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Roberto, un médico altruista que murió atendiendo a pacientes con Covid

consultorio

El pequeño consultorio quedó cerrado. Durante más de 40 años atendió a vecinos de la colonia Morelos, según explican, siempre con humanidad y vocación. Pero esto ya no es más. El doctor Roberto León falleció víctima de las secuelas del COVID-19.

La pintura color rojo resalta en la calle Río Batacudea, casi esquina con Juan de Dios Bátiz. De viernes a sábado atendió pacientes en su pequeño consultorio. Apenas unos meses cerrado por la pandemia lo mantuvo lejos del trabajo, confinado como casi todas las personas de riesgo.

Con 72 años decidió alejarse un poco, sin embargo los mismos vecinos, al no tener dónde atenderse, comenzaron a tocar su puerta hasta que un día decidió volver a trabajar. Pudo más la vocación.

Roberto no perteneció nunca al servicio público. Durante más de 40 años atendió exclusivamente su consultorio y para ello siempre se preparó a conciencia, tomando cursos y diplomados para enriquecer su carrera.

Egresó como médico cirujano de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y su historia no es una más. Hijo de padres migrantes a la unión americana, decidió regresar a estudiar medicina a su país de origen hospedándose con su familia en Cuernavaca.

De ahí, partía a diario hacia la Ciudad de México a la Facultad de Medicina, casi siempre a pie en espera de un “raite”. Al no contar con recursos para su transporte comenzó a dominar el arte de la caminata. Por ello era normal que Roberto a veces no cobrara un centavo por sus servicios, y en ocasiones, el tratamiento médico corría también por su cuenta.

“Si muchas veces no tenía para el pasaje, imagínate para comer”, explica un vecino y amigo del médico. “Eso te dice que no solamente tenía vocación, tenía don de gente, era muy humano”.

Pero Culiacán siguió con su escalada de contagios. Con absolutamente todo abierto y una movilidad ascendente, los casos en la capital no logran menguar. Si una semana disminuyen, a la siguiente se complementa la baja con un nuevo incremento. Es casi como dar un paso adelante y dos atrás.

Tomando como referencia la última actualización del informe diario de la Secretaría de Salud efectuado el 26 de febrero, en Culiacán han fallecido mil 694 personas por el coronavirus.

Además, el incremento de casos vivido en el estado se sufrió más en la capital. La última semana de enero en Sinaloa se contabilizaron 768 casos de los cuales Culiacán tuvo 157, un decremento en comparación con la semana anterior.

Sin embargo para la semana siguiente, la primera de febrero, si bien en el estado hubo una ligera baja con 751 contagios, en Culiacán se registraron 345.

Pero el caso de Roberto es apenas uno de tantos en Sinaloa, sobre todo en Culiacán. El corte al 6 de febrero señala que en el estado han fallecido 39 médicos por el coronavirus. Precisar si el doctor León se encuentra entre los decesos no es posible con el desfase que presenta día a día la estadística oficial.

A finales de diciembre Roberto comenzó con síntomas del coronavirus para posteriormente, el 5 de enero, ser internado en el hospital del ISSSTE en Culiacán de donde ya no salió. Falleció el domingo 14 de febrero.

Su recuperación parecía una posibilidad al grado que fue sacado del área COVID para trasladarlo a piso. Su cuerpo estaba libre del virus y su recuperación ahora sería la siguiente tarea, pero algo salió mal y no consiguió sobrevivir.

Tras su fallecimiento no hubo caravana de ambulancias ni el ruido de sirenas para despedirlo. Se fue en el anonimato como muchos otros pacientes en Culiacán, la ciudad que se ha convertido en un paraíso para el COVID-19.

 

¿Uno de cuántos?

La Secretaría de Salud apenas acordó con el Colegio de Médicos vacunar también a aquellos trabajadores privados. Y cuando se habla de privados, la idea de un consorcio médico o una clínica particular de especialistas viene a la mente.

Pero no. En Culiacán se mantienen consultorios como el que deja Roberto León, dedicados a la atención médica de comunidades dentro de la ciudad en colonias de clase media hacia abajo. Otros, incluso, en colonias populares.

Ese trabajador de la salud labora en condiciones precarias. Tampoco tienen seguridad social ni prestaciones, dependen únicamente del salario que obtengan por los servicios prestados.

Otros laboran en consultorios de franquicias farmacéuticas. Por 35 pesos una consulta médica laborar jornadas de al menos 8 horas sin ninguna seguridad. Su salario depende de los pacientes que atienda. La precariedad.

Y todos esos doctores y doctoras que laboran de ese modo apenas serán contemplados en el esquema de vacunación federal. Un formato en ‘Google Docs’ y a esperar. Antes que ellos los trabajadores de servicios públicos de salud que en Sinaloa suman poco más de 40 mil.

Luego Protección Civil y Cruz Roja, que el viernes 26 comenzaron su vacunación. Atrás, los médicos privados.

Pero Roberto no alcanzó. Ni siquiera por su condición de ser persona de la tercera edad así como tampoco haber sido médico con más de 40 años de servicios. Falleció el 14 de febrero y lo hizo prácticamente como un sacrificio.

Y al menos en la colonia Morelos lo extrañan. No ha sido sólo la estadística, el médico, ha sido el ser humano que deja huérfana a una comunidad.

Artículo publicado el 28 de febrero de 2021 en la edición 944 del semanario Ríodoce.

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