Adrián García Cortés, Herberto Sinagawa Montoya: dos vidas cruzadas

Adrián García Cortés, Herberto Sinagawa Montoya: dos vidas cruzadas

Dos espíritus representativos de la cultura sinaloense, dos biografías intelectuales que escribieron páginas brillantes de la historia y la crónica durante su existencia. Hombres de letras que todavía buscaban una cultura universal, protagonistas de la historia, a quienes preocupó el don del estilo y la técnica, el culto por la palabra precisa, el apego al raciocinio, la intención geométrica de agrupar los incidentes de la anécdota como si fueran caras que concurren para dar forma a un cuerpo. La fuente de cultivar esa singularidad, esa vocación, ese estilo estuvo en el ejercicio del periodismo. Tal y como Gabriel García Márquez y otros escritores, a quien su experiencia en esas lides influyó en su obra literaria y viceversa, también las plumas de Adrián García Cortés y Herberto Sinagawa Montoya sufrieron esa metamorfosis y dejaron su impronta en la narrativa de sus tiempos.

Adrián García Cortés a los trece años entró como aprendiz de tipógrafo en el periódico El Día, en Mazatlán, así nació una de sus grandes pasiones que jamás abandonaría: el periodismo. En Los Mochis, Manuel Moreno lo invitó a trabajar en El Debate. Escoger esa vocación lo llevó a la ciudad de México a perfeccionar el oficio en algunas escuelas y a trabajar en los periódicos La Nación, El Universal, y en algunas revistas nacionales. En los años setenta regresó a Sinaloa y comenzó a escribir en Noroeste y La Hora de Sinaloa.

Herberto Sinagawa hizo su pininos en La Voz de Sinaloa que dirigía Gustavo D. Cañedo, después en El Diario de Culiacán, en Noroeste, y como redactor y director del periódico El Sol de Sinaloa. También incursionó en la radiodifusión en los canales XEB y XENZ, y en la edición de los noticieros del Canal 3 de televisión. Esto lo llevó a decir: “soy fundamentalmente un hombre de palabra escrita, y a lo largo de una vida bastante larga he encontrado en las salas de redacción de los periódicos, el aliento adecuado para ir pensando sobre muchas cosas relevantes que han sucedido y que van a seguir sucediendo en esta tierra tan hermosa”.

Como suele suceder, los conocí primero a través de la lectura de sus escritos, luego en infinidad de charlas interminables que demostraban su cualidad de grandes conversadores. Mi afinidad con ellos fue la historia en general y la crónica que hacían del terruño, había en sus escritos una pasión, una interpretación poética, salpicada del rico anecdotario del pasado, aunque fueron cronistas y hasta cierto punto historiadores sin método, sus escritos profusos han servido como referentes a nuevas narrativas de generaciones sucesivas. Los dos fueron cronistas oficiales del municipio de Culiacán, al formar parte de la burocracia y acercarse a los hombres del poder les causó problemas y fueron anatemizados. Tal vez algún día se escriba la crónica de esa infamia.

Aunque no nacieron en Culiacán (Herberto en Angostura y Adrián en Guamúchi), hicieron de Culiacán su terruño querido, la amaron con pasión, sobre ella escribieron en las páginas de periódicos, en revistas y libros. Como cronistas dejaron un testimonio imprescindible de su historia, del destello de cada día en la ciudad. Les preocupó sobre manera el deterioro de su patrimonio tangible al dejar la ciudad de ser una aldea, sopesaron cómo esas transformaciones afectaron también una vida cotidiana que se fue y alertaron sobre la pérdida de identidad. Hicieron de la escritura un medio para reafirmar nuestros asideros existenciales, los valores que le dan cohesión a nuestras vidas, las señas de identidad, nuestras costumbres y tradiciones, y todo aquello que reafirme nuestras raíces.

Ambos confluyeron en sus últimos años en el ambicioso proyecto del Instituto de la Crónica de Culiacán (el Archivo Municipal), ahí compartieron proyectos editoriales, archivísticos y de promoción del patrimonio cultural de la ciudad. Murieron con las manos sobre la máquina de escribir (o la computadora). Queda como testimonio póstumo la gran cantidad de libros y artículos que escribieron en revistas y periódicos como resultado de su fidelidad a la vocación, del amor al oficio, la autoafirmación valiente que tuvieron como clásicos hombres de letras.

*El autor es el cronista Oficial de Culiacán

Artículo publicado el 14 de julio de 2025 en la edición 14 del suplemento cultural Barco de Papel.

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