Qué tal amigos.
Hoy, en esta mi primera colaboración en este suplemento cultural Barco de Papel, déjenme contarles algo que pocos saben: la verdad de Navito, un lugar que, para el caso, casi nadie ubica en Culiacán, pero que tiene un chorro de historia. Como buen metichón sinaloense, de esos que se clavan en cosas que a nadie más le importan, me puse a investigar y aquí les traigo el chisme completo, para el que quiera entrarle al rollo.
Por principios de cuentas les diré que Navito está a un tiro de piedra de Eldorado, como a unos dos kilómetros y medio, por la carretera que va para Quilá. ¿Y por qué me puse a darle vuelo a este pueblo? Pues porque, según las crónicas, fue justo ahí en donde los conquistadores españoles pusieron el pie por primera vez en estas tierras.
Resulta que Nuño Beltrán de Guzmán, un español de pocas pulgas pero bien aventado, salió de Chametla en 1531 con la idea loca de encontrar la tierra de las amazonas, esa leyenda medio fumada que traían los gachupines desde el viejo mundo. Venían buscando de todo: el Dorado, la fuente de la juventud, la piedra filosofal, ¡qué sé yo! Total, que andaban bien en friega y llegaron a un punto del río San Lorenzo, que en ese entonces le decían Tabalá (y créanme, hay morrillos en Navito que todavía le llaman así). Ahí, cerquita de donde está el Navito de hoy. Los nativos, para evitar broncas, los recibieron con una pachanga de aquéllas. Imagínense: comida, bebida, y para el remate, los más jóvenes del lugar se pusieron a jinetear cocodrilos para el espectáculo. ¡Órale! Los españoles, con sus armaduras brillosas y sus caballos, se quedaron con la boca abierta. Ni de locos se subieron a un lagarto, por más que los nativos los retaban.
Total, que a Nuño le encantó el lugar. Las tierras eran bien fértiles, los nativos buena onda, y el río estaba ahí nomás. Entonces dijo: “Aquí la armamos”. Y así, en 1531, fundó la Villa de San Miguel de Navito, en la margen izquierda del río, frente al pueblo indígena que ya existía en la margen derecha. O sea que, había dos Navitos: el de los nativos, que ya estaba de antes, y el de los españoles, que era la villa nueva.
Pero aquí viene lo chilo. Con el tiempo, el río San Lorenzo se puso bien loco con sus inundaciones. Esas crecidas eran de miedo, y cambiaron el cauce del río para el lado izquierdo de donde pasa ahora. Eso hizo que los dos Navitos, el indígena y el español, quedaran del mismo lado, en la margen derecha. Por eso, hoy no encuentras muchos rastros de la conquista en la otra orilla. El Navito “viejo”, el de los nativos, estaba en lo que ahora se conoce como El Palmar, en el ejido San José, como a dos kilómetros de Eldorado. Ahí han escarbado y encontrado urnas, ofrendas, figurillas de barro, vasijas y hasta pipas indígenas. En cambio, en el Navito “nuevo”, el de los españoles, lo que hallas son restos de la época colonial: tumbas viejísimas, huesos y cosas por el estilo.
Ahora, ¿por qué los españoles no se quedaron en Navito? Pues porque las inundaciones del San Lorenzo eran cosa seria. Poco a poco, los gachupines se fueron jalando para Culiacán, llevándose el nombre de la villa. No fue que se fueron todos en bola de un día para el otro; fue despacito, y al final, los que se quedaron fueron más que nada los indígenas de la zona, que siguieron dándole vida al lugar. Pero, para el caso, la Villa de San Miguel de Navito se fue apagando, aunque nunca desapareció del todo.
El último rastro de los españoles en Navito fue la iglesia de San Miguel, pero se la llevó la corriente en la inundación de 1896, según contaban los abuelos del lugar. Hoy, si escarbas en Navito, encuentras tumbas por todos lados. Algunas son puro ladrillo, otras nomás un cuadro en la tierra, con las inscripciones borradas por el tiempo. Pero ojo, nunca han hallado armas, petos, ni cosas de esas que traían los conquistadores. Y es que, la verdad, los españoles no duraron mucho ahí. Si alguno se moría, seguro prefería que lo enterraran en Culiacán, a donde ya se estaban mudando.
Entonces, para el que me pregunta, yo digo que el Navito de hoy es el mismo San Miguel de Navito que fundó Nuño de Guzmán en 1531. El Navito “viejo” indígena se esfumó, y en su lugar está El Palmar. Y aunque a muchos no les interese, para mí, este pedacito de tierra es una joya de la historia de Culichi City. Así que, si andas por ahí, échale un ojo y piénsale tantito: aquí fue donde empezó todo.
Artículo publicado el 14 de julio de 2025 en la edición 14 del suplemento cultural Barco de Papel.



