Ramsés y Ricardo, desaparecidos en Aguaruto hace tres semanas

Ramsés y Ricardo, desaparecidos en Aguaruto hace tres semanas

Los jóvenes fueron vistos por última vez el 28 de abril y hasta el momento no se sabe nada de ellos, testigos señalan a policías en la desaparición

 

La primera noche que desapareció Ramsés su mamá recibió una llamada telefónica durante la madrugada. Del otro lado de la línea se formaba un escenario; los extorsionadores estaban preparados con sus diálogos. Uno desde el fondo se encargaría de gritar y otro hablaría con ella.

Horas antes, Ramsés Bastidas Arreola, de 16 años, y Ricardo Lechuga Verdugo, de 22, habían desaparecido. La última vez que se les vio fue el lunes 28 de abril en la sindicatura de Aguaruto, a pocos kilómetros de Culiacán.

El día estaba planeado: Ricardo tenía que verse con un amigo de la universidad en la Plazuela de Aguaruto para realizar un proyecto. Él no quería ir solo, así que invitó a su amigo Ramsés para que lo acompañara, una vez que terminaran. Ramsés aprovecharía el tiempo para ir a visitar a su novia en Culiacán, ya que los días martes y miércoles se mantenía ocupado; trabajaba junto a Ricardo en una taquería, ambos se encargaban de preparar la tripa, buche, panza y lavar la loza.

La tarde transcurría y los dos amigos no aparecían. Para las 16:25 horas, la mamá de Ricardo comienza a enviarle mensajes y él no contestaba. Su hijo tenía la costumbre de notificarle cuando llegaba de algún lugar o cuando ya estaba ahí, ese día Ricardo terminaría sus pendientes y regresaría hasta su casa para cambiarse de ropa e irse a trabajar.

“Yo pues dije a lo mejor se ha de haber ido de allá de donde andaba con su amigo y se fue a trabajar. Con el amigo a donde iba, entonces. Ya que llega su hermano de la escuela le digo ‘tu hermano no ha llegado de allá de donde fue’ y me dice ‘ama ya es mucho’, le dije ‘¿tienes el teléfono de Ramsés?’ y me dijo que sí, le marca a Ramsés y Ramsés no contestó”, explicó la mamá de Ricardo.

El hermano de Ricardo le llama a su tío para saber si ya se encontraba trabajando en la taquería, él responde, “no, no ha venido para acá”. En ese momento su papá se dirige hasta la Fiscalía General del Estado para levantar una denuncia.

Mientras tanto la mamá de Ramsés se encontraba trabajando. Durante su jornada laboral no podía utilizar su celular, cada que Ramsés se encontraba fuera de casa intentaba mantener la comunicación, en dónde está, con quién y a qué hora regresa. Esa tarde ella le envió mensajes y Ramsés no respondió.

“Le puse un puntito nada más, ahorita me va a devolver la llamada y me va a decir ‘amá se me olvidó avisarte’ o algo, le puse el puntito y ya miré que no le llegaba (…) le marqué y no pues me mandaba a buzón ‘ay dije, este plebe ha de haber apagado el teléfono porque como va con la novia porque ya sabe que le empiezo a marcar; dije yo ha de ver sido por eso, seguro al ratito lo va a prender o algo o se le descargó’”, pensó.

En cada oportunidad sacaba su teléfono, continuaba marcándole y enviándole mensajes, Ramsés ya no respondía. Solo miró en la pantalla de su celular dos llamadas perdidas; eran de la mamá de Ricardo, le regresa la llamada y le explica que “Ricardito” tampoco aparecía.

Plazuela de Aguaruto

El punto de encuentro de los amigos fue en el corazón de Aguaruto, su plazuela. Un espacio verde de 75 por 80 metros donde los habitantes se reúnen; adultos mayores, niños, parejas y familias. La plaza está repleta de largos árboles que cobijan de los rayos solares, suelos cuidados, inmunes a la mugre. En el centro, un pequeño kiosco, descuidado pero funcional.

La plazuela está a 570 metros de la entrada principal de la sindicatura y se ingresa por la carretera que conduce hacía Navolato; es un lugar enérgico, automóviles y camiones pasan cada minuto. Enfrente del lugar, por la calle Camelias, está el edificio de la Sindicatura de Aguaruto y una unidad del DIF, ahí también se estacionan las camionetas de la Policía Municipal.

RICARDO Y RAMSÉS. Sin noticias desde hace tres semanas.

 

Ramsés fue el primero en llegar. Se sentó en una de las bancas blancas que está enfrente de las unidades gubernamentales. En el respaldo de cada una se tienen inscritas las palabras: amor, paz, sé amable, respeto. Él se sentó sobre la tolerancia.

Cuelga el teléfono

La novia de Ramsés relata que él le marcó mientras esperaba la llegada de Ricardo. Estuvieron todo el rato hablando por teléfono. De pronto escuchó como un hombre se acercó a Ramsés y le dijo “muchacho, cuelga el teléfono por favor”; la llamada se corta y el deja de contestar.

“Todos los mensajes que yo le estuve mandando aparecen como leídos pero como que él no me podía contestar, nada más aparecen en visto (…), ya no tuvo respuesta de él, ya no supo nada”, citó la mamá de Ramsés.

La ubicación que envió previamente a su novia sirvió para cerciorase de que los dos amigos sí estuvieron en el lugar. Ambas madres se dirigieron a la plazuela y comenzaron a recabar datos de las personas que estuvieron alrededor: todo coincidía.

Los testigos señalaron presuntamente la participación de elementos de la Policía Municipal en la desaparición de los dos amigos. Ambos habrían sido abordados por ellos, los revisaron y subieron a una de las patrullas.

“Era un muchacho de camisa blanca (Ramsés) que primero se lo llevan a él, duró rato hablando por teléfono y luego llega este otro muchacho de playera azul (Ricardo) y también se lo llevan, le abren la mochila y nada más la cierran y lo suben”, contaron los testigos a las madres.

Hasta el momento la fiscalía solo ha respondido que continúan investigando, no hay más datos. Se desconoce el número de placas y la cantidad de elementos que habrían participado en la desaparición.

La fiscal Claudia Zulema Sánchez fue abordada el 5 de mayo en la Novena Zona Militar en Culiacán por medios de comunicación y la cuestionaron sobre la desaparición de los jóvenes. Ella respondió que aún no se confirma que Ramsés y Ricardo realmente hayan sido “levantados” por los elementos.

“Comenta esa parte, sin embargo, no se lo puedo confirmar en este momento. Se está trabajando, la Policía de Investigación está en comunicación con los familiares”.

La llamada

De fondo se escuchaba que uno de ellos gritaba: “¡Hey, sácalo del baño!”, “¡Dales agua!”, “¡No les hagas nada!”. Jugaban con la mamá de Ramsés. La llamada duró más de una hora, exigían dinero, le decían que tenían a su hijo y que se lo entregarían.

“Si te lo vamos a enseñar, pero ocupamos que nos des algo de dinero”, le decían.

En su desespero, dio lo único que tenía en su cuenta bancaria, mil 500 pesos. Hizo la transferencia pero fue insuficiente. Le dieron otro número bancario, querían otros 5 mil pesos, solamente para mostrarle a Ramsés.

“Ya le digo yo que no tengo el modo de conseguir más ni nada y ya me dice que no que te vamos a colgar y sal con los vecinos o con quien sea que consiga esa cantidad dinero y que no sé que tanto y ya pues haga de cuenta que me colgaron y me dijo mi esposo ‘no quería prohibirte’ me dijo porque yo sé que si dos millones tuvieras, dos millones les hubieras dado’”.

Artículo publicado el 11 de mayo de 2025 en la edición 1163 del semanario Ríodoce.

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