mayo 8, 2021 2:02 AM

El Congreso de Sinaloa, la disputa por el otro poder

congreso sello

Ninguna elección futura se explica con los resultados de la contienda inmediata anterior. Las piezas se reacomodan cada tres años. El humor de los ciudadanos pasa por periodos largos de estabilidad y por rupturas abruptas. A veces todo junto en una sola elección. A continuación la tercera parte del análisis del comportamiento electoral de los sinaloenses en los últimos 20 años. Las dos décadas donde políticamente todo cambió. A nivel nacional la distribución del poder se resquebrajó desde 1997 cuando por primera vez en la historia reciente el PRI no tenía la mayoría de la cámara federal…ahí empezó y terminó todo

 

 

¿Cómo se gana el Congreso?

Aun en las más difíciles debacles electorales el PRI mantuvo el control del poder legislativo en Sinaloa: En 1995 llegó la primera gran derrota, perdieron las alcaldías en las principales ciudades del estado, pero no el Congreso, gracias a un principio constitucional hoy eliminado, un municipio un distrito. Tampoco quince años después, en 2010, cuando el PRI perdía por primera vez la gubernatura, igual mantuvieron el control del Congreso, aunque obtuvieron menos votos que el PAN en total.

Lea: Las preferencias y las marcas rumbo al 6 de junio en los municipios de Sinaloa https://bit.ly/3tAb0XD

Fue apenas en 2018, en la elección más reciente, cuando fue imposible para el PRI mantener la mayoría de diputados. Morena ganó 19 distritos de los 24 de mayoría relativa, y por primera vez se presentó un gobierno dividido en Sinaloa, el poder ejecutivo de un partido y el legislativo en otra fuerza política. Dos décadas después que la cámara federal.

El proceso de 2018 rompió los esquemas históricos. Una fuerza emergente, casi en el debut electoral, arrebató el control de la cámara estatal rebasando el medio millón de ciudadanos que optaron por Morena. El medio millón de votos en Sinaloa, una tercera parte de los votantes, es el gran objetivo de todo candidato o partido, solo cuatro veces alcanzado por alguna de las fuerzas o contendiente en los últimos 25 años.

En Sinaloa, como en el resto del país, dos partidos poderosos concentraron las preferencias electorales sin llegar a alternárselas –PAN y PRI- en toda la segunda mitad del siglo XX y en este nuevo milenio. Esa fue la normalidad política: la hegemonía del PRI y triunfos esporádicos aquí y allá del PAN las más de las veces, del PRD las menos, el más joven competidor.

 

 

2010, caída libre

Según los resultados electorales de las últimas ocho elecciones, la llamada crisis de los partidos políticos se refleja como una dispersión de los votantes. Las dos grandes fuerzas polarizadas, que fueron aliándose con pequeños partidos emergentes que aparecen y desaparecen, empezaron a perder votantes.

PAN –y sus aliados- versus PRI –y sus aliados- alcanzaron el clímax de preferencias en Sinaloa en la sucesión a la gubernatura de 2010. Una ruptura en el PRI enfrenta a dos grupos de poder, todos priistas aunque algunos competían con las siglas de PAN, PRD y aliados.

Una vez que conocieron la cima solo queda descender. Después de ese crecimiento de 2010 hay una caída libre de la que todos los partidos políticos esperan recuperarse en esta elección de 2021. La gran incógnita.

PAN-PRD y MC alcanzaron 537 mil 935 votos en la elección para diputados –casi 40 mil votos menos que la misma alianza en la elección por la gubernatura. Ganaron el ejecutivo, pero no el Congreso. En contraparte el PRI con el Verde y Nueva Alianza perdieron la gubernatura, pero con 20 mil votos más en la elección para diputados locales conservaron la supremacía en el legislativo.

 

 

PRI y aliados con menos votos y menos porcentaje del total -48.67 por ciento- gana en 15 de los 24 distritos. El PAN y aliados, pese a lo estrecho del resultado, con el 48.88 por ciento del total de votos solo triunfan en nueve distritos uninominales. Queda lejos de la mayoría, pierde el control del poder legislativo.

Lea: La guerra que inicia https://bit.ly/32uuEsb

Y es que el incremento de la participación ciudadana es el indicativo principal del interés o desdén en una contienda electoral. En 2010 casi seis de cada 10 ciudadanos votaron, cuando en los tres procesos anteriores ni siquiera se alcanzó el ansiado 50 por ciento.

En el antes al 2010 el PRI alcanzaba holgadamente la mayoría en el Congreso. Entre 18 y 20 triunfos de mayoría relativa le permitían, sin dificultades junto a sus aliados, alcanzar la mayoría calificada.

Los tiempos de la unanimidad del revolucionario institucional, cuando no perdían en ningún distrito local, en ningún municipio, menos la gubernatura o la presidencia, habían pasado, pero no importaba. Los triunfos eran suficientes para mantener el control de la cámara estatal con las voces de otras fuerzas opositoras.

Así, el PRI estuvo entre 1998 y 2010 entre el 45 y 50 por ciento de las preferencias electorales en la elección para diputados locales, con 18 y 20 triunfos distritales. El PAN, mientras tanto como segunda fuerza con un tercio de la votación y entre 3 y 9 distritos locales, casi siempre en las mismas zonas. El PRD, emergente, como tercera fuerza rondando el 10 por ciento de las preferencias.

 

2013, el factor PAS

La primera llamada de la crisis en las marcas añejas y en la clase política en general llegó en 2013. El Partido Sinaloense debuta con registro local y rebasa los 100 mil votos y el 12 por ciento de la votación para diputados con dos triunfos en distritos locales.
En el reacomodo de fuerzas los dos polos poderosos de PRI-PAN se ven mermados en las preferencias. Más Acción Nacional, que cae en tres años 15 puntos porcentuales, y el PRI como siempre logra mantener su porcentaje.

Pero 2013 es una elección pobre, apenas vota el 46 por ciento de los electores para convertirse en el porcentaje más bajo en el periodo que se muestra en la gráfica. Aun así el PRI recupera los espacios perdidos en el quiebre de la elección de 2010 y obtiene de nuevo la mayoría en el Congreso ganando 19 espacios de mayoría.

Y repetiría la dosis tres años después, en 2016, con la coincidencia en las elecciones a gobernador. De nuevo una participación pobre, pero el PRI se reposicionaba con una mayoría aplastante en el Congreso: gana 22 de los 24 distritos. Tantos triunfos no se obtenían desde 1998.

 

Elecciones concurrentes

Pero la nueva normalidad electoral son las elecciones concurrentes. En 2018 fue la primera, coinciden la elección presidencial con la renovación de la cámara federal –diputados y senadores- junto a la elección por las 18 alcaldías y la renovación del Congreso local. Y todo se alteró.

Los papeles se invirtieron. El triunfo arrollador lo alcanzó Morena, ganando en 19 distritos locales. La clase política se enteró que llevaba una década en crisis, y aunque los partidos tradicionales fueron derrotados, conservaron márgenes de votación que tampoco son el desastre: El PRI solo gana tres distritos uninominales, pero obtiene una cuarta parte de la votación total, más de 300 mil sufragios. El PAN igual cae, pero no demasiado con respecto a la elección inmediata anterior. Pierde 6 puntos porcentuales y 40 mil votos. Demasiado poco para el desastre que se anunció.

Morena se llevó el medio millón de votos, pero la votación sigue dispersa. El medio millón no llega al 40 por ciento de las preferencias, porque el otro 40 por ciento está disperso entre PAN-PRI y PAS.

 

 

El ‘carro’ completo cambia de bando

Beatriz Paredes, entonces dirigente nacional del PRI, arengó en un mitin en plena campaña intermedia de 2009: “Vamos por el ochito” –de moda entonces por el paquete de cervezas de ocho botes-, refiriéndose que iban por el llamado carro completo en una elección, es decir, el triunfo en todos los distritos electorales en disputa. No estaba errada, el PRI tomaba un segundo, tercero o cuarto aire. Para entonces habían olvidado lo que era obtener el carro completo, el ochito.

Y ganaron todo ese 2009 en Sinaloa. Ocho de ocho. Venía el PRI de una segunda derrota en la elección presidencial. Un solo partido no se volvió a llevar todos los distritos federales en disputa en Sinaloa hasta la elección pasada, la de 2018, cuando Morena obtuvo los 7 distritos federales –en la redistritación nacional Sinaloa perdió un escaño en la cámara. Solo que esta vez el carro completo cambia de bando, ya no es el PRI, es de Morena.

Aun así, la derrota electoral de 2018 por las diputaciones federales no fue total: El PRI alcanzó más de 350 mil votos, cerca de la tercera parte de las preferencias, unos 10 puntos por debajo de su votación tradicional; y el PAN –en alianza con el PRD- más de 224 mil, cerca también de sus 20 puntos porcentuales que históricamente había obtenido.

 

Sin Morena

Las elecciones federales son un sube y baja en la participación electoral. Los datos muestran claramente que no es igual la participación cuando se disputa la presidencia, que en las elecciones intermedias cuando solo se elegían diputados federales. Ahora serán concurrentes, y es una incógnita cuál será el comportamiento de los ciudadanos.

La participación en las elecciones intermedias apenas ronda el 40 por ciento, en la presidencial supera el 50 por ciento y hasta alcanza un 60 por ciento. Sinaloa tiene dos picos en la estadística: el año 2000 con Francisco Labastida como candidato presidencial, con 64 puntos porcentuales; y las elecciones de 2012 y 2018 con participación similar, seis de cada diez ciudadanos que acudieron a las urnas.

Tres años antes, en 2015, el interés ciudadano estaba en el suelo. Ni cuatro de Cada diez fueron a votar. En esa elección el mapa político se mantuvo como la historia lo había marcado en las últimas dos décadas: cinco distritos para el PRI, dos para el PAN, y la novedad es el triunfo electoral de un candidato independiente, Manuel Clouthier en el distrito 05 con sede en Culiacán. El único diputado federal independiente que gana en todo el país.

En las elecciones anteriores a 2015 el comportamiento ciudadano es uniforme. El PRI con triunfos en cinco o seis distritos –con la excepción de 2009 que ya se comentó-, y el PRI siempre derrotado en el distrito 08 con sede en Mazatlán, unas veces gana el PRD y otras el PAN, pero el PRI no.

En los dos quiebres en la correlación de fuerzas políticas en México, 1997 y 2000, los sinaloenses votaron en sentido contrario. En 1997, por primera vez el PRI perdía la mayoría y el control del Congreso federal, pero no en Sinaloa. Aquí el PRI obtuvo el triunfo en cinco distritos. Y en el 2000, cuando por primera vez gana la presidencia otro partido, en la entidad el PRI ganaría 7 de 8 distritos federales.

Es en 2018 cuando Sinaloa vota en el ánimo nacional, incluso en porcentajes apenas comparables a los territorios que López Obrador convirtió en bastiones de Morena. Pero aun esos resultados históricos, y el comparativo de las últimas ocho elecciones federales, desde 1997 a 2018, no alcanzan para explicar lo que sucederán el 6 de junio.

 

Artículo publicado el 18 de abril de 2021 en la edición 951 del semanario Ríodoce.

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