Todo empezó en la pandemia, etapa que marcó un antes y un después en nuestras vidas. En este caso, personas que ya tenían una carrera o que habían tomado por un camino diferente —amas de casa, ingenieros, maestros, veterinario— destinaron ese tiempo de encierro a hacer algo que siempre habían querido: escribir. El momento era adecuado, pues en unos meses se dio un “boom” de talleres virtuales que permitieron que la gente pudiera combinar el home office con la literatura.
Este fue el caso de Laboratorio para Narradores, el cual, desde el primer día de cuarentena, se convirtió en un taller virtual coordinado por nosotros dos. Ahí conocimos a estos narradores sinaloenses que, desde entonces, no han dejado de escribir y de trabajar sus textos. Cada quien con una forma particular de ver el mundo, de entenderlo y de representarlo. Ya sea en México o en el extranjero, todos tienen un origen en común: Sinaloa.
Empezaré con Amialba García Altamirano, narradora mazatleca, afincada en una cabaña en la sierra de Durango. Sus temáticas van de la violencia más cruel a la más sutil, aquella que se desarrolla en la intimidad de la casa. Que puede venir desde la pareja e incluso de una madre que piensa que hace lo correcto por defender a los suyos. Amialba tiene una prosa contundente que hace que, hasta el más estricto de los lectores, se sienta afectado por el destino de sus personajes. Ahorita se encuentra afinando los últimos detalles de su libro de cuentos y uno de ellos, Sin retorno, fue publicado en el portal Phantasma.
Hablando de conflictos domésticos, Beatriz Acosta Bueno descubrió que el terreno en el que se sentía cómoda eran los espacios íntimos en donde las parejas experimentaban roces de todo tipo. Hay que mencionar que es una narradora con un lente especial para leer más allá de lo evidente de la vida cotidiana, al puro estilo de Milan Kundera o bien, del norteamericano Raymond Carver. Al mismo tiempo que afina su primer libro de cuentos, escribe reseñas literarias desde la cuenta de Instagram: Betilla_books.
Por otro lado, uno más oscuro, en donde el terror y la fantasía se mezclan, encontramos a César Bañuelos, quien se apoya en la realidad como fuente originaria de sucesos inexplicables y que, además, explora, con elementos mitológicos, la violenta naturaleza latinoamericana. Bañuelos ha publicado cuentos en las antologías: Miscelánea de atrocidades, Los sueños del cuervo, Las fauces del olvido y El futuro en cien palabras, así como su primer libro de cuentos, Paraíso mórbido (editorial Alas de Cuervo). También ganó el Premio del Segundo Festival del Horror en las Artes con el cuento Por quién ladra la noche y obtuvo una mención honorífica en el Segundo Certamen internacional de Cuentos de Terror Latinoamericano de la editorial Alas de Cuervo.

Otro autor al que no hay que perder de vista es Jorge Alberto Avendaño, quien acaba de publicar su primer libro de cuentos: Bajo la sombra de las amapas (Editorial UAS), en el que el autor narra la violencia que se vive en los pueblos del noroeste de México desde la perspectiva de personajes femeninos y masculinos, todos sobrevivientes y, muchas veces, marginados y condenados a no escapar de su destino. En palabras de Jorge, se trata más bien de un “Noir de rancho”, pues sus personajes se sumergen en un tejido social pueblerino que se desquebraja cada vez más. Además de este primer libro, ha publicado en revistas como Vuelo de jaguar, Timonel, El septentrión, entre otras.
Pero, como les adelanté, estos escritores no solo escriben desde tierras sinaloenses, sino también desde Estados Unidos. Se trata de Fausto Sotelo y Michelle Peña. Fausto Sotelo vive en Laredo, Texas y déjenme decirles que es un narrador nato. Llegó para recordarnos cómo eran los años 80 en Culiacán, sin desatender el conflicto y sin olvidarse que lo importante es contar una buena historia. Con una prosa ágil, en la que juega con las frases largas, nos lleva de la mano por las fiestas juveniles, las aventuras de oficina y las decepciones de los ídolos de la infancia; en una ciudad que ya no existe, pero que podría estar en cualquier parte. Su cuento Hijo pródigo, fue aceptado para publicación en la antología Cuento Mexicano, el cual se publicará en marzo del 2025.
Por su parte, Michelle Peña vive entre Washington, D. C. y Houston, Texas. Explora, entre otros temas, la agitada forma de vida en la frontera y sus consecuencias en el núcleo familiar de forma hábil. Sus personajes, madres solteras que tienen que cruzar la frontera para ir a trabajar día tras día, niñas con mononucleosis que se enfrentan por primera vez a las dificultades de la vida y ancianas que crían tigres. La autora nos lleva de la risa a la compasión para después levantarnos del suelo y, en la nota más alta y tensa, dejarnos caer en la más absoluta de las nostalgias. Su cuento Principessa, fue publicado en la antología Extrañamientos, coordinada por Elma Correa. Y En cámara lenta aparecerá en el 2025 en una antología de la Universidad de Nuevo México.
Tanto Fausto como Michelle estuvieron como escritores invitados en el XII Encuentro de Escritores Letras en la Frontera, de la UNAM San Antonio. Todos ellos han aprendido a ver la escritura como un oficio y a trabajar duro por tener una obra con la cual se sientan conformes. Vale la pena seguirles la pista.
Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 7 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






