La historia de este cambio poblacional también tiene una carga política y geopolítica. En la década de los setenta, el panorama internacional cambió con el influyente Informe Kissinger de Estados Unidos, el cual advertía que el rápido crecimiento poblacional en países en desarrollo era un riesgo para la estabilidad global.

Aunque el presidente Luis Echeverría respondió inicialmente con soberbia ante la presión externa, asegurando que “gobernar es poblar”, terminaría por cambiar la política pública en 1974 ante el temor de que el crecimiento fuera demasiado veloz. El Estado comenzó entonces a promover la planificación familiar y la distribución gratuita de anticonceptivos. “Eso permitió que muchas mujeres tuvieran acceso real al control de la natalidad, algo que antes no ocurría”, explicó el demógrafo.

Dentro de este contexto de libertades reproductivas, el especialista también identifica el impacto del aborto en las estadísticas actuales. Señala que, si bien en Sinaloa el registro de estos casos se ha triplicado recientemente, esto se debe principalmente a que la legalización ha permitido documentar y transparentar un fenómeno que antes ocurría en la clandestinidad y no se contabilizaba.

“Si el Estado mexicano no hubiera tomado medidas de control natal, la población habría crecido en ritmos muy acelerados justo cuando el modelo económico comenzaba a entrar en crisis, por lo que el crecimiento demográfico no hubiera podido ser sostenido por un sistema en decadencia”, añade Hernández Bringas.

 

La “bomba” de las pensiones

El impacto final de estos cambios ya se observa en la pirámide poblacional, que se ha convertido en un rombo. Esto significa que hoy tenemos una gran concentración de personas en edad productiva —el llamado bono demográfico—, pero con cada vez menos niños que los releven. Esta situación obligará a una reorganización de las políticas educativas debido a la falta de alumnos en nivel básico.

Sin embargo, el desafío más urgente es el sistema de seguridad social. Con una economía informal que ronda el 60 por ciento, millones de mexicanos en edad de trabajar no están cotizando para su retiro. El demógrafo advierte que el envejecimiento representa una “bomba” para el sistema de pensiones, ya que existe un pasivo financiero que no está previsto.

Al ritmo actual, Sinaloa y México se dirigen hacia un futuro con más adultos mayores que jóvenes, una realidad que exigirá soluciones económicas creativas antes de que el bono demográfico se agote definitivamente.

Artículo publicado el 08 de marzo de 2026 en la edición 1206 del semanario Ríodoce.

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