Navachiste: Festival que nació del sueño de un hombre enamorado de la Bahía

Navachiste: Festival que nació del sueño de un hombre enamorado de la Bahía

Con tres décadas de historia, el Festival Internacional de las Artes de Navachiste (FIAN) resiste el paso del tiempo y las adversidades con un legado profundamente arraigado en la comunidad que año con año se reúne en la bahía para participar en los distintos encuentros artísticos. Este 2025, la edición se tiñe de homenaje tras la partida de Antonio Coronado, uno de sus principales fundadores, pero también celebra la fuerza colectiva de un festival que ha sobrevivido a pandemias, recortes y a la muerte misma.

La trigésima edición del FIAN se extendió desde el día 13 de abril hasta el 20 del mismo mes, donde por primera vez el nuevo municipio de Juan José Ríos, antes sindicatura de Guasave, fungió como sede inaugural, lo cual, según Tania Coronado Castro, presidenta del comité organizador, fue un nuevo reto, pero que se terminó construyendo con esfuerzo colectivo entre comunidad y gobierno, tanto estatal como municipal.

“Este año fue un poco más complicado por el proceso de adaptación del nuevo municipio… Entendemos que por la falta de recursos, nos apoyan con lo que pueden, y aunque no contemos con tantos recursos como en ediciones anteriores, el trabajo avanzó y la esencia del festival, esa que mi papá siempre quiso preservar, sigue intacta”, señaló Coronado Castro.

El festival no solo ha trascendido como un evento cultural, sino que se ha convertido en un espacio de encuentro y pertenencia. “Este no es un festival que se promocione tanto, porque queremos preservar la bahía y la esencia del festival”, dijo Tania Coronado, quien asumió la dirección del evento tras la muerte de su padre, el fundador. La comunidad de Navachiste se ha caracterizado por su ambiente de apoyo mutuo, donde todos comparten, acampan y participan activamente en el evento, creando un lazo que va más allá del arte.

“Este Navachiste fue diferente. Fue un homenaje y un recordatorio de lo que nos dejó”, añadió Tania. Aunque el evento fue cargado de emociones, la esencia de la poesía y la cultura continuó viva en la memoria del fundador. La edición de este año no solo celebró tres décadas de historia, sino que también rindió homenaje a la visión de un hombre que, a pesar de los obstáculos, logró hacer del festival un evento único, “un refugio de comunidad”, como lo describe su hija.

La importancia de preservar la Bahía de Navachiste también fue un tema recurrente durante el evento. “Aquí no nos gustaría que hubiera camino ni nada, porque se perdería la esencia del festival”, expresó Tania, quien subrayó que, a pesar de las dificultades, el lugar ha logrado mantenerse limpio y libre de las huellas del turismo masivo.

 

El festival, que comenzó en 1991 con una pequeña reunión de poetas y amigos del fundador, y que en 1995 se hizo el primer festival en forma; ha crecido considerablemente, pero siempre con un enfoque en la preservación de su autenticidad. “Mi papá quería que la gente conociera esta maravilla de bahía que hay en Sinaloa”, recordó Tania, refiriéndose al primer evento realizado en la bahía de Navachiste.

En esta edición, debido a la falta de un ganador al premio Interamericano de Poesía Navachiste Jóvenes Creadores, el festival presentó una recopilación de escritos bajo el nombre “Navachiste o el blues de los que jejenes”, una obra que rinde tributo al legado literario de Antonio Coronado.

Navachiste: el arte como territorio común.

En el marco de la edición número 30 del Festival Internacional de las Artes Navachiste, el espíritu creativo se desbordó en una serie de actividades que pusieron en primer plano a la poesía, la pintura y el cine documental.

El poeta Luis Gastélum presentó su obra “En un mar en el que no se nada, en el que no sé nada” el pasado 16 de abril en el auditorio Raúl Cervantes Ahumada, una propuesta que invita a sumergirse en las aguas profundas del lenguaje y la incertidumbre.

Por otro lado, Luis Alberto Castillo creador del proyecto “Ojos de perro vs la impunidad”, introdujo la mirada crítica a través del documental “Este Arte que Abraza”, los días 15, 16 y 17 de abril en la sala Celia Cortés.

La pintura también tuvo un espacio con “Navachiste In Situ”, un taller impartido por Eduardo Sánchez, quien compartió sus conocimientos a niños y adultos los días 14 y 16 de abril en la misma sala audiovisual. Los participantes tuvieron la oportunidad de descubrir su propio estilo mientras capturaban la esencia del lugar a través de una mirada directa al entorno.

Estas actividades fueron impulsadas por el Instituto Sinaloense de Cultura y la Fundación Cultural Navachiste, reafirmando que este festival continúa siendo un faro de arte e identidad en el noroeste del país.

En otro rincón, discreto pero lleno de fuerza visual, el pintor y periodista Eduardo Sánchez presenta una exposición íntima y entrañable, conformada por una serie de fotografías intervenidas físicamente, no desde el plano digital, sino con cloro, cinta y materiales que permiten al pasado resurgir bajo una nueva piel. La muestra no solo apela a lo visual, sino también a la memoria, a la amistad y al duelo transformado en arte.

Entre los muros cuelgan imágenes donde el tiempo se ha detenido para ser reconfigurado. Sánchez ha utilizado técnicas mixtas, como grabado, collage, transfer y cloro, para resignificar momentos compartidos con su compadre, el también periodista y fotógrafo profesional Guillermo Macías.

Alimentarse juntos también es parte del festival.

La alimentación, uno de los pilares del campamento, se mantiene con una cuota simbólica de 1,200 pesos por persona durante toda la semana, lo que equivale a 60 pesos por comida, quien paga por el alimento también es libre de integrarse al comedor comunitario de la isla, mesa en la que todos conviven.

Esto es posible gracias al apoyo de productores locales que, año con año, donan lo necesario: camarón de las granjas acuícolas, frijol y garbanzo de Corerepe, harina del Molino Villafañe, productos de los pescadores de la región, y hasta papa, chile y ejotes proporcionados por el Banco de Alimentos de Los Mochis. “Aquí nadie se preocupa por traer comida o agua, porque este festival se hace con cariño y con ayuda de todos”, explica Tania Coronado.

Navachiste, con su combinación de arte, naturaleza y comunidad, sigue siendo un refugio cultural que no solo celebra la poesía, sino también el espíritu de resistencia y pertenencia que su fundador soñó al crear este evento hace tres décadas

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