“Rechazar la vida y el mundo
para rechazar la violencia es una imposibilidad.”
“Luz e hilo”. Discurso de H. K. al recibir el Nobel
Recibí la invitación a escribir una nota sobre Han Kang, surcoreana, Premio Nobel de Literatura 2024. En las notas de prensa que había leído sobre su obra, el motivo reiterado del premio era: “Por su intensa prosa poética que confronta traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana.” Llamé a un amigo escritor para comentar el tema: “Dicen que es prosa poética”, fue lo primero que me dijo; pero nada excepcional para él. “Leí La vegetariana”, tan, tan; no comentó más. Había leído un texto de Élmer Mendoza sobre La clase de griego, desde el título, “La genialidad de Han Kang”, con una apreciación muy distante de la anterior. La mayor parte de la prensa recomendaba Imposible decir adiós, su última obra, colocando grandes párrafos del texto de la autora, con anotaciones como: donde Kang rezuma su intensidad y sensibilidad literarias superándose a sí misma.
Saturada de lecturas como me encuentro por mis estudios, había pensado negarme; algo me llevó a aceptar; decidí sumergirme de lleno en su literatura tanto tiempo postergada. Elegí leer las tres obras mencionadas; comencé por la última, obra en la que se pone el acento en este texto. Sinceramente al iniciar la lectura de la novela sentí desilusión. Una prosa cotidiana, en efecto, nada excepcional, pensé. Continúe mi lectura: “Un cuerpo que desea vivir. Un cuerpo hendido y cortado. Un cuerpo que se escabulle, se abraza y se aferra. Un cuerpo que se arrodilla. Un cuerpo que ruega. Un cuerpo del que no para de supurar algo como sangre, pus o lágrimas”. Me conmovió su descripción de cómo nos aferramos a la vida a pesar de la violencia que nos infringe e infringen, vivencia particularmente intensa en estos días de vidas cercenadas envueltas en la sombra; recordatorio permanente de la herida familiar en nuestro suelo.
La historia gira en torno a tres personajes femeninos, una escritora, una documentalista y de una madre huérfana de la guerra en la isla Jeju donde fue eliminada gran parte de la población en 1948. La nieve, el frío es la atmósfera y el tema de la novela: vidas arrebatadas, cadáveres perdidos. La lectura exige cierta concentración porque la narrativa está estructurada (¿en hexágonos como los copos de nieve?), por múltiples visiones que convergen en la paradoja de la existencia: el rechazo y el anhelo de seguir a pesar de todo en este mundo nuestro.
El tratamiento kangiano de la violencia en Imposible decir adiós es delicado, profundiza en la memoria del dolor social, en lo que queda después de los actos atroces: vidas deshechas, arenas movedizas donde no se distingue lo real de lo irreal. La autora nos lleva a una toma de consciencia muy cercana a lo real experimentado por las familias cortadas por la violencia: “Ya no me sorprendía nada de lo que un ser humano podía hacerle a otro ser humano… Algo se desgarró en lo más hondo de mi corazón, pero la sangre que se escapaba de ese hueco no era roja ni manaba a borbotones; lo único capaz de aliviar el dolor de esa herida palpitante parecía ser la resignación…”.
Han Kang en su discurso de recepción del premio habla de la parte medular de su proceso creativo que consiste en preguntas acerca de la existencia: “Mientras escribía mi tercera novela, La vegetariana, entre 2003 y 2005, me rondaban por la cabeza algunas preguntas dolorosas: ¿Puede una persona llegar a ser completamente inocente? ¿Hasta qué punto podemos rechazar la violencia? ¿Qué le sucede a quien se niega a pertenecer a la especie llamada humana?”. La protagonista Yeong-hye, se vuelve vegetariana porque rechaza la violencia hacia los animales; después rechaza la comida; solo acepta el agua porque cree haberse convertido en una planta. “Rechazar la vida y el mundo para rechazar la violencia es una imposibilidad […] ¿Cómo seguimos adelante entonces?”, dice la escritora Nobel. Yeong-hye va en sentido inverso a la cultura y a la propia naturaleza. Las cuestiones planteadas por Han Kang, se vuelven un imperativo de reflexión en múltiples dimensiones: social, cultural, individual, política, ética, etc.; nos hacen volver a la literatura como fuente de reconocimiento de nuestra realidad más abismal. Cierta posibilidad ante la imposibilidad de ser humano se abre en La clase de griego donde la escritora busca responder si: “¿podría ser que, al observar los aspectos más suaves de la humanidad, al acariciar la calidez irrefutable que reside allí, podamos seguir viviendo después de todo en este mundo breve y violento?”.
*La autora Laura Beatriz Verdugo Montoya es Lic. en Lengua y Literatura Hispánicas, Maestra en Historia, investigadora, conferencista, editora, proyectista y promotora cultural. Correo: [email protected]
Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 10 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






