junio 22, 2021 10:20 AM

Mujeres pierden a sus hijos en desapariciones y errando el camino

DÍA DE LAS MADRES. Felicidad amarga.

Jesús Antonio U.A., el Chuchis está por pasar media vida en la cárcel, y recibió un beso y un abrazo de su madre, a quien no veía desde que lo ingresaron al reclusorio en el ejido Felipe Ángeles, al poniente de Los Mochis.

Su madre, María Esthela es analfabeta. No sabe leer y firma con una cruz. Ya es una mujer mayor, que vive en el Rincón de Agua Caliente, Choix. Este es un pueblo grande, de 150 familias. No hay drenaje ni agua potable, pero sí energía eléctrica. Su población vive del jornal en el campo y de la ganadería. Una vaca es una fortuna en esas tierras que poco a poco son abandonadas por las generaciones de jóvenes, en busca de oportunidades de vida.

Ella llegó a la sala A del Sistema de Justicia Oral para declarar en la causa penal 214/2020 que la Fiscalía General de Justicia del Estado le integró al Chuchis por el homicidio calificado con premeditación y ventaja de Ramón F. G., de unos 75 años de edad y vecino de doña Esthela.

Ella dijo no conocer los detalles del caso porque estaba en su casa cuando ocurrió el crimen, pero aceptó que su hijo quizá le comunicó lo que ocurrió la tarde del lunes 13 de julio, entre las 14:00 y 15:00 horas, en el lugar conocido como la Morita que está a unos 800 metros del pueblo, cuando encontraron a Ramón con seis tiros en el cuerpo.

Cuando estaba por terminar su declaración, el fiscal le pidió identificar a su hijo. Ella volteo. Y lo vio. Allí está, dijo. Es todo, concluyó el oficial. Las partes liberaron a la testigo. Y cuando iba a retirarse ella pidió al juez, Hugo Calletano Valenzuela Bustamante, permiso para abrazar y besar a su hijo. El magistrado lo permitió.

—Mi hijo hermoso. Allí estas.

Lo abrazó y besó en la frente, la mejilla derecha. Él ni siquiera dijo una palabra. No hizo mueca alguna, ni se levantó para extender los brazos a su madre. Estaba inexpresivo. Su rostro anguloso nunca se suavizó.

—Vendré después, si me dan permiso—, le prometió ella.

Para entonces, un guardia procesal se aprestaba a separarla. El juez lo impidió con solo levantar la diestra y señalar un alto.

“Déjela”. Y la dejó.

Una vez en el banquillo de los acusados, el Chuchis declaró. Aceptó el homicidio de Ramón, sobre quien vació su revólver calibre 38 especial, y dijo la causa: quería matar a mi madre, y durante muchos años nos hizo mucho daño, nos mató 13 vacas y quería quitarnos los cercos. Ya no nos hará más daño. Mi madre, puede estar tranquila.

Doña Esthela no festejó el Día de las Madres, porque el menor de sus hijos estaba preso por haberla defendido en la sierra de Choix.

En otro lado de la ciudad, Esthela Olivia Leyva Napos está silenciosa. Casi no habla. Su alegría se esfumó el 20 de julio del 2018, cuando su hijo, Carlos Iván Sandoval Leyva simplemente se perdió.

Ella y él vivían juntos en las Canteras. Ahora, ella está sola, y en ocasiones se le ve recorriendo veredas entre el monte, removiendo escombros, levantando rocas, buscándolo. Respirando ese aroma a caca que inunda los predios urbanos enmontados, ella ya tiene tres años de búsqueda.

Esta desesperada porque ninguna autoridad la escucha, y todas las ignoran. Son personas que no existen y que no cuentan. Su problema es que su hijo desapareció quizá a manos de la policía o de delincuentes que tienen la protección de la autoridad.
Ella afirma que su vida no es vida, sino una muerte lenta, angustiante, agónica.

El no saber de un hijo, de su paradero, “te va matando por dentro, de tristeza, de muchas cosas”, explica con palabras que se quedan a la mitad.

Ella se colgó una cartulina en el cuerpo demostrando sus demandas a la Fiscalía General de Justicia del Estado. Lleva rosas en sus manos y una playera impresa con la imagen de su hijo.

Al igual que otra treintena de madres de familia, llegó a la Vicefiscalía Regional de Justicia de Sinaloa Zona Norte para marchar hombro con hombro con madres de familia afiliadas al colectivo nacional Buscando en Vida y en Campo que ese lunes 10 de Mayo no recibirían el regalo más preciado, el retorno de la familia ausente.

De acuerdo a Josefina Couret de Saracho, una mujer pionera en la defensa de los Derechos Humanos y de Personas Desvalidas en la sierra, en las funerarias locales hay 80 restos de personas sin identificar porque no hay pruebas genéticas. “Es un insulto de la Fiscalía hacia las miles de personas que buscan a sus familiares. Juan José Ríos Estavillo, el fiscal, resultó más que nefasto, un inepto para tratar esos asuntos. No hay nada que festejar este 10 de Mayo, sino molestia. Exigir la búsqueda de los ausentes”, dijo.

Liliana Bernal Cervantes, la lideresa del colectivo que convocó a la marcha afirmó que esta es un recordatorio a la autoridad para que busque a los ausentes porque aún hay muchas madres con sus hijos desaparecidos, mujeres sin esposas, hermanas sin hermanos, y nadie responde por ellos.

Para ellas, el 10 de Mayo “Día de las Madres” no es de fiesta, sino de agonía, duelo, por no tener a la persona ausente.

Ella tiene años buscando su hijo, Osvi, Oswaldo Leyva Bernal, a su esposa y padre del primero, Oswaldo Leyva Núñez y al hermano de éste y su cuñado, Raymundo.

Artículo publicado el 16 de mayo de 2021 en la edición 955 del semanario Ríodoce.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email
RÍODOCE EDICIÓN 960
20 de junio del 2021
GALERÍA
Israel ataca Gaza en respuesta a marchas y globos incendiarios Lanzados
COLUMNAS
OPINIÓN
El Ñacas y el Tacuachi
BOLETÍN NOTICIOSO

Ingresa tu correo electrónico para recibir las noticias al momento de nuestro portal.

cine

DEPORTES

Desaparecidos

2019 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.