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El recuento de daños de ‘Willa’ que no termina

huracan willa-escuinapa (2)

Al filo de las 15:00 horas del martes 23 apenas caían unas gotas del cielo. Adentro de un albergue, una persona está molesta. Se queja porque le dijeron que en Mazatlán estaba todo soleado y en Escuinapa ni siquiera llovía fuerte.

Catalogado como categoría 3, el huracán “Willa” tocaría tierra tres horas más tarde, con vientos máximos sostenidos de 195 kilómetros por hora. Y a su paso derribó árboles, postes, bardas y dejó incomunicadas a tres comunidades.

Lea: Los desastres de ‘Willa’; en Escuinapa alcalde entregará municipio devastado https://bit.ly/2PqItD1

El albergue lo apostaron en el centro comunitario Antonio Toledo Corro del sureño municipio. Ahí, casi 2 mil personas, la mayoría de pueblos originarios, fueron trasladadas de diferentes comunidades aledañas a la cabecera municipal. El otro quedó habilitado en la sede del Cobaes 42.

Hasta las 18:00 horas, todo parecía ir en calma. Apenas la lluvia que poco a poco se intensificó y luego el apagón a las 18:20, y Escuinapa quedó sumido en la oscuridad absoluta.

Y así transcurrieron las horas y las pérdidas que dejó “Willa” a su paso siguen sin ser cuantificadas. Hasta entonces la contingencia funcionó. En un principio se habló de más de mil 800 habitantes de Teacapán, Cristo Rey, Palmito del Verde, e Isla del Bosque, sin embargo la cifra casi llegó a 3 mil.

 

Las horas más largas

Poco después de las 18:30 horas no solamente la energía eléctrica había colapsado sino las líneas de telefonía celular. La comunicación fue a través de equipos de radiocomunicación. El informe dictó que el huracán ingresó por Teacapán pasadas de las 18:00 horas.

A partir de ahí las ráfagas de viento fueron incrementándose. Chocar con paredes, árboles y palmeras provocaba un silbido, y este a su vez risas de nervios a los rescatistas.

Lea: El desastroso efecto de ‘Willa’ en El Rosario https://bit.ly/2ABtlum

De vez en vez una ráfaga de viento arrancaba risas, y las bromas no se hacían esperar. Luego de varios minutos de espera, un hombre llega al Ayuntamiento.

Se llama Pedro y es originario de Zapopan, Jalisco. Pensó en pasar el huracán guarecido en las cercanías de la plazuela bajo unos árboles, pero el viento le hizo cambiar de parecer, había que buscar un lugar más seguro. Él es un indigente que trabaja en las cercanías lavando carros.

Luego de unos minutos, una llamada para alertar que un tanque estacionario cayó sobre un vehículo, causando una fuga de gas. Una mujer resultó intoxicada y hubo que trasladarla al hospital.

Dicho traslado sirvió para constatar que el nosocomio era también una zona de desastre. Plafones del techo caídos y goteras que caían a chorros. Puertas colapsadas, servicios interrumpidos y decenas de pacientes con ataque de pánico.

La acción inmediata fue reubicar a 30 enfermos y a seis en estado grave trasladarlos al Hospital General de Mazatlán. La siguiente noticia fue la localidad de Teacapán, incomunicada desde que el huracán dio inicio y por donde el meteoro ingresó a tierra. El camino que comunica a ambos lugares quedó cubierto de postes de luz.

La lluvia bajó de intensidad alrededor de las 22:30 horas pero el daño ya estaba hecho. Toda Escuinapa sumida en la oscuridad, y con árboles y bardas caídos sobre las estrechas calles volvieron complicado el traslado. Unos postes de luz con sus cables sobre los charcos de agua en el pavimento hacían retroceder a las patrullas que rondaban en busca de auxilio.

El arroyo Buñiga a su máxima capacidad. Una familia tuvo que ser evacuada por la cercanía del cauce que casi rebasó al pequeño malecón de la localidad. Luego la lluvia cesó, pasaba la media noche y las calles quedaron desiertas. La gente finalmente tuvo calma, al menos por unas horas.

 

El recuento de los daños

Apenas se veía el sol entre las nubes negras cuando los primeros vecinos de Escuinapa comenzaron a salir. Lo hicieron limpiando. Levantando unas ramas aquí, unas láminas por allá. A bordo de sus bicicletas, tres hombres voceadores esperan por el periódico. “Siempre llegan a las 5:00 y ya son las 6:30 y nada, oiga, a lo mejor no llegan”, lamenta uno de ellos.

A un costado del Ayuntamiento, la plazuela. El techo de su quiosco quedó derrumbado. Las láminas arrancadas. La iglesia inundada y todos los comercios aledaños con daños. Un banco a un costado perdió su letrero espectacular que quedó tendido sobre el pavimento de una calle aledaña. La imagen se repitió en casi todas las calles del municipio.

Camino a Teacapán, una procesión de carros está detenida. Junto a ellos, decenas de camiones de la Comisión Federal de Electricidad y grúas de empresas privadas. Sobre el asfalto, al menos 25 postes de energía eléctrica bloqueaban el paso.

La procesión detenida correspondía a vecinos de la localidad que buscaban regresar a su pueblo, el cual permaneció incomunicado por más de 12 horas. Vecinos tenían preocupación por la versión de un hombre ahogado durante el evento. Afortunadamente no fue así, y la persona solamente estaba extraviada.

Luego, el arribo del gobernador Quirino Ordaz Coppel. Poco después de las 9:30 horas aterrizó en un helicóptero. Iba acompañado de su esposa, Rosy Fuentes. También el alcalde de Escuinapa, Hugo Enrique Moreno Guzmán; el secretario de Obras Públicas, Osbaldo López; del titular de Pesca, Sergio Torres Félix y del diputado por el distrito 24, Édgar González.

La visita sirvió para constatar que los daños fueron totales en la cabecera municipal. Luego, abordaron el helicóptero para sobrevolar las zonas incomunicadas de Teacapán, Isla del Bosque, Cristo Rey y el Palmito Verde. Todas en peores condiciones que la misma Escuinapa.

Ese día, el gobernador celebraba un día más de su natalicio. Metido hasta la cintura en charcos de agua, acompañado por su comitiva, declaró.

“Aquí lo más importante es venir, salirte de la oficina, del aire acondicionado, de la comodidad, hay que trasladarse al lugar, platicar, ver a la gente, entrar a sus viviendas, recorrer las avenidas para realmente entender qué es lo que la gente padeció”.

Y luego de la tormenta, no llega la calma. Los habitantes de Escuinapa y sus zonas rurales siguen limpiando, batallando. Al cierre de esta edición no hay cifra aproximada de los daños. Y con ello, el recuento de los daños, sigue.

Artículo publicado el 28 de octubre de 2018 en la edición 822 del semanario Ríodoce.

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