agosto 3, 2021 7:00 PM

Jalisco, Tamaulipas y Sinaloa

cartel jalisco 2

La escalada de violencia que ha estremecido a estos tres estados distantes pero unidos por la tragedia, pone en entredicho la especie de la efectividad del gobierno y la reducción de la violencia entre 2011- 2014, y es que parece que todo es cuestión de que el crimen organizado se proponga generar inestabilidad para tumbar cualquier sensación de confort que pueda provocar una estadística de mejoría sensible por la reducción de los niveles de violencia.

Estas células tienen la ventaja de la iniciativa que nunca corresponde a la capacidad de reacción de una autoridad todavía dispersa.  Y esa condición, permite  atacar y salir para perderse en la bruma cotidiana, y más tarde volver atacar.

El asalto del Cártel Jalisco Nueva Generación contra la policía municipal de Jalisco, que costó la vida de 15 agentes, y dejó malheridos a otros cinco más, por la ejecución supuestamente de uno de sus líderes, llama la atención por su nivel de cohesión y lealtad organizativa. Algo que muchas veces no encontramos en el gobierno y las policías donde son frecuentes la descoordinación y deslealtad.

Este atentado ha dejado una estela de intranquilidad entre la población, incluso, me dicen amigos periodistas tapatíos, que en las redes sociales, después del ataque corrió la especie de que el siguiente sería en la misma Guadalajara. No ha ocurrido afortunadamente, pero ahí está el recuerdo de otras acciones que han cobrado la vida de policías, militares, funcionarios públicos y cargos electos, a pesar de los riesgos que representa para un cártel calentar demasiado su plaza.

Quizá, entonces, no es frívola la pregunta que algunos ciudadanos se formulan sobre los posibles efectos de la violencia sobre el proceso electoral en marcha.

Claro, lo tiene de inmediato en la percepción de la gente que ve en las autoridades un bajo rendimiento al punto de que no se puede proteger a sí misma. Y también la capacidad de éste u otro grupo de inmovilizar, como también desplazar franjas de votantes, ante la incompetencia de los responsables ejecutivos.

Pero no es sólo ahí

La conversión de Reynosa, Tamaulipas, en una zona de guerra, con toda la parafernalia de psicosis, parálisis, cierre de la frontera con Estados Unidos, movimiento de convoyes, metralla, autobuses y autos como teas, todo ello producto  de la detención de uno de sus líderes, refrenda una imagen de descontrol absoluto en una ciudad que debería ser imagen de bienvenida de un México hospitalario, pero no lo es. Lamentablemente, esta ciudad fronteriza fue en 2014 uno de los 10 municipios más violentos del país (Eduardo Guerrero, dixit).

Ante la falta de autoridad y el peso decisivo del cártel dueño de la plaza, nuevamente está la osadía y el sentido de cuerpo de otro grupo del crimen organizado, al lado el temor de las policías locales que son los que última instancia se quedan cuidando la plaza, viviendo con sus familias y llevando una vida entre la zozobra. Y respecto a los temores, sobre los posibles efectos en los próximos procesos electorales en Tamaulipas, hay una amarga experiencia por el asesinato del candidato de PRI al gobierno del estado en 2010.

Es decir, estos grupos saben qué botones tocar y provocar reacciones en la vida pública; no los detiene la investidura del político, simplemente van con todo por lo que consideran suyo.  Y hoy es uno de esos momentos que ninguna ciudad quiere vivir y todavía menos sus pobladores.

Pero, aún más

Culiacán en esta semana fue escenario de un enfrentamiento entre un grupo comandado por un miembro de la familia Carrillo Fuentes y las fuerzas de seguridad del gobierno, cuando a decir por el Procurador General del Estado, un empresario fue secuestrado y había sido asesinado. Al tener conocimiento del fallecimiento se dispusieron a tomar por asalto la casa donde estaban los secuestradores y el cuerpo inerme del empresario. Esto provocó una balacera que concluyó con la muerte de dos y la detención de tres secuestradores. A pesar de los vínculos del líder con la familia Carrillo Fuentes su tarea criminal era el secuestro. Tenía una serie de víctimas donde siempre terminaba como terminó este secuestro.

En suma, un elemento común a los tres casos de violencia es el descabezamiento de algunos líderes criminales, sea por la vía de la muerte, la detención y la herencia familiar, así mismo esto podría tener que ver con una constante que es la fragmentación de estos grupos y la mayor violencia donde cada uno de ellos opera. Es el rasgo característico y el callejón sin salida en que se encuentran varios estados.

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