El camión rojo avanza lento sobre el bulevar Gabriel Leyva Solano. No lleva prisa, no hay sirenas, no hay emergencia. Los pasos de los bomberos son pesados: esta vez la violencia los obliga a despedir a uno de los suyos.
Julio César Murillo López, de 41 años, bombero desde 2008, fue asesinado el miércoles pasado en un restaurante de la colonia Guadalupe, a unos metros de una caseta de policía.
“Yo estaba de turno y me llamó su esposa para decirme lo que había pasado, ella estaba ahí. Yo no lo podía creer. Me fui al lugar y corroboramos que se trataba de Julio. Se siente mucho dolor, mucha impotencia”, relata uno de sus amigos cercanos, también bombero de la estación Dr. Nicolás Vidales Tamayo.
Julio César, recuerdan sus compañeros, era trabajador, alegre, extrovertido, uno de los más queridos dentro de la corporación. “Era hombre de familia, siempre hablaba con orgullo de su hija y de sus dos hijos”, describe otro de sus colegas, que pidió no revelar su nombre.
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“Nunca pensé que le pudiera pasar algo así a uno de nosotros, de verdad que no te puedo poner así en palabras lo que siento, es pura impotencia. Y todavía el gobierno dice que ya vamos saliendo, que todo está controlado… mienten”, reprocha.
En la funeraria San Martín, los uniformes azules llenan la sala. Afuera, en un sillón, uno de los jefes de turno permanece cabizbajo. Él supo del asesinato a través de una transmisión en vivo en redes sociales.
“Cuando dijeron que era bombero sentí que se me heló la sangre. Me empezaron a llamar, pero yo no sabía. Les dije que estaba viendo la transmisión. Entonces dijeron su nombre, y vi que los compañeros que ya estaban ahí lo estaban confirmando”, relata.
Entre recuerdos, aflora la nostalgia. “Era futbolero, le iba al América. Le tocó ir al estadio en los campeonatos recientes, hasta se tomó fotos con los jugadores. Era muy buen muchacho, siempre con su bolita, los que entraron juntos a la academia”.
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Este sábado, después de la misa programada a las 10 de la mañana, Bomberos de Culiacán lo trasladarán a su estación para rendirle un homenaje con pase de lista.
“Ya nos habían pasado cosas, pero que yo recuerde en Culiacán nunca habían matado a un bombero. Cuando fue lo del primer culiacanazo no entendíamos qué ocurría. Atendimos reportes de carros incendiándose, y cuando nos acercamos había gente armada que nos obligó a retirarnos, pero no nos agredieron”, recuerda el veterano.
La violencia, dice, no respeta a nadie. “Y las autoridades hablando de palenques y de celebrar el Grito como si no pasara nada”.







