De la Zona Dorada al Centro de Mazatlán, ‘puras pérdidas’

De la Zona Dorada al Centro de Mazatlán, ‘puras pérdidas’

Mazatlán, la “Joya” de Sinaloa que cacareó el gobernador Rubén Rocha Moya en su intervención en la “Toma de Protesta Ciudadana” de la alcaldesa Estrella Palacios, se opaca ante la escasez de clientes.

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Y no es para menos, a la racha de baja afluencia que empezó a registrarse desde septiembre pasado, se le sumó la alerta que lanzó Estados Unidos y Canadá a los turistas para recomendar que no viajen a Culiacán ni a Mazatlán.

El mayor impacto negativo recaería sobre el puerto, toda vez que la temporada otoño-invierno es de las más esperadas por el arribo de los canadienses y estadounidenses que salen de sus ciudades para disfrutar del clima cálido.

El efecto ya es notorio, la vida nocturna baja cortinas temprano tanto por seguridad como por lo incosteable que resulta mantenerla abierta con el horario habitual, pues los clientes brillan por su ausencia.

Desde la Zona Dorada hasta el Centro, y puntos intermedios, han resentido la falta de ventas.

En el caso de la franquicia Burger King, ubicada por la avenida Camarón Sábalo, la subgerente Sarahí Jiménez, explica que anteriormente cerraban a las 11:00 de la noche para que el personal saliera a las 12:00, ahora se cierra a las 9:00 al público, los trabajadores tienen una hora para limpiar y salir a las 10:00.

El motivo, explica, es por seguridad y porque no hay ventas.

El pasado domingo 27, la persecución y homicidio por parte de un grupo armado a un militar en retiro, quien laboraba como jefe de escoltas de un empresario inmobiliario en el libramiento II, Óscar Pérez Escobosa, del fraccionamiento Real del Valle, en Mazatlán, causó pánico en la población.

“Una, pues por la seguridad de los muchachos, y la otra es también por la venta, no tenía caso tener el restaurante abierto cuando ya de esa hora en adelante no hay venta”, menciona.

Siendo un punto de venta importante, con ubicación estratégica a la que tienen acceso alumnos de un colegio cercano, turistas nacionales y extranjeros, en su peor día ha vendido solo 25 mil pesos.

Pero el servicio es para llevar mencionó, el que se envía a través de plataformas, porque la gente no quiere salir.

COMERCIOS. Golpeados por la inseguridad.

Otro aspecto en el que se vio afectado este popular restaurante es en la cancelación de eventos, pues el salón donde se organizaban fiestas infantiles, hoy luce vacío.

Destacó que la llegada de cruceristas es notoria porque las ventas suben, pero así como sube, baja los fines de semana.

“Desde temprano es bien sabido que hay crucero porque hay gente desde temprano, vienen a los desayunos”, mencionó.

“Incluso también el horario no se movió tanto de la mañana (…) abríamos a las 7:00 de la mañana, ahora abrimos a las 9:00”.

“Está muy feo esto, oiga… está muerto”

En el otro extremo de la ciudad, en el Centro Histórico, en las afueras del legendario mercado José María Pino Suárez, no cantan mal las rancheras. Ahí se observa baja afluencia de clientes.

Uno de los taqueros no quiso dar su nombre, pero sí describir cómo es su día a día desde que se desató la guerra en Culiacán entre grupos delincuenciales, con ejecuciones, bloqueos de carreteras tanto en la Mazatlán-Durango como en la Mazatán-Culiacán. Todo cuenta y todo impacta directa e indirectamente en la actividad económica de la ciudad.

“Ojalá que nos ayudaran como a los comerciantes de Culiacán, que les dieron 5 mil pesos”, dice.

“Está muy feo esto, no sale”, insiste.

Aunque hace el esfuerzo por instalarse todos los días con su carreta, la semana pasada no pudo hacerlo por falta de dinero para invertir en los insumos, además debe pagarle al ayudante y a la pulmonía que lo lleva ida y vuelta a su casa.

El derecho de piso que paga al Ayuntamiento a través de Oficialía Mayor es otro gasto que no falla, porque todos los días le llegan con el recibo, y hay que pagar los 80 pesos.

Sus tacos no son atractivos para los turistas extranjeros, pero sí para los nacionales y los locales, “nomás pasan (de largo) los gringos, está cada vez peor esto, ese chavalo tampoco vende nada, la otra vez… creo que fue un lunes, eran las 12:00 y nada más 20 pesos de una tostada había vendido”.

“Yo he vendido apenas 300 pesos. Ahorita nada más vendo esto y ya me voy a ir”.

El taquero no ve la luz al final del túnel, ni tiene idea de cuando se “componga” la situación, lo que sí tiene claro es que cada vez que requiere atención médica y medicinas, hay que sacar el poco dinero que tiene ahorrado para solventar esos gastos. Después, quien sabe como le hará para reponerlos.

Artículo publicado el 03 de octubre de 2024 en la edición 1136 del semanario Ríodoce.

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