Niveles de violencia en Sinaloa, por falta de estrategia

Niveles de violencia en Sinaloa, por falta de estrategia

Mike Vigil, ex agente de la DEA, señala que el gobierno debe implementar medidas para detectar a objetivos prioritarios para frenar inseguridad

 

A simple vista Culiacán parece territorio blindado. Con frecuentes recorridos de convoyes militares y policiales que, en teoría, dan mayor seguridad a la población. La realidad, sin embargo, revela una capital sinaloense sin control, donde nadie parece estar a salvo.

Ese nivel de violencia registra más de 555 asesinatos y 695 personas desaparecidas a casi 100 días de iniciar la guerra entre Chapos y Mayos, lo cual muestra incapacidad por parte de los tres niveles de gobierno para dar seguridad a la ciudadanía y una falta de estrategia, consideraron analistas, pues aun cuando miles de elementos de Sedena y Guardia Nacional han llegado a Sinaloa para contener la violencia, el número de víctimas crece día a día.

“Pueden mandar a 50 mil elementos a patrullar las calles de Culiacán, pero eso no va a detener la violencia, pues lo único que verdaderamente va a calmar esto es cuando las autoridades, no solo manden a sus agentes equipados con armas de fuego, sino con un sistema de inteligencia que verdaderamente desarticule a esos grupos criminales”, dijo Mike Vigil, ex agente de la DEA, y quien durante más de 10 años estuvo a cargo de labores de inteligencia en contra de los cárteles de la droga.

De acuerdo a declaraciones de Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, ella no iniciará otra guerra contra el narco, sino que se valdrá de un sistema de prevención e inteligencia para evitar que la sangre se siga derramando en Sinaloa y el resto del país.

“Seguimos creyendo en la máxima de que la seguridad y la paz son fruto de la justicia; justicia social pero también un sistema de justicia que funcione y proteja a la población”, dijo Sheinbaum durante una de las conferencias en Palacio Nacional.

Personas consultadas que trabajan para las facciones afiliadas al Cártel de Sinaloa, las células de sicarios que patrullan en la ciudad no actúan ni ejecutan a un enemigo cuando hay soldados ni Marina cerca del lugar, sino que esperan a que se vayan y estén lejos, y entonces accionan sus armas, pues la orden es, o levantar a un objetivo o liquidarlo en la primera oportunidad.

“La plebada como trabaja es que ubican (a la persona) por quien van, y si lo necesitan vivo, vivo se lo llevan, pero si la orden es ejecutarlo, en la primera oportunidad lo matan, pero no lo van a hacer enfrente de gobierno”, dijo la persona entrevistada.

Esa forma de operar habría sido accionada durante la ejecución de Kelvin Aldair, de 19 años, quien el viernes pasado viajaba en su motocicleta junto con otro acompañante. De acuerdo a versiones de personas que estaban cerca del lugar, ambos jóvenes viajaban por la avenida Revolución, en la colonia Emiliano Zapata, cuando un vehículo les cerró el paso al llegar a la calle Plan de Ayala, y entonces les dispararon en ráfaga de metralleta.

Los impactos de bala dieron en Kelvin. Se desconoce si él era quien conducía, lo que sí se estableció es que la moto perdió el control y se derrapó en el pavimiento. Y mientras el cuerpo de Kelvin quedaba cruzado en el camellón, el otro acompañante se incorporaba para recoger la moto y huir de sus perseguidores.

Durante los disparos, una bala impactó a un despachador de cerveza que atendía un expendió localizado en una de las esquinas de la intersección. El hombre, de 50 años identificado como don Jesús, cayó de espaldas ante el impacto. Su cuerpo sin vida quedó boca arriba, en medio de un charco de sangre: el balazo lo había impactado a la altura del corazón.

Un par de horas más tarde, ya con el área acordonada con cinta amarilla, un hombre llegó desesperado al lugar del homicidio. Quiso entrar al expendio, pero no lo dejaron. Parecía desorientado por la situación. Hasta que otro joven hombre de algunos 45 años, que había llegado antes que él, le confirmó que se trataba de un familiar de él.

Cuando se le preguntó por la relación que tenía con el despachador de cerveza, el hombre se volvió en todas direcciones, y con una voz apagada, dijo: “Era mi hermano”, y entonces su voz se quebró hasta llenarse de un profundo silencio.

Una noche antes, en la colonia Laureles Pinos, el conflicto entre Chapos y Mayos dejó otras dos víctimas colaterales, en esa ocasión fueron dos mujeres, una de ellas, la dueña de una taquería, y la otra una comensal que vivía en la zona. Durante el día, igual que en el resto de Culiacán, los convoyes de militares y policías, siguen patrullando la zona. Pero la inseguridad no merma.

Sheinbaum Pardo sin embargo, insiste que sí existe una estrategia de seguridad, según el reporte hecho por su gabinete y dado a conocer en meses pasados, y que se basa en puntos como “análisis a las causas”, “consolidación de la Guardia Nacional”, “fortalecimiento de Inteligencia e Investigación”, y una “mayor coordinación entre su gabinete se seguridad”.

En un documento elaborado por el organismo no gubernamental llamado México Unido Contra la Delincuencia, crítica la estrategia al señalarlas que carece de una planeación sobre cómo aterrizar esos tres objetivos.

“Adicionalmente falta un mapa sobre la presencia de distintas organizaciones criminales en distintos estados del país, y la promesa de crear un Gabinete de Seguridad Alterno integrado por la UIF, el SAT, Pemex Logística y otras instituciones, que presuntamente se encargaría de la atención al financiamiento ilícito y el lavado de dinero; la implementación de recompensas por detener a ciertos objetivos tampoco está”, señala el documento.

Vigil por su parte insistió que se requiere una estrategia que evite que el daño colateral siga ocurriendo, y un sistema de inteligencia al menos permitiría identificar a objetivos prioritarios para debilitar a ambas facciones, incluyendo a los operadores y coordinadores, dónde viven, tipo de vehículos que usan, identificar domicilios y catearlos para encontrar información que les permita desarticular una o ambas facciones.

“El gobierno sin duda tiene la tecnología para interceptar llamadas telefónicas, y valerse de una red de informantes para que ellos, a su vez, den más información a la Guardia Nacional o a las fiscalías, pero mientras no ocurra eso, el problema va a seguir”, observó el analista.

En tanto, la gente en Culiacán sigue viviendo una psicosis inédita, y hay familias enteras que han preferido irse del estado de Sinaloa por temor a ser víctimas colaterales de la violencia.

“Yo quisiera irme de aquí… Pero a dónde. Ya me mataron a mi hijo, y ya la vida no tiene razón”, dijo don Alfonso, quien vende cocos en la calle y es padre de Kelvin Aldair, el joven motociclista ultimado en la colonia Emiliano Zapata.

Arribos de elementos castrenses a Sinaloa

 

El 19 de agosto de 2024, casi un mes después de la detención de Ismael el Mayo Zambada, llegaron 600 militares a Sinaloa.

El 20 de septiembre, el gobierno federal volvió a enviar otros 600 elementos del ejército, a tratar de contener la violencia.

El 25 de septiembre, los recién llegados encuartelaron a los municipales para hacer una revisión del armamento que entonces tenían.

El 26 de septiembre, otros 200 militares llegaron a Culiacán para fortalecer los recorridos de prevención que dejó de hacer la policía municipal.

El 10 de octubre, llegaron 100 militares más.

El 14 de octubre, llegaron 250 elementos.

El 23 de octubre, llegaron 300 militares más.

Artículo publicado el 15 de diciembre de 2024 en la edición 1142 del semanario Ríodoce.

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