febrero 24, 2021 4:10 PM

Cine: ‘La vida ante sí’

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La sola presencia de Sophia Loren sería suficiente para detenerse a contemplar La vida ante sí (La vita davanti a sé/Italia/2020), pero eso minimizaría el trabajo de una de las leyendas vivas de la cinematografía mundial, quien no solo es capaz de evocar a la belleza que siempre la ha caracterizado, sino a su capacidad de transformarse en cualquier personaje, de ahí que el lujo de la cinta dirigida por Edoardo Pontise, también sea el de contar con interpretaciones magistrales de parte de sus protagonistas, quienes construyen una pareja difícil de sacar de la mente.

El doctor Coen (Renato Carpentieri) no puede criar más a Momo (Ibrahima Gueye), un niño huérfano que se dedica a robar, por lo que le paga a Madame Rosa (Sophia Loren), una prostituta retirada que cuida a los hijos de sus compañeras, para que se haga cargo de él, aunque ella no está muy de acuerdo, porque es una víctima de ese amate de las pertenencias ajenas. Si bien al principio ninguno quiere la compañía del otro, llega el momento en el que deben decidir si se separan o aceptan acompañarse en su soledad, así esté de por medio una enfermedad que los amenaza con el olvido.

El filme escrito por Ponti junto a Ugo Chiti y Fabio Natale, basados en el libro de Romain Gary, apela a conmover al espectador, a provocarle, a como sea posible, el derramamiento de lágrimas, como un drama muy convencional, contado con base en una estructura narrativa sencilla y, por lo tanto, predecible. Desde el inicio es claro hacia dónde va la trama y en qué acabará, pero eso no significa que no se disfrute, sino todo lo contrario.

Loren es estupenda como esa señora regañona, directa y estricta que se gana la vida cuidando a los hijos de sus compañeras prostitutas, pero que, a la vez, encuentra el momento adecuado para mostrar su lado más sensible, tierno y solidario. Gueye se desenvuelve en el mismo sentido, y a su corta edad, es muy preciso a mostrarse como todo un preadolescente conflictivo, ajeno a dar y recibir afecto, a la vez que se le facilita ceder a las atenciones y es muy inteligente para reconocer y valorar el cariño que recibe a regañadientes.

Lo más sobresaliente de la cinta disponible en Netflix es el vínculo que crean estos dos personajes, que tienen en común el estar solos. A pesar de sus diferencias de edad, de su forma de ser y la resistencia inicial a no tratarse y convivir, logran un punto medio que se convierte en una relación empática, honesta, genuina, estrecha y, sobre todo, verosímil, como la que tuvieran una abuela y su nieto preferido.

Precisamente, por esa relación que también es ambivalente, complicada y extraña entre los protagonistas; el vínculo tan cercano que logran, a pesar de que no lo querían, sino que son obligados por las circunstancias; y porque ninguno cuanta con nadie más en el mundo, La vida ante sí recuerda a la entrañable Estación central (1998), mejor lograda película de Walter Salles en la que un niño (Vinicius de Oliveira) que recién pierde a su madre es acompañado por una señora (extraordinaria Fernanda Montenegro) que escribe cartas en una estación de trenes a buscar a su papá, aunque ninguno estuviera muy de acuerdo en acompañarse, al principio, y al final se les complique separarse. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 22 de noviembre de 2020 en la edición 930 del semanario Ríodoce.

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