La fallida elección del poder judicial en Sinaloa

La fallida elección del poder judicial en Sinaloa

Más allá de si la reforma era lo que se requería para mejorar el sistema judicial en México —eso ya no tiene remedio—, las elecciones del 1 de junio, en sí, fueron un fracaso. Quienes festinan el resultado como un “triunfo histórico” y un “ejemplo de democracia para el mundo”, desde el más humilde de los seguidores de la cuarta transformación hasta la presidenta Claudia Sheinbaum y el ex presidente AMLO, o están equivocados, engañados, enajenados, manipulados, o no tienen límites para el engaño, ni para el pudor, ni para el ridículo.

No veamos otra parte del país. Sinaloa es suficiente. En las principales ciudades, donde buena parte de los reporteros de Ríodoce cubrimos la jornada electoral, observamos cómo dependencias estatales, la Universidad Autónoma de Sinaloa y los sindicatos magisteriales, amenazaron a los empleados con despedirlos si no iban a votar y, además, si no comprobaban que lo habían hecho. Eran amenazas balines porque hasta ahora no se ha sabido que hayan corrido a alguien por no haber acudido a las urnas, porque es evidente que en su mayoría los mandaron por un tubo.

En el Icatsin, los empleados, incluso, recibieron la instrucción de que no solo ellos deberían ir a votar, sino también sus familias, la esposa, los hijos; y tenían que demostrarlo enviando al contacto establecido fotografías con el dedo pulgar marcado con la tinta indeleble. Lo mismo pasó con los maestros estatales afiliados a la Sección 53 del SNTE, a quienes les pidieron lo mismo: ir a votar y comprobarlo.

En la UAS, los empleados de confianza fueron advertidos de que tenían que salir a votar so pena de sufrir las consecuencias. En todos los casos fueron distribuidos los famosos acordeones para inducir el voto en favor de los candidatos que previamente habían sido palomeados y que, al final, fueron los que quedaron como ministros, en el caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (puede inferirse, a pesar de los enredos y el desconocimiento abrumador a la hora de votar, que los favorecidos fueron siempre los que aparecían en los acordeones).

Desde que empezamos la cobertura por la mañana, pudimos registrar la presencia de “observadores”. Algunos decían sin rubor que eran de Morena. No traían colores tintos, ni gafete, ni gorra de la 4T, pero no tenían empacho en decirlo. Su trabajo era anotar el flujo de votantes y reportarlo.

En una de las casillas una mujer de mediana edad estuvo todo el día a 50 metros de distancia observando debajo de una pingüica. Le pregunté qué hacía y me dijo que solo observaba; para quién; para mí; ¿Está dando dinero a los votantes? No ¿Tiene contacto con los votantes? No ¿Alguien le está pagando por esto? No. ¿Cómo se llama? Hortensia.

En el recorrido encontramos otra casilla donde un hombre a distancia anotaba cosas en una libreta. Nos acercamos grabando y preguntamos qué hacía. Nada, dijo. ¿Y qué trae en la libreta? Una lista de uniformes, gorras, playeras, dijo. Soy promotor deportivo. Le pregunté si observaba lo electoral y me dijo que sí. ¿Para quién? Para mí. ¿Y qué anotas? Números, cuántos votan de nueve a diez, y así. Le mostré mi gafete y me fui.

Por la tarde, al cierre de las casillas. Volví a los dos lugares, primero al del “promotor deportivo”, quien ya estaba pegado a la carpa. Ya agarraste confiancita, le dije, ¿cuántos votaron? 31, me dijo. Les pregunté a los funcionarios y me dijeron que 32. Me acerqué al promotor y le dije, “al chile Pedro (al mediodía me había dado su nombre, Pedro N), ¿quién te mandó? No te voy a balconear… se me quedó mirando y me dijo “El Cobaes”. ¿El director del COBAES? No, mi jefe inmediato, trabajo en administración. Voy a decirle una cosa, Ismael. Y me lo dijo con pesar. De los que votaron todos eran de la tercera edad. Solo una muchacha joven porque venía acompañando a una señora. Pues sí, le dije. Y si te fijas, los funcionarios de casilla también son pura gente mayor.

En otra casilla cercana, uno de los funcionarios, el más joven, dijo que cuatro o cinco electores se retiraron sin votar al ver que no había en las boletas nadie conocido. Y que otros anularon las boletas abiertamente porque no entendieron ni papa.

Bola y cadena

EN LA UAS SE HICIERON GRUPOS DE WhatsApp para rolar los acordeones; la instrucción fue que todos los funcionarios debían ir a votar y enviar a esos grupos fotografías georreferenciadas. La amenaza fue que si no lo hacían serían despedidos. Hace solo unos meses miles de universitarios marchaban contra el gobierno estatal para protestar airadamente contra lo que consideraban un atentado contra la autonomía universitaria, pero el acuerdo al que llegaron después está permitiendo que nada cambie en la UAS; que todo siga igual o peor.

Sentido contrario

LA COACCIÓN HA SIDO UNA PRÁCTICA cotidiana en la casa rosalina desde que se instaló el cuenismo. Eres parte del “proyecto” o estás fuera. Y luego, te afilias al PAS o no entras a la UAS. Y esta elección sirvió para demostrar que nada ha cambiado, ahora hasta con la venia del mismo gobierno que quiso “limpiar” la institución. Y para colmo, la ecuación se ha invertido. Si no te sales del PAS, te sales de la UAS. Pronto veremos afiliaciones obligadas de universitarios a Morena para seguir disfrutando de las mieles de ser del “proyecto”, ahora en manos de Jesús Madueña.

Humo negro

EN EL CASO DE LAS SECCIONES sindicales del SNTE, lo reprochable es cómo, al llegar Morena al poder estatal, en vez de combatir los cacicazgos —verdaderas mafias— que tanto daño le han hecho a la educación, se aliaron con ellos, reproduciendo las mismas prácticas que condenaron cuando eran oposición. Fueron ellos los que organizaban las cargadas para votar por el PRI y lo hicieron también por el PAN. Y son ellos los que ahora se sumaron a esta farsa que fue la elección “histórica”, “democrática”, “ejemplar”, del poder judicial. Ah, pero se dicen de izquierda.

Artículo publicado el 08 de junio de 2025 en la edición 1167 del semanario Ríodoce.

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