La incertidumbre y la violencia provocan una caída histórica en la venta y producción de vivienda en la capital sinaloense
La venta de vivienda, al igual que la de cualquier otro local comercial, forma parte del engranaje que mueve la economía y, como todos los sectores, también sufre las repercusiones del conflicto en Culiacán.
Luis Rodríguez, empresario inmobiliario independiente con ocho años de experiencia en el ramo, asegura que este es uno de los peores años de los que puede dar testimonio.
Ahorita, comenta, Culiacán está en un mercado de compradores: el que compra, manda. Quien desea adquirir una propiedad tiene muchas opciones porque todos quieren vender, y aquel que desea vender debe adaptarse a las condiciones de los compradores.
Pone un ejemplo de su labor: dice que tiene una casa en Lago de Pátzcuaro, en la colonia Las Quintas, que no ha podido vender. La vivienda tiene un avalúo de 2023 de 5 millones 800 mil pesos. La dueña ha pedido que se venda lo antes posible. Está en remate por 4 millones 300 mil pesos, en espera de algún comprador que no llega.
“Un millón y medio menos, con valor avalúo del 2023, es decir, la casa ya vale más, y no la puedo vender. Tengo otra casa en la misma Lago de Pátzcuaro, en 3 millones 300, ahorita la están ofreciendo en 2 millones 300 y están consiguiendo un crédito hipotecario de liquidez, lo van a comprar en un millón de pesos menos, que son casas muy deseadas, pero como está medio deteriorada, no cualquiera la quiere porque la gente tiene mucha opción”, explica.
De acuerdo con el inmobiliario, en la compañía para la que trabaja, de 24 unidades que se vendían mensualmente, actualmente logran concretar entre 11 y 15 propiedades. Muestra el post que ha publicado la compañía con sus últimas ventas en octubre: fueron 14 operaciones cerradas y un monto total de 19 millones de pesos. Si calculas, dijo, el valor de cada casa es de un promedio de un millón, y la mayoría de las casas han sido de reventa.
Rodríguez se dedica a la venta de propiedades de entre 3.5 y 4 millones de pesos, pero, ante la situación que atraviesa el sector y la ciudad, tuvo que adaptarse a viviendas más económicas. Dijo que, desde su experiencia, actualmente las viviendas están registrando reducciones de precio que oscilan entre un 8 y un 20 por ciento por debajo de su valor original, aunque lo más común era que los ajustes se fueran de un 6 y un 13 por ciento.
Daniel Félix Terán, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi), destaca dos cuestiones observadas en el último año: el dinamismo que han tenido las casas con valor igual o menor a un millón y medio de pesos, y el aumento en la compra de viviendas usadas.
“Es muy notorio que se ha incrementado el número de ofertas en la vivienda usada, ya que por todas aquellas personas que se han ido de la ciudad optan por vender su casa, o algunas, que tienen alguna necesidad, las están ofreciendo en cierta cantidad y después de varios meses de no poderla vender, optan por venderla más barata”, explica Félix Terán.
De acuerdo con Rodríguez, la demanda de casas con precios de alrededor de un millón y medio de pesos explicaría el aumento en la compra de viviendas usadas, ya que no se encuentran en las ofertas de los desarrolladores.
“El desarrollador no tiene casas de millón y medio…, de hecho, hay muy poquitas de un millón y medio, ni encuentras. Si tú encuentras aquí atrás del Hospital Psiquiátrico, porque yo la tuve, una casa en un millón 200 mil pesos, la vendes en dos días porque toda la gente quiere vivir ahí, pero no tienen 3 millones, tienen millón y medio y te lo consiguen”.
El empresario inmobiliario también destacó que, desde su percepción, el “ticket” promedio de venta de casas en la ciudad disminuyó. Si antes el precio promedio estaba entre 2.5 o 3 millones de pesos, ahora se encuentra entre 1.5 y 1.7 millones. Por su parte, Félix Terán afirmó que las casas con valores superiores a los 2 millones de pesos están detenidas.
El presidente de Canadevi argumentó que existen tres factores por los cuales la gente no está adquiriendo vivienda o, si ya las tenía apartadas, está cancelando. Explicó que, de cada 10 potenciales compradores, tres cancelan porque se están mudando de Culiacán, tres porque el banco ya no les presta o les reduce su crédito, y cuatro se encuentran en incertidumbre sobre si la violencia continua o con miedo de perder su empleo.
Mencionó además que la falta de financiamiento también afecta a los desarrolladores, ya que los bancos han limitado los créditos puente utilizados para construir nuevos fraccionamientos, lo que ha frenado la producción de vivienda.
En agosto, a Rodríguez se le cayó una operación. Estaba por culminar la venta de un lote que le traería sus regalías correspondientes. Se llevaría su tajada como concesionario vendedor y comprador, nada mal para una operación en Culiacán, dice. El acuerdo estaba dado, los documentos firmados y el dinero depositado en la cuenta, pero la operación no prosperó. Acababan de ocurrir los ataques a tres hospitales de Culiacán, lo recuerda a la perfección. No se llegó a un acuerdo entre el vendedor y el comprador: uno argumentaba incertidumbre por la violencia y el otro no estaba seguro de la oferta. Él, como mero intermediario, no podía hacer nada.
“Se cayó la operación por precio, porque no aceptó la oferta y por violencia. Y así están pasando cosas que no pasaban: ni ofrecían tan bajo, ni la violencia era un problema de que se cayera la operación y sí, es uno de los motivos principales de cómo estamos ahorita, en uno de los peores años que me ha tocado vivir”.
Artículo publicado el 09 de noviembre de 2025 en la edición 1189 del semanario Ríodoce.






