Un informe de Salud Federal señala que la entidad se encuentra entre las que tienen un mayor consumo de la droga sintética
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Sinaloa se encuentra entre los estados de mayor consumo de fentanilo junto con Baja California, Chihuahua y Sonora.
El Informe Sobre la Demanda y Oferta del Fentanilo, de la Secretaría de Salud federal, indica que México ha transitado de ser un país de paso, a ser uno donde se está gestando el consumo, principalmente en la frontera.
Los cuatro estados con mayor consumo, además, son donde se han efectuado los mayores decomisos.
El documento señala que los antecedentes del consumo de fentanilo comprenden de 2013 a 2017, periodo en el que ocasionalmente se recibían casos de consumidores en los centros de tratamiento, y a partir de 2018 el número de casos creció constantemente, contándose en decenas hasta 2020 y en centenas desde 2021.
Estos casos se han concentrado primordialmente en entidades del norte del país como Baja California, Chihuahua, Sinaloa y Sonora, señala.
Entre 2013 y 2017, menciona, 14 personas recibieron tratamiento contra la adicción y para 2021 fueron 184, en 2022 sumaron 333 y en 2023 fueron 430.
Detalla que de junio de 2023 a enero de 2024 por intoxicación de fentanilo en las salas de urgencias de Baja California atendieron a siete personas, en Sinaloa a seis y en Sonora a dos.
El estudio señala que hasta el momento son insuficientes los datos objetivos sobre las defunciones por consumo de fentanilo en México, por lo que el número de muertes por sobredosis podría estar infravalorado.
El documento muestra estadísticas de fallecimientos por consumo de opioides que tienen una tendencia al alza desde 2017 y en las que, considera, pudiera estar involucrado el fentanilo.
Desde 2014 en el país han muerto 114 personas por sobredosis de opioides principalmente en Baja California con 28 casos, Chihuahua con 22 casos y Sonora con 38 casos; mientras que en Sinaloa fueron cuatro.
La SS señala que desde 2017 identificaron los primeros casos de consumo, a través de narraciones del uso de una sustancia denominada China White, la cual se creía era heroína posiblemente combinada con fentanilo, y ante estas primeras referencias, el uso de esta sustancia psicoactiva se ha estudiado con el objetivo de evaluar de mejor manera el impacto en la salud de quienes la consumen.
Muchas muertes han sido atribuidas al uso de fentanilo ilícito, cuya potencia extrema y capacidad para ser producido en muy corto tiempo han contribuido a preocupaciones significativas en relación con su abuso y tráfico ilegal en el norte de la región, menciona.
Detalla que, de acuerdo con el Esfuerzo Nacional en el Combate al Narcotráfico y Actividades de Seguridad Pública, los principales estados en los que se ha decomisado fentanilo son Baja California, Baja California Sur, Chiapas, Chihuahua, Coahuila, Durango, Jalisco, San Luis Potosí, Sinaloa y Sonora; la mayoría de ellos se encuentran en la frontera norte, a excepción de Chiapas que se encuentra en la frontera sur.
Estos decomisos muestran las posibles rutas que sigue el tráfico de fentanilo en México, una que recorre el Pacífico de México y que además involucra a la península de Baja California, y otra que posiblemente corre desde el centro del país, todas con dirección hacia los Estados Unidos, indica.
El informe considera que el tráfico ilícito de fentanilo ha resultado un negocio muy atractivo y lucrativo, ya que los cárteles no requieren de tierras, de trabajadores que cuiden de plantíos o esperar los tiempos de cultivo, y la inversión económica suele ser mucho más baja y las ganancias mucho más altas.
“Esta incursión se ha dado en un contexto marcado por cambios continuos en la delincuencia organizada de México, en la que existe mayor competencia entre los grupos que se disputan territorios de trasiego y plazas, generando entornos cada vez más violentos. Los principales conflictos en territorio nacional se dan entre el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa, quienes mantienen la disputa de las rutas de distribución de fentanilo hacia los Estados Unidos”, señala.
Menciona que las principales estrategias para enfrentar el consumo, la producción y el tráfico de fentanilo se centran en los ámbitos de la salud y la seguridad pública y reconoce que es fundamental ampliar la respuesta nacional en torno a la investigación del fenómeno, con la finalidad de que las políticas y programas de prevención, tratamiento y reducción de daños estén sustentadas en evidencia científica.
Uno de los retos actuales más importantes consiste en que la información con la que se cuenta en los sistemas de salud, gira en torno a categorías generales, como la de los opioides, y aún es difícil diferenciar aquellos datos que corresponden específicamente al uso de fentanilo.
Detalla que es necesario impulsar y mantener una estrategia con enfoque integral, que involucre en los planes de acción componentes no solo de salud y seguridad, sino también sociales, económicos y políticos, que aborde factores estructurales que inciden de manera directa en el consumo de sustancias, como la desigualdad socioeconómica, la falta de oportunidades en materia de educación y empleo, el acceso y la disponibilidad de las sustancias psicoactivas y los contextos de violencia y de inseguridad.
Artículo publicado el 02 de junio de 2024 en la edición 1114 del semanario Ríodoce.







