lunes, noviembre 29, 2021
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  • Dias de Impunidad

Los tendederos que tiran al Bienestar Universitario en la UAS

patricia

Las protestas feministas están convirtiéndose en un parteaguas en la historia moderna de México al igual que el movimiento estudiantil en los sesenta. Como en toda revolución social, ha surgido inesperadamente y muestra diferentes rostros y emocionalidades.

Lea: Un día sin mujeres; De ‘la vista es muy natural’ y otras falsas verdades heredadas https://bit.ly/2vejH0M

Hay muchas incógnitas respecto hacia dónde se encaminará esta revolución, pero de lo que no hay duda es que penetró en el imaginario y el ánimo de la ciudadanía, que México ya no será el mismo y no por el programa de la Cuarta Transformación que no ve con buenos ojos esta primavera femenina.

La vieja izquierda no tenía un discurso feminista. Incluso en el pensamiento marxista la liberación de la mujer era un residuo de la liberación del hombre y de la sociedad en general.

El Presidente pareciera pensar de manera similar, de que el cambio de régimen va a ayudar entre otras cosas a que las mujeres se liberen, contrario al sentir de las feministas que no quieren esperar a que acabe el neoliberalismo, o que sean vencidos los conservadores.

Es una lucha de aquí y ahora, tanto por la fuerza que viene adquiriendo como por ser algo inédito. No se pueden hacer comparaciones de que antes no se tomaba en cuenta a las mujeres como ahora al integrar el gabinete, por ejemplo. Se trata de parar de raíz los asesinatos, desapariciones, violaciones, ofensas, acosos y humillaciones.

Estamos ante el inicio de un cambio de civilización que tocará tarde o temprano a las diferentes esferas de la vida pública y sobre todo a las instituciones de educación superior.

El conflicto de la UNAM no solo es un problema de encapuchadas, radicales o de movimientos para tumbar al rector. El hartazgo entre las estudiantes ha calado muy hondo y las propias autoridades no se percatan de que las viejas fórmulas de oropel o reglamentos son letra muerta. Lejos de atemperar la indignación, la atizan.

En Sinaloa donde los feminicidios están a la orden del día, el hilo más delgado puede romperse en las universidades, cuyas autoridades demagógicamente se han sumado al paro nacional del 9 de marzo.

En la UAS lo más fuerte debe estar por venir.

Los tendederos para denunciar los acosos a mujeres estudiantes realizados en varias escuelas de la UAS, pone en entredicho el discurso manejado desde la famosa Unidad del Bienestar Universitario que fundó el rector Juan Eulogio Guerra Liera en 2014, para crearle a su esposa una dependencia que hiciera las veces del DIF dentro de la UAS, costando decenas de millones de pesos a las finanzas universitarias, aunque sus diplomados, campañas y programas quedan rebasados por los hechos denunciados.

El acoso sexual es una realidad cotidiana tolerada por directores y autoridades, que no pierden oportunidad de apoyar mediáticamente expresiones de protesta, como un distractor de la responsabilidad que eluden frente a hechos patentes.

A pesar de acuerdos y pronunciamientos, todavía está pendiente la actuación formal frente a las denuncias exhibidas por las jóvenes en Derecho, Economía, Psicología, Administración, Escuela de Artes, Estudios Internacionales, Filosofía y Letras, Medicina, Nutrición. Incluso algunos directores le jugaron al Maquiavelo diciéndole a las estudiantes que “las apoyaban” y a los profesores “señalados” que no se preocuparan, y que quienes plantean que se les investigue en forma para deslindar responsabilidades, no fueron atendidos.

El acoso sexual en la UAS es parte de un acoso más sistemático, administrativo, laboral y político que abarca a mujeres y hombres, genera un ambiente de intolerancia que está minando el nivel académico y la pluralidad social dentro de la UAS. Por eso nosotras no debemos permitir que usen nuestra causa como tapadera de todos esos excesos de corrupción, amenazas, mal uso de recursos públicos, opacidad.

El dominio del PAS en la Casa Rosalina, en la época de la Cuarta Transformación, lejos de aminorar pareciera reforzarse por la confusión y divisionismo nacional que vivimos.

El largo rectorado de Guerra Liera se ha convertido en una pesadilla para los sinaloenses. Ojalá y la causa de las mujeres, sea la antesala de una gran reforma académica e institucional.

Lea: En México y Sinaloa, la numeralia del terror que ha producido una rebelión de las mujeres https://bit.ly/2Q3fAvK

La igualdad de género ha sido una coartada política del cuenismo. En el rectorado de Corrales Burgueño se creó el Centro de Políticas de Género para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, dirigido todavía por la esposa del ex rector, que ha venido a menos, aunque se ha reorientado a lo académico. Ha sido relegada para esas funciones por la faraónica Unidad de Bienestar Universitario, dirigida por Patricia Corrales de Guerra.

Todo el presupuesto que se gasta en congresos, viajes, diplomados, papelería, publicidad, viáticos, sueldo de burocracia, sobresueldos, rentas de locales, parece tirado a la basura.

Esos recursos deben entregarse a las propias unidades académicas a las que les corresponde fortalecer la formación integral de sus estudiantes.

Además, la figura de primera dama, que no aceptó Beatriz Gutiérrez Mueller, esposa del Presidente de la República, por caduca y ominosa, se reeditó en la UAS creando una imagen old fashion de una institución de educación superior en donde los lazos de consanguinidad no generan méritos ni distinción.

¿Se ha visto acaso a la esposa del rector de la UNAM o a la esposa del Secretario de Educación del gobierno federal presidiendo actos oficiales?

Artículo publicado el 8 de marzo de 2020 en la edición 893 del semanario Ríodoce.

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