Con la participación de académicos y representantes del sector agrícola, se llevó a cabo el conversatorio ciudadano “El Futuro Agrícola de Sinaloa: ¿Hacia dónde y cómo?”, donde se coincidió en que el futuro agrícola del estado depende de una planeación nacional que garantice seguridad alimentaria y rentabilidad de las cosechas.
El coloquio se dividió en tres etapas, la primera contó con la participación de Sergio Esquer, Cristina Ibarra y David Careaga.
El empresario agrícola y expresidente del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa, Sergio Esquer, señaló que desde 2018 se abandonaron esquemas como la agricultura por contrato y el precio objetivo, lo que ha sido contraproducente para quienes se dedican al campo.
“Hoy sembramos sin saber a cuánto ni a quién vamos a vender. Esa incertidumbre destruye confianza y nos pone en desventaja frente a países donde sí hay subsidios y planeación”, advirtió.
Durante su participación, Esquer contrastó que mientras Estados Unidos actualiza cada cinco años su Ley Agrícola para garantizar rentabilidad a sus productores, en México se mantienen políticas que permiten importaciones masivas y limitan la inversión en producción nacional. En el caso de Sinaloa, este año se produjeron 3.2 millones de toneladas de maíz, pero con precios bajos que comprometen la rentabilidad.
La economista Cristina Ibarra, expuso que el sector agrícola sinaloense atraviesa una contracción sostenida, pues en 2019, las actividades primarias generaban más de 51 mil millones de pesos, pero para 2024 ya se había registrado una caída del 9%. En materia laboral, en 2022 se contabilizaban 92 mil empleos formales en el sector, cifra que ha disminuido significativamente.
Ibarra advirtió que el agua es otro de los problemas estructurales, ya que Sinaloa es uno de los estados que más consume a nivel nacional, pero sin un orden claro en su registro y distribución.
“Estamos frente a un panorama que nos puede regresar veinte años atrás si no se toman decisiones de política pública efectivas”, advirtió.
El representante de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, David Careaga, ofreció un punto de vista humanista durante su intervención, centrándose en el valor de la mano de obra que ofrecen los jornaleros agrícolas.
Careaga resaltó el trabajo realizado por la fundación ProFamilia, programa creado en 2006 para atender a las miles de familias jornaleras que llegan cada año a Sinaloa.
Añadió que anualmente, al estado llegan entre 130 y 140 mil trabajadores agrícolas, y que a través de cinco ejes, los vuales engloban salud, nutrición, educación, deporte y bienestar comunitario, se ha buscado mejorar sus condiciones de vida.
Entre los logros destacó la incorporación de más de 19 mil niños a escuelas regulares, lo que ha permitido reducir significativamente la mano de obra infantil en el campo.
Durante la temporada 2024-2025, ProFamilia atendió a más de 35 mil personas en 91 campos agrícolas, con servicios que incluyen habitación, salud, agua potable y alimentación.
“La responsabilidad social es tan importante como la producción. Muchas veces no se dimensiona el esfuerzo que hacen los agricultores para dar una vida digna a sus trabajadores”, expresó.
En el transcurso de la segunda ronda, participaron Roberto Félix Menchaca, Sergio Álvarez y Juan Habermann.
Los ponentes coincidieron en que el sector debe orientarse hacia la innovación, el valor agregado y la internacionalización. Señalaron que la competitividad mundial requiere certificaciones, diversificación de cultivos y alianzas estratégicas, además de impulsar la agroindustria y el desarrollo de alimentos especializados como vía para mejorar la rentabilidad y abrir nuevos mercados.
El tercer bloque contó con la participación de César Valenzuela y Enrique Riveros, quienes mencionaron que el mayor desafío del sector es lograr que la agricultura sea sostenible y rentable en el largo plazo.
Los ponentes coincidieron en que problemas como los bajos precios, el encarecimiento de insumos, la inseguridad, la escasez y mal uso del agua, así como la competencia desleal y la falta de políticas públicas, obligan a productores y sociedad a asumir la responsabilidad de construir su propio futuro en lugar de esperar soluciones externas.
También destacaron que Sinaloa cuenta con fortalezas como experiencia productiva, infraestructura, clima favorable y liderazgo en volumen y calidad, factores que deben aprovecharse mediante un plan integral.
Al concluir, el conversatorio dejó como eje central la urgencia de transformar la agricultura de Sinaloa hacia un modelo que garantice rentabilidad y autosuficiencia.



