El realismo mágico de Juan Rulfo: Una ventana al pasado

El realismo mágico de Juan Rulfo: Una ventana al pasado

“Aquí se acaba el camino —le dije—. Ya no me quedan fuerzas para más. Y abrí la boca para que se fuera. Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre que estaba amarrada a mi corazón”. Juan Rulfo. Pedro Páramo.

El realismo mágico es la estética de lo surrealista como algo cotidiano en la rutina de los pueblos latinoamericanos, una fantasía que se mueve en el arte del trajinar diario, de la parroquia, la plaza y los sonidos que persisten en el tiempo. El espacio que nos presenta Juan Rulfo en su obra magna, Pedro Páramo, es Comala, diseñado por el autor, al inicio del libro, como un pueblo fantasma en medio del desierto arropado por la canícula, y que, a partir de ahí, se suelta una historia contada con recuerdos y desde la tumba.

En Comala, los muertos conviven en un pacto secreto, con sus propias reglas, volviendo a resurgir en los apegos que los dejaron atados a un purgatorio eterno, con sus errores, sus pecados, su humanidad más frágil. En Comala los muertos conviven desde la tumba, con la lluvia golpeteando desde afuera, difuntos conscientes de la vida y de los caprichos de la naturaleza, la humana y la inhumana. En Comala, los muertos se mueven de aquí para allá, a veces con una luz que les ilumine la noche, a veces vestidos, a veces desnudos, caminando en la decrepitud del pueblo.

Juan Rulfo, representante principal del realismo mágico en México fue un escritor, guionista y fotógrafo. En este último arte retrata la realidad del México rural, una realidad que parece onírica y que, transformada en palabras, nos trajo dos de las más grandes obras que ha rendido México al mundo: El llano en llamas (donde ya convivía con el realismo mágico en su cuento Luvina) y Pedro Páramo, una historia ocurrida en el contexto de uno de los movimientos civiles más importantes en la historia del país: la Revolución Mexicana, pero contada desde un prisma y un sabor diferentes.

Pedro Páramo sabe a calor y frío, a un suspiro de nostalgia de aquellas voces que se quedaron atoradas en un eco. Es la memoria de la abundancia en medio de la escasez. Las huellas de la nada en el desierto.

En medio de una narrativa fantástica, Juan Rulfo deja claro lo más humano y real de esta vida: el sufrimiento. Un ejemplo de ello es el personaje de Dorotea, la vieja pedigüeña que le consigue mujeres a Miguel, hijo de Pedro Páramo. Marcada por el luto de vivir con la idea de un hijo ficticio, funge como figura materna para el personaje de Juan Preciado cuando este alcanza su destino, compartiendo recuerdos y desconsuelos de la vida.

El autor construye sonidos con las palabras, en una prosa poética con una métrica de silencios, soledad y caminos. Pasa de una estrella junto a la luna a un chaparrón de estrellas fugaces, detalles que predominan en la memoria del lector incluso más que la narrativa de Pedro Páramo, Fulgor Sedano, o los excesos y desarreglos que llevaron a Comala al desastre. Rulfo encuentra belleza en la decrepitud y el infortunio para moverse en un lienzo pintado con precisión e inspiración, a tiempos desiguales y que ha cautivado la imaginación de lectores mexicanos desde la publicación de la obra en 1955.

 

“El tuétano de nuestros huesos convertido en lumbre…”

 

En el ir y devenir de vivos y muertos Susana San Juan, es un enigmático personaje que en vida tenía la mente y el espíritu fuera de la realidad de este mundo, y previo a su muerte ignoró la absolución católica de las siete palabras del padre Rentería para que este la dejara dormir (y cuya voz melancólica es escuchada por Juan Preciado desde la tumba). Susana San Juan, la mujer dormida (una posible referencia al mito del volcán Iztaccíhuatl, del cual Juan Rulfo era un apasionado). Ella era el único ser que le importó a Pedro Páramo, el hacendado que condenó al hambre a Comala cuando el pueblo hizo fiesta en lugar de luto con la muerte de su amada.

El personaje mismo, también llamado Don Pedro, quitó vidas, arrebató tierras, promovió injusticias y compró voluntades con engaños. Aparentemente, es ajeno al toque de realismo mágico a lo largo de la historia, pero son sus anhelos sobre Susana San Juan los que lo despegan de la realidad y es justo en el final donde se vuelve parte de la narrativa fantástica cuando su cuerpo se cae a pedazos como piedras. Con Pedro Páramo, ni su ánima, después de muerto aparece por las calles repletas de murmullos y silencios. En su último respiro es posible que también, en su riqueza robada, haya comprado por adelantado el perdón y un pedazo de cielo.

  • Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UAdeO, donde es docente, además del Cobaes Los Mochis. Becario del diplomado literario del INBA y la UAS en 2018. Promotor del programa nacional El Cine a la Escuela (ECALE), de la SEP. Fue mención Honorífica del Premio Mocorito Enrique Peña Gutiérrez por el cuento Abuelo Dador de Vida, en 2010, obtuvo el segundo Lugar en los Juegos Florales del Magisterio 2015 por el cuento Cielo, Limonada y Tierra, y el tercer lugar en la edición 2017 del mismo certamen por el cuento Uno para Dos.

Artículo publicado el 01 de junio de 2025 en la edición 12 del suplemento cultural Barco de Papel.

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