Entre la guerra y los libros; la feria que volvió a encender la plazuela

Entre la guerra y los libros; la feria que volvió a encender la plazuela

Durante una semana se realizó en la Plazuela Álvaro Obregón, la Feria Internacional del Libro Culiacán, un remanso ante la violencia que se vive en la ciudad

 

 

El 9 de septiembre de 2024 Culiacán amaneció en guerra y desde entonces más de 2 mil muertos, desaparecidos y desplazados, han teñido de rojo la ciudad.

Suspensión de clases y de la feria ganadera, festejos y entre ellos la edición de la Feria del Libro. Hoy fue distinto y contra todo pronóstico se realizó en pleno corazón de la ciudad.

Durante siete días, en la Plazuela Álvaro Obregón se respiró distinto. Sus pasillos se llenaron de libros. Más de 180 expositores se acomodaron bajo las carpas que parecían defender la palabra y las ideas impresas.

A pesar del contexto, la guerra que continúa en las orillas y en el centro mismo de la ciudad, la feria recibió a 126 mil asistentes.

LECTURA PARA TODOS.

 

Llegaron familias completas, grupos de adolescentes buscando cómics, jóvenes rastreando la firma de sus autoras y autores favoritos, adultos mayores que nunca faltan a esta cita anual con los libros. Y niños, muchos niños.

Culiacán, por momentos, pareció reconocerse en la multitud que avanzaba sin prisa, como si cada paso dentro de la plazuela fuera un acto de recuperación emocional.

Y entre los estands apareció una imagen insólita, que algunos miraron con sorpresa y otros con desconcierto: militares, policías estatales y agentes de tránsito caminando entre los pasillos y hojeando libros.

Un soldado se detuvo frente a un tomo de historia universal; un tránsito revisaba un recetario de cocina sinaloense; una agente estatal preguntó por un poemario breve.

Esas escenas, se convirtieron en un recordatorio de que incluso en ciudades fracturadas, la curiosidad sigue siendo una forma de humanidad.

 

¿Cuál violencia?

Élmer Mendoza, coordinador de la feria, no tuvo reparo en decir: “¿Cuál violencia?, organizar una feria es un gran placer”.

“A mí no me importa si hay un diluvio, si hay un ciclón, si hay violencia, lo que sea. Una feria se hace por la gente, por los libros, por la literatura”, señaló.

“Nos empeñamos con todas las fuerzas, todos los conocimientos, todas las relaciones, toda la capacidad de gestión para conseguir lo que sea. Y con todas las complicidades. No me afecta la violencia… Nunca pensé que pudiera impedir la feria. Nunca”.

Por supuesto, dijo que hubo restricciones: horarios cuidadosos, rutas delimitadas, indicaciones claras para invitados y público. El resultado fue otro tipo de victoria.

“A los autores les hablamos de las condiciones y las aceptaron de corazón. No hubo ni uno que dijera: ‘no voy porque me da miedo’. Todos vinieron, todos firmaron más libros de los que esperaban y se fueron contentos”, indicó.

PABELLÓN INFANTIL. Acercando los libros a los pequeños.

 

“Supongo que el tema de la violencia es un asunto familiar, de esos que se hablan en la comida, porque aquí hemos andado bien a gusto”.

Caminar entre los pasillos de la feria, sobre todo al caer la tarde, fue presenciar una coreografía colectiva: niñas estirando las manos hacia los cuentos desplegables, jóvenes comparando precios de novelas gráficas.

En cada escenario, la literatura funcionó como refugio.
Y también como una especie de libertad temporal en medio del asedio.

Una mujer mayor confesó que desde hace dos años no venía sola al centro. Vino porque está cansada de estar encerrada y tener miedo.

 

Caminar en una ciudad con libros

En una ciudad marcada por la incertidumbre, la feria fue un respiro colectivo.

Un espacio donde, por unos días, la gente pudo reconocerse sin miedo.

El último día, cuando las luces comenzaron a apagarse, la plazuela seguía llena de familias ante el concierto de Francisco Céspedes.

Los libreros de distintas partes del país, así como llegaron, se fueron, con calma: “cuando te toca, te toca”, dice el responsable de un estand.

Entre la guerra y los libros, Culiacán eligió, al menos por una semana, volverse a reunir, volverse a escuchar, volverse a leer.

Artículo publicado el 23 de noviembre de 2025 en el suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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