La mañana de este jueves, la sindicatura de Tepuche, ubicada a unos 10 kilómetros al norte de Culiacán, fue el escenario de un ataque de miembros del crimen organizado en contra de elementos de seguridad de las fuerzas federales.
El saldo preliminar del atentado es de un militar con grado de Mayor fallecido, al menos uno más herido y una patrulla de las fuerzas del orden completamente calcinada.
La zona se blindó con el despliegue de un enorme operativo militar que incluyó apoyo desde el aire por al menos dos helicópteros Black Hawk artillados, los cuales realizaron vuelos de reconocimiento a baja altura durante algunas horas.
Hasta el momento, las autoridades no han dado un reporte oficial de los hechos, pero de manera extraoficial ha trascendido que, derivado de este operativo, se ha asegurado una camioneta con blindaje artesanal y armamento de alto calibre, aunque esto aún no ha sido confirmado.
El ataque ocurrió a unos metros de la plazuela principal de la sindicatura, frente a una escuela primaria. Las clases se suspendieron de inmediato y la sindicatura lució como un pueblo fantasma, con las calles vacías en punto del mediodía.
Una vecina del poblado de Los Bagrecitos, quien todos los días se traslada a Tepuche a vender tortillas, no se enteró del evento hasta que llegó a su puesto, ubicado a unos metros de la plazuela principal.
“Hasta que llegamos vimos que se había puesto feo, pero, pues, ya estábamos aquí y decidimos quedarnos a trabajar. Pero sí ha estado muy baja la venta, no hay gente en la calle”, relató. Otra vecina que tiene su casa sobre la avenida principal, a menos de una cuadra del lugar de los hechos, asegura que escuchó los disparos por la madrugada.
“Creí que era en las afueras como otras veces, pero, ya que nos levantamos, vimos que habían prendido la camioneta y que era aquí a la vuelta. Pues sí da miedo, oiga, vivir aquí, ¿pero qué le queda a uno? ¿A dónde nos vamos a ir?”, lamentó.
Con la escuela cerrada y las calles vacías, este jueves 16 de octubre la Sindicatura de Tepuche parece abandonada. Los pobladores apenas se asoman de sus casas, mientras camionetas del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, cada tanto, interrumpen el silencio de la calle.
“Pues la verdad sí está más a gusto que estén aquí los soldados, se siente más seguro uno”, dijo uno de los pobladores.







