Ante la inactividad de las estaciones oficiales, mediciones académicas revelaron que la contaminación superó hasta en cinco veces los límites de la OMS, exponiendo a la población a aire de “muy mala calidad”
A finales de 2025, en cuestión de días Culiacán registró el incendio de dos rellenos sanitarios y, a pesar de las afectaciones que pudieran presentarse al medio ambiente y a la salud, no hubo datos por parte de autoridades sobre la calidad del aire para dimensionar sus consecuencias.
Monitorear la calidad del aire en Culiacán no ha sido prioridad ni para el gobierno estatal ni para el municipal. Sin embargo, la NOM-156-SEMARNAT-2012 establece que los gobiernos locales deben contar con sistemas de monitoreo bien diseñados, con equipos adecuados y estaciones correctamente ubicadas, además de garantizar su operación, mantenimiento y calibración.
También están obligados a validar y analizar los datos obtenidos, informar de manera transparente a la población y emitir alertas inmediatas cuando la contaminación represente un riesgo para la salud.
La propia norma establece que los gobiernos locales deben enviar sus reportes al Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire (SINAICA); sin embargo, Sinaloa continúa sin aportar datos. Según el apartado de infraestructura de los Sistemas de Monitoreo de la Calidad del Aire (SMCA), Culiacán llegó a contar con cinco estaciones, de las cuales solo una estaba en funcionamiento, era automática y se ubicaba en el Ayuntamiento. Las demás permanecían inactivas, eran manuales y se desconocía la fecha de su operación.
Por su parte, la NOM-172-SEMARNAT-2023 establece que, los gobiernos estatales y municipales encargados de monitoreo, deben calcular y difundir de manera clara y con actualización horaria el Índice Aire y Salud, a fin de informar oportunamente a la población sobre los riesgos asociados a la calidad del aire. Durante los incendios registrados en diciembre de 2025 en Culiacán, no se contó con información pública disponible sobre dicho índice o por lo menos no los difundieron.
La academia llena el vacío institucional
Desde hace más de un año, los investigadores Perla Margarita Meza Inostroza, de la Universidad Tecnológica de Culiacán (UTC), y Marcos Bucio Pacheco, de la Universidad Autónoma de Sinaloa, realizan estudios sobre la calidad del aire mediante la Red de Monitoreo del Aire (REMOAIR). Los equipos utilizados fueron financiados por la UTC y permitieron registrar los niveles de contaminación presentes durante los recientes incendios.
La red mide material particulado PM2.5, un contaminante de interés internacional debido a su asociación con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cerebrovasculares, así como con diabetes, obesidad y muertes prematuras.
El nivel más alto de contaminación se registró en la madrugada del 20 de diciembre, un día después del incendio en el relleno sanitario de Culiacán. Entre las 2:00 y las 3:00 de la mañana se alcanzaron, en el sistema de monitoreo instalado en Universidad 94, concentraciones de 80.18 y 85.55 microgramos por metro cúbico (µg/m³), valores clasificados como de muy mala calidad del aire. Mientras que en el monitoreo de la Facultad de Biología de la UAS registraron índices de 82.3 µg/m³. Para dimensionar el riesgo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un límite de 15 µg/m³, mientras que la normativa mexicana establece un máximo de 45.
Tras el incendio del Piggy Back, ocurrido el 27 de diciembre, la estación de monitoreo ubicada en el sector Barrancos, registró un índice de aire y salud de 53.44 µg/m³, la noche de ese mismo día, lo cual supera los valores recomendados.
“Normalmente es durante la madrugada cuando se presentan los índices más altos, porque al bajar la temperatura las partículas se concentran. Desde las 10 u 11 de la noche el índice comienza a aumentar”, explicó Bucio Pacheco.
Bucio Pacheco consideró que, a pesar de aparentar no serlo, Culiacán presenta niveles de contaminación que deben de ser estudiados sobre todo en zonas como Barrancos.
“Hay mucho viento (en Culiacán), cambia la dirección del viento seguido, esa es la ventaja que tenemos, pero eso no significa que no tengamos niveles de contaminación que deberían ser tratados y tendríamos que ver las fuentes”, puntualizó.
En enero de 2025, el Ayuntamiento de Culiacán informó que, con el objetivo de medir la calidad del aire, la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable (SEBIDES) del estado, en coordinación con la Secretaría de Desarrollo Urbano Sustentable municipal, instaló sensores Kunak y realizó verificaciones al funcionamiento de la cabina de monitoreo.
Estas acciones, señalaron, formaron parte del programa ProAire, orientado a la protección del medio ambiente, y estuvieron diseñadas para medir contaminantes como monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, ozono y partículas de azufre de tamaño reducido. Poco o nada se supo después de los datos arrojados por los sensores Kunak.
De acuerdo con la dirección de Medio Ambiente de Culiacán medir la calidad del aire es responsabilidad de la Sebides estatal.
Advierten riesgos a la salud
“Desde hace mucho tiempo se sabe que están incumpliendo este tipo de reglamentos, leyes y normas relacionadas con la calidad del aire”, sentenció Joel Retamoza, coordinador de la Alianza Ambientalista Sinaloense.
Retamoza López explicó que las columnas de humo observadas durante los días de incendio y en las labores para sofocarlo contenían gases tóxicos, debido a que en los rellenos sanitarios no solo se depositan residuos urbanos, sino también desechos peligrosos, como baterías. Estos episodios pueden liberarse partículas menores a 2.5 micras (PM2.5), las cuales, al ser inhaladas, se alojan en los pulmones y pueden provocar enfermedades respiratorias, como la bronquitis.
El ambientalista señaló que la falta de monitoreo de la calidad del aire impide dimensionar la gravedad de la exposición de la población a los incendios. Explicó que el análisis de estos episodios también permite evaluar sus vínculos con el cambio climático, al destacar que fenómenos como la sequía están estrechamente relacionados con la emisión de gases de efecto invernadero. Entre ellos, mencionó el dióxido de carbono y el metano, los cuales se liberan durante la quema de rellenos sanitarios.
Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.






