junio 14, 2021 10:08 AM

Cine: ‘La isla de la fantasía’

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Una de las series de televisión más recordadas es La isla de la fantasía, que entre 1977 y 1984 cumplió los sueños de quienes llegaban a un paradisiaco lugar en medio del mar, donde eran atendidos por el Sr. Roarke (el mexicano Ricardo Montalbán) y Tattoo (Hervé Villechaize). Basada en esos episodios, llega La isla de la fantasía (Fantasy Island/EU/2020), dirigida por Jeff Wadlow (Kick-Ass 2, 2013; Verdad o reto, 2018), una película que, a pesar de sus fallas, logra medianamente entretener.

Gracias a un concurso, Gwen (Maggie Q), Melanie (Lucy Hale), Patrick (Austin Stowell), J. D. Weaver (Ryan Hansen) y Brax (Jimmy O. Yang), aterrizan en una isla donde los espera Mr. Roarke (Michael Peña), quien se encarga de hacer realidad sus más deseadas fantasías, no sin antes advertirles que solo pueden elegir una, no cambiarla por otra y dejarla transcurrir hasta su conclusión natural. Lo que al principio es del disfrute pleno de cada uno de los huéspedes, pronto se convierte en una experiencia desagradable, una vez que comienzan a aparecer las inevitables consecuencias de darles vida a sus mayores anhelos.

Si bien se presenta al filme escrito por Jillian Jacobs, Christopher Roach y Jeff Wadlow como uno de terror, no reúne las características esenciales como para causar miedo en los espectadores. La realidad es que termina siendo una mezcla géneros que no se desarrollan adecuadamente –se podría decir que cada personaje y su deseo representan uno de ellos: la historia de Gwen, el romance/drama; Melanie y Sloane (Portia Doubleday), el horror; Patrick, el drama; J. D. y Brax, la comedia.

Uno de los mayores problemas de la cinta es su obviedad. Es inevitable no atinar a lo que vine más adelante, por lo que es muy probable que toda predicción, así como las fantasías en la isla, resulten tal cual se piensan, lo cual resta intensidad a las emociones y, por lo tanto, evita que el espectador la disfrute al máximo –si se mantiene hasta el final es, tal vez, porque cada sueño se presenta por separado y para cuando cada uno lo experimenta, la película ya va en su etapa final.

Otra falla que salta a la vista son las actuaciones. Por lo general, Peña logra excelentes interpretaciones en la mayoría de los trabajos en los que aparece, pero en esta ocasión su desempeño se queda corto: no es malo, aunque pudo haber sido mucho mejor; Hele y Stonwell no son lo suficientemente creíbles; Hansen y Yang son demasiado simplones, de mal gusto y aburridos. Quizás, sin llegar a una actuación magistral, Maggie Q es quien consigue mayor soltura y veracidad como esa mujer dolida de haber dicho “no” a una propuesta de matrimonio y arrepentida de no haber salvado a su vecino de un incendio.

Un detalle interesante son las fantasías en cuestión. A excepción de regresar el tiempo para no rechazar un ofrecimiento de matrimonio, y que pudiera ser la más coherente, verosímil y con sentido, como que ganar un concurso e ir hasta una lejana isla para buscar ser soldado, vengarse de una compañera de la escuela primaria y hacer una megafiesta con modelos guapas y guapos, son poco atractivas, porque no se perciben tan complicadas de llevarse a cabo, o bien, porque no implican un viaje largo y tortuoso. No se la pierda… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Artículo publicado el 06 de septiembre de 2020 en la edición 919 del semanario Ríodoce.

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