Ante la violencia está el arte. Esa es la apuesta del Festival Sinaloa de las Artes, que fue inaugurado hoy, con la presentación del libro: Difocur/ISIC 50 años y de Carmina Burana.
Juan Avilés Ochoa, director del Instituto Sinaloense de Cultura, mencionó que, en estos tiempos, la cultura y las artes, son más necesarias que nunca.
“No podemos negar que hemos sido golpeados por la violencia y esta es nuestra respuesta: la vida, la creación, el respaldo de nuestros artistas, la convivencia en comunidad. No solo se trata de un festival, es nuestra manera de resistir”, señaló.
“Esta es nuestra manera de expresar que el tejido social se puede rehacer a través de la música, el teatro, la palabra y que las artes son tan esenciales como labrar la tierra”.
Al presentar el libro conmemorativo de los 50 años, añadió que Sinaloa tiene más que miedo, tiene talento en sus jóvenes, dignidad y esperanza.
“Quisimos hacer un festival cultural aquí y ahora en los 20 municipios del estado, para decir a las nuevas generaciones que hay otros caminos más gratificantes que los pueden hermanar con sus semejantes y ser motivo de orgullo de sus familias”, apuntó.
La presentación del libro
Fue en el Museo de Arte de Sinaloa lleno en su totalidad donde Ana Luz Ruelas, Azucena Manjarrez, Juan José Rodríguez y Samuel Ojeda comentaron esta obra conmemorativa.
En las páginas de este libro creadores, instituciones, empresas y personas de la sociedad civil se dieron a la tarea de integrar un archivo fotográfico representativo del quehacer de DIFOCUR/ ISIC en sus 50 años de vida.
La periodista cultural Azucena Manjarrez expresó que este libro no solo conmemora sino también interpela, nos pregunta qué sigue, como transformamos lo heredado sin traicionarlo. Y deseó que este libro llegue a muchas manos, que se lea en escuelas, en casas, en oficinas, en cafés. Que sea motivo de conversación, de recuerdo, de análisis, de inspiración, porque su valor no está solo en lo que dice sino en todo lo que despierta.
El escritor mazatleco Juan José Rodríguez celebró y agradeció este libro que es una serie de crónicas para la cual invitaron a 20 autores a escribir, porque la historia así se hace, en estas pequeñas anécdotas que no están en el boletín ni en la memoria colectiva, pero ahí quedan aunque hay mucho más.
Carmina Burana
Los cantos goliardos de la cantata escénica Carmina Burana, de Carl Orff (1895-1982) volvieron al escenario del Teatro Pablo de Villavicencio, en una ambiciosa puesta en escena bajo la dirección concertadora del Mtro. Alexandre Da Costa, director titular, con la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes, tres coros y un espléndido trabajo coreográfico, para abrir con un espectáculo de lujo el Festival Cultural Sinaloa en su edición 2025.
La reacción final del público que llenó el teatro fue apoteósica desde el emblemático coro inicial Oh fortuna, con que también cierra, entre los aplausos in crescendo de donde pasaron a las ovaciones y, cuando no bastaran para expresar su regocijo, se pusieron de pie y no dejaron de aplaudir sino hasta que todos los participantes compartieron su parte de gloria en esta noche de los dioses.
En el montaje que fue trasmitido en vivo de manera simultánea a todos los municipios participaron, además, la Compañía Danza Joven de Sinaloa y alumnas y alumnos de Danza Contemporánea en la Escuela Superior de Artes José Limón del Instituto Sinaloense de Cultura.
Como solistas, fueron aplaudidos la sorprendente soprano Jessica Torrero, muy celebrada con Ave formossísima; el tenor Alejandro Pacheco con la canción del cisne asado que ayer volaba libre, y el barítono Carlos López con sus canciones de taberna, que arrancaron aplausos a lo largo de la presentación.
Además, el Taller y Coro de Ópera de Sinaloa, que dirigen José Manuel Chú y Marco A. Rodríguez; el Coro Universitario de la Facultad de Artes de la UAS, que dirige Perla Orrantia, y algo nunca visto en estos montajes -al menos en la localidad-, el Coro Infantil del ISIC, a cargo de Mario Velarde cantando al frente del escenario, ante bailarines y solistas.
Piezas en latín y alemán antiguo, de los siglos 11 y 12, con traducciones en pantalla para su mejor comprensión; luces deslumbrantes, una pantalla de tul para abrir el espacio escénico a los bailarines, bajo la dirección artística de Carlos Zamora y Edylin Zatarain, con bellas coreografías creadas por las maestras Sandra Vargas y Berenice Arias.





