César López Cuadras, ‘El ojo más pispireto de Guasachi’

César López Cuadras, ‘El ojo más pispireto de Guasachi’

En las redes, Gerardo Esparza Rivas, quizá un amigo o vecino de César, lo llamó “El ojo más pispireto de Guasachi”, el pueblo imaginario que creó el hijo más famoso de Surutato y quien se inspiró en Guamúchil para escribir sus cuentos y novelas.

“Pispireto”, según un diccionario de bolsillo es una persona alegre, vivaz y algo coqueta. En el caso de López Cuadras podríamos agregar el adjetivo de carrilludo. Bien carrilludo dicen varios de sus parientes, lo cual no era de su exclusividad sino también de sus hermanos y varios de sus primos. Esa característica se reflejaría en el sarcasmo, la ironía y el constante fino humor de su obra literaria.

“El Indio”, tal y como lo llamaron desde pequeño sus padres y hermanos (porque era el más moreno de la prole), no fue una rara avis de la familia paterna de los López Zepeda y sus descendientes. César se dedicó a la literatura después de abandonar la economía a los 41 años y porque, dice él, un trasplante de riñón donado por su hermano Humberto, lo devolvió a la vida, pero varios de sus primos hermanos también tienen un claro dominio de la pluma en otros géneros. Sergio López Sánchez es un prolífico historiador de los teatros y circos de Sinaloa, José Luis López Duarte y Sandra López López han sobresalido en el periodismo escrito en Culiacán y Mazatlán, y Melina López Meyer es autora de numerosos artículos científicos. Dos generaciones antes, el abuelo Timoteo López, en Surutato escribía y leía los discursos de las fiestas patrias celebradas en el pequeño pueblo badiraguatense, y dos de sus tíos, Gilberto, creador del Corrido de Surutato, y Timoteo, eran compositores innatos. En realidad, César López Cuadras traía las letras en su ADN.

César nació en Surutato pero la memoria de Guamúchil, donde pasó su infancia y los primeros años de su adolescencia, es la que inspira la mayoría de sus libros. Varios de sus cuentos y anécdotas que aparecen en sus novelas, ya reinterpretadas por él, las recogió de historias que familiares, vecinos y amigos contaban en el pueblo que hizo famoso Pedro Infante. Lo que es cierto es que las narró mejor que nadie.

César, eterno enamorado de Kim Novak, como muchos hombres de su generación que conocieron a Eros soñando con la imagen de la rubia actriz, en 1967, a los dieciséis años dejó Guamúchil para ir a estudiar a Guadalajara y después a la Ciudad de México, pero, gracias a las cotidianas charlas con familiares y amigos que iban y venían entre Sinaloa y Jalisco, y a que la jaladora nostalgia lo regresaba constantemente a Guamúchil, nunca dejó de escuchar, lo que era inevitable: las habladas sobre los gomeros. Y, como muchos, los veía caminar cotidianamente en las calles de su pequeña ciudad o bebiendo una cerveza en una taquería. Así que, ¿quién podía dejar de hablar, o de escribir, sobre los sujetos que irían transformando la imagen de Sinaloa en México y después en el mundo entero?

César, quien nació en 1951, Leónidas Alfaro, en 1946, y Élmer Mendoza, en 1949, son tres escritores sinaloenses contemporáneos envueltos por la arrasadora atmósfera social que no pueden eludir y la plasman, con diferentes estilos y dominios, en sus novelas. En Sinaloa no habían sido los primeros en hacerlo porque casi tres décadas antes, en 1967, lo hizo A. Nacaveva, con su novela Diario de un narcotraficante, sin embargo, López Cuadras, Élmer Mendoza y Leónidas Alfaro, éste menos reconocido que los dos anteriores, lo hacen al inicio del boom de la que se ha llamado la “literatura del Norte”, a la que muchos han identificado tan sólo con la que narra al narco, lo cual es una simplificación.

Dice el crítico literario Oswaldo Zavala sobre la obra de César:

OBRA PÓSTUMA.

 

En abril de 2013, Ediciones B puso en circulación la novela Cuatro muertos por capítulo, unos días después de la muerte de su autor, el escritor sinaloense César López Cuadras (1951-2013). Desde la primera página, el libro rompe con la redituable mitología que domina en la narconarrativa actual para a cambio ofrecer una de las más fascinantes interpretaciones literarias que se ha escrito del fenómeno en los últimos veinte años. (…) El primer efecto de la desmitificación que lleva a cabo López Cuadras opera sobre aquello “que los periódicos llaman narcotráfico, pero quienes hemos habitado en sus tripas, engullidos, regurgitados y vueltos a tragar, si es que no arrojados por el culo, le llamamos ‘el negocio’ a secas”.

En una entrevista que le realizó la Revista de la Universidad de México, en la que le preguntan sobre su apuesta literaria, él respondió:

“La unidad de la obra. La propuesta estética está en la unidad formal y ésta se logra mediante una estructura con la que puedes manejar lenguaje, los personajes. Los temas no son tan importantes, tú puedes hacer tuyo un tema cualquiera: un policía corrupto, una prostituta, un bandido, un político, un rey, un pobre y elevarlo, darle condición literaria mediante el lenguaje que es vital: cómo habla, cómo se mueve, qué piensa”.

No podemos objetar que sin el dominio de las técnicas literarias César López Cuadras no hubiese trascendido en las letras mexicanas, sin embargo, son precisamente el tema del narco y la maestría que exhibe del habla sinaloense los elementos que, en medio del boom de la literatura norteña, lo llevan al éxito literario. Tan es así que, cuando escribe la novela Macho Profundo, ambientada en Guadalajara, no tiene la aceptación que logró el resto de su obra. Incluso él lamentaba que una editorial mayor como Cal y Arena no le haya aceptado publicar su única novela no inspirada en Sinaloa.

Lo cierto es que el autor de las novelas Cástulo Bojórquez, La Novela Inconclusa de Bernardino Casablanca, Macho Profundo, Cuatro Muertos por Capítulo, Mar de Cortés y El Delfín de Kowalsky, y Cuentos Reunidos, y el libro de cuentos (que personalmente gocé más), La Primera vez que vi a Kim Novak, escribió una obra para que, según la crítica Adriana Valderráin (Letrarte, 18 de abril de 2013) coloque a César López Cuadras, El Indio, para su familia, “entre lo más granado no sólo de su estado natal, sino de las letras mexicanas”.

Artículo publicado el 19 de octubre de 2025 en el suplemento cultural Barco de Papel.

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