Paramédicos, prestar servicio entre las balas

Paramédicos, prestar servicio entre las balas

El grupo GERUM se incorporó a atender reportes de personas baleadas, ante agresiones contra elemento de Cruz Roja; hoy la violencia los obligó a incorporar a su uniforme chalecos antibalas

Una Dodge Durango 2004 salió de prisa por una de las engorrosas calles de la colonia Buenos Aires, en Culiacán. La camioneta, añeja, pero bien cuidada, exhibe los rótulos del Grupo Especial de Rescate y Urgencias Médicas (GERUM). Dos paramédicos suben, adentro, equipamiento médico y herramientas de rescate, así como las nuevas adquisiciones: chalecos antibalas.

Las placas balísticas de nivel 4 garantizan el choque de tres disparos de un “cuerno de chivo” o un AR-15, tres impactos sin problema —dice el fabricante—; lo demás es a suerte. Aunque los chalecos son pesados, son necesarios para la protección del paramédico y forman parte de los protocolos de seguridad implementados durante la crisis de violencia derivada del conflicto armado entre el Cártel de Sinaloa.

En la línea de tiempo de un año de exacerbada violencia, los más afectados fueron los paramédicos de la Cruz Roja: despojo de unidades, amenazas a los socorristas y, en Altata, Navolato, Obet Yair Reyes, un paramédico de 25 años, fue levantado y días después su cuerpo fue localizado en Costa Rica. Esto provocó el cierre de la unidad de Cruz Roja por unos cuantos días.

Afortunadamente, dice Julio César, paramédico y director general de GERUM, su equipo nunca ha sufrido mayores complicaciones. O sí, quizás como aquella ocasión cuando, al dirigirse a dar atención prehospitalaria por el reporte de un herido de bala, un vehículo les lanzó ponchallantas a la Dodge Durango; el mensaje fue claro: no querían que llegaran.

En otras, los comandos deciden pararlos: “¿Por qué traes tanto muerto?”, les preguntan mientras los bajan y les revisan los teléfonos. “Somos paramédicos”, contestan. La dinámica es comprendida: por un lado, y por el otro, todos están haciendo su chamba y la situación nunca ha escalado.

“Pues la única vez que nos hablaron mal fue ahí en Ciudades Hermanas y Calzada (Heroico Colegio Militar), donde nos amenazaron de que no llegáramos a un lugar, pero de ahí en fuera, no”, relató César.

A veces, las paradas son realizadas por las propias autoridades. En una de las revisiones, buscaban verificar que la unidad no fuera “clonada”, ya que, según la explicación del agente, se han localizado paramédicos clonados. La revisión no duró más de dos minutos, vieron los guantes de látex en los pantalones y el demás equipamiento en la camioneta, ellos saben identificar rápido.

“Yo conozco GERUM —explicó el oficial—, sé quién es, lo respeto. Ahora vamos a ver si es verdad que eres quién dices que eres. No me lo tomes a mal, pero si eres GERUM, adelante. Nada más necesito verificar que sí seas GERUM porque puedo encontrar una camioneta clonada”, contó un paramédico.

En un período que abarcó desde finales de octubre hasta diciembre, GERUM fue el único grupo de atención prehospitalaria que operaba de noche en Culiacán, debido a que otros grupos (como Cruz Roja) habían dejado de prestar servicios por agresiones.

Esto también comenzó a generar psicosis, estrés y ansiedad entre los propios paramédicos: “Cuando nosotros empezábamos a responder a ciertos servicios regularmente, mirábamos cosas que estaban fuera de lo común, de lo normal: gente armada. (…) yo pienso que la psicosis más dura y más fuerte fue cuando empezaron a presentarse demasiados casos de víctimas colaterales (…) personas ajenas al conflicto, empezaron a resultar heridos y lesionados por arma de fuego”.

Tanto Cruz Roja como GERUM prestan servicios prehospitalarios; sin embargo, GERUM lo hace de manera independiente. Para garantizar un servicio óptimo, necesita un ingreso de al menos 30 mil pesos mensuales. Dicho dinero se obtiene mediante el “boteo”. En jornadas de dos horas, los paramédicos se posicionan en las avenidas más transitadas para recibir algunas monedas.

Comenzaron a resentir los problemas económicos debido a los desempleos y el cierre de negocios, la cantidad de dinero disminuyó bastante. Si antes en promedio podían recaudar 6 mil pesos por semana, ahora la cantidad ronda entre los 2 mil a 3 mil pesos.

En el último mes de agosto, de un total de 43 servicios atendidos, 29 corresponden a personas heridas por arma de fuego (incluyendo tanto a víctimas sobrevivientes como fallecidas). Esto representa un promedio de casi un herido diario por arma de fuego.

Estas atenciones representan gastos económicos. Por ejemplo, acudir a dar atención a un herido de bala requiere de parches especiales con válvulas que se pegan al tórax para evitar colapsos pulmonares, cuyo costo más bajo oscila entre 600 y 800 pesos, dependiendo de la calidad, el más económico ronda los 330 pesos y estos no cuentan con válvulas.

Si GERUM cierra, explicó Julio César, sería por la falta de insumos para las atenciones prehospitalarias. De las 15 personas que conforman el equipo, solamente cuatro de ellos reciben un pago; los demás se mantienen motivados por el voluntariado.

“Nos pegó bastante porque ahorita estamos comenzando a tener una crisis que no habíamos vivido en años. (…) Al final de cuentas, trabajo siempre va a haber, de una u otra manera, en alguna aplicación de medicamentos.

Mientras tanto, la atención se sigue dando. La Dodge Durango, que salió zumbando de las calles de la Buenos Aires, terminó en la colonia Capistrano, pero llegaron tarde. Un elemento del Ejército, que estaba cerca del siniestro, logró apagar las llamas de la camioneta: el motor prendió fuego y el elemento le vació tres litros de refresco; lo malo es que se quedaron sin nada para tomar.

Artículo publicado el 14 de septiembre de 2025 en la edición 1181 del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.