Decenas de personas acudieron esta noche a celebrar a la Virgen de Guadalupe en La Lomita.
A diferencia de una ciudad que se acostumbró a recogerse temprano por la violencia, esta noche la avenida Álvaro Obregón, es otra. Una muchedumbre avanza hacia el templo a lo alto de la escalinata, en medio de un fuere operativo de seguridad.

Jóvenes, parejas y familias enteras recorren la avenida hasta la escalinata, bordeada de decenas de puestos improvisados donde se venden desde recuerdos, imágenes religiosas, souvenirs hasta antojitos.
Ni la violencia que ha asfixiado a Culiacán por más de 15 meses, ni las noches desoladas, impidieron que los juegos mecánicos, los puestos de esquites y churros, o los vendedores de paseos virtuales en helicóptero ocuparan su lugar habitual en la festividad. Esta noche, la ciudad parece recuperar algo que parecía perdido.
La fe y religiosidad se imponen al miedo que ha rodeado a Culiacán durante casi 15 meses.








