octubre 22, 2020 12:27 AM

Las mujeres y su derecho a transgredir

LA LUCHA DE LAS MUJERES. Ecos en el poder. Foto Eliza Flores. Tomada de twitter.

No hay pandemia que dure cien años. Y qué bueno por las mujeres y el resurgimiento de su lucha por la igualdad de género y por el respeto, contra la violencia y la discriminación. Por la justicia. Apenas su movimiento se expandía por el mundo con inusitada fuerza –México tuvo episodios tan desbordantes como estremecedores–, cuando apareció el Covid-19 y se adueñó de las agendas; las de la gente de a pie, para empezar; las del gobierno; las de los medios, de los empresarios, de todos. Y entonces temas como el de las mujeres –y muchos otros, incluyendo la violencia generada por el narcotráfico, siempre en las primeras planas—pasaron a segundo plano mientras el tema de la pandemia inundaba las portadas de los diarios y se imponía a todas horas en los medios electrónicos y digitales y en las redes sociales.

Pero también los males parecen llegar a tener cierta “normalidad” y eso está pasando con la pandemia. Llevamos 70 mil muertos reconocidos y nos daba más pavor cuando veíamos los 18 mil de España. Que el gobernador de Nuevo León diga está bien, vamos a abrir los bares y les vamos a dar permiso para que se enfermen, tiene que ver con eso. O más a la sorda el de Sinaloa, que no ha restringido sus actividades aunque traiga a medio palacio enfermo de Covid. Y permita que bares y empresas no esenciales estén hasta el tope a pesar de que seguimos en semáforo naranja. Salvar la economía es el gran pretexto de todos y en la lavada de manos que se muera el que se tenga que morir. Así sean cien o mil o más, eso ya importa a casi nadie.

Por eso es más encomiable que, en medio de esta indiferencia, las mujeres vuelvan a tomar las calles y nos den muestras de que la violencia que sufren de mil formas no se esté normalizando. Lo hacen, para desgracia de todos, en medio de la tragedia. La violencia se ha ensañado con ellas, ahora con episodios espeluznantes, donde niñas son asesinadas y calcinadas y, por si no fuera suficiente, revictimizadas desde el poder. Ante la incapacidad del estado para protegerlas y luego para castigar los crímenes, el poder mejor busca justificantes tan burdos como el que esgrimió la procuradora del DIF de Culiacán, al calificar a las dos niñas calcinadas de “ingobernables”. Igual que el fiscal de Baja California Sur, que dijo ante el asesinato de la jovencita Danna, que “pues también traía tatuajes por todos lados”.

Por eso tiene razón Conzuelo Gutiérrez –nuestra incansable luchadora de muchas causas– al afirmar que, con sus actitudes, las autoridades validan estos actos criminales. En resumen, las violan porque traen la falda muy corta, las matan porque traen muchos tatuajes y las asesinan y calcinan porque son ingobernables.

No son casuales ni aisladas esas actitudes de uno u otro funcionario. Desde lo más alto del poder en México se ha desdeñado la urgente agenda de las mujeres; la que tiene que ver con la violencia que sufren, pero también la impunidad, la falta de equidad, la histórica desigualdad y discriminación de que han sido víctimas en un sistema hecho para el dominio de los hombres pero que llegó a su fin sin que se estén tomando las medidas institucionales para asumir el cambio con sensatez y con el sincero reconocimiento de que estos cambios llegaron para quedarse.

La impunidad ante las vejaciones sufridas es un acicate fundamental en el renacimiento de las protestas. Siempre ha existido y por ello siempre ha sido necesario tomar calles y pintar paredes y gritar y exigir. Pero que permanezca cuando se presume un cambio, cuando se esperan nuevos criterios, nuevas visiones, menos apatía y mayor sensibilidad sin que esto ocurra, irrita, caga las entrañas… y entonces ocurren hechos como los que vemos en Ciudad de México, donde un grupo de mujeres “hasta la madre” de no ser escuchadas, toma las oficinas de la CNDH y las convierte en “Casa refugio”.

 

Bola y cadena

HA FALTADO MUCHA SENSIBILIDAD DEL GOBIERNO hasta para entender el problema de las mujeres. Y sobra el burocratismo, la comodidad, el confort. No puede ser que una mujer migrante se pase el día o los días con un niño de diez meses de edad en los brazos –la vi el viernes cerca de La Canasta– pidiendo para comer y que no haya nadie de ninguna oficina de Gobierno, del DIF, de la CEDH… que diga vamos a ver qué puedo hacer por esta familia, cómo le puedo ayudar. Aquí es cuando la miseria y el desamparo se normaliza, pero también la apatía y el importamadrismo de los gobernantes. Pero luego se asustan porque pintarrajean una pared. O un cuadro de Madero.

Sentido contrario

ARMANDO VILLARREAL Y SUS COMPAÑEROS de viaje han ganado tiempo. Por un mal trabajo de la Fiscalía, que perdió amparos ante un tribunal colegiado, se deshizo la vinculación a proceso y el juicio tuvo que iniciar de nuevo. Los volvieron a vincular pero, por lo pronto, el ex secretario de Finanzas del gobierno de Malova sigue comiendo en su casa. Lo más seguro es que el gobierno de Quirino termine y el juicio siga ahí, como cosa perdida. O cosa pactada.

Humo negro

LO CONFIRMÓ LA SECRETARÍA DE SALUD. Resulta que en México traemos casi 123 mil muertos por Covid o relacionadas con esta enfermedad sin que hayan sido notificadas y subidas a la plataforma. Así entonces, traemos más de 200 mil muertes por la pandemia, no los 70 mil que hasta ahora reconoce el zar del coronavirus en México, Hugo López-Gatell. ¿Dónde han muerto estos cerca de 123 mil no registrados? En casa; es gente que, o no quiso ir a un hospital o no pudo. Espeluznante ¿no?

Columna publicada el 13 de septiembre de 2020 en la edición 920 del semanario Ríodoce.

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La denuncia de Emilio Lozoya

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