Pedro Páramo y sus pasos por el cine

Pedro Páramo y sus pasos por el cine

El propio Juan Rulfo reconocía la complejidad de Pedro Páramo (1955) y aclaraba que escribió la novela con la intención de que se leyera tres veces, para poderla entender, y es que acompañar a Juan Preciado en su viaje a Comala resulta enigmático y fascinante desde las primeras líneas, reconocidas como uno de los inicios más atractivos de un libro: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera”.

La obra del jalisciense no se distingue por extensa: además de Páramo publicó la novela El gallo de oro (1980) y la colección de cuentos El llano en llamas (1953), cada libro con alrededor de apenas 150 páginas, pero eso no impide que los párrafos desarrollen un estilo único e insuperable, con el que el narrador se posicionó como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX.

En Pedro Páramo, uno de los primeros textos enmarcados en el realismo mágico, Rulfo hizo lo que quiso con el tiempo y el espacio: logró fusionar pasado, presente y futuro como si se tratara de uno solo; y consiguió que, habitada o sin gente, con vivos o muertos, la atmósfera de Comala deambulara entre lo real y lo ficticio de manera convincente. En ese libro expuso el tema de la muerte, no necesariamente como el final, sino como una forma en que las personas permanecen en su sitio y conviven con los suyos, así sea desilusionados y hartos.

Si entender la novela implica una faena, adaptarla como película resultaría casi imposible. Aun así, Carlos Velo realizó Pedro Páramo en 1967, que destaca por el excelente trabajo de la mayoría del elenco, de quienes sobresale el impecable Ignacio López Tarso como Fulgor Sedano, el administrador de Pedro, que le facilitaba el camino para hacer de las suyas y salir invicto; la notoria fotografía de Gabriel Figueroa; y una extraordinaria ambientación, muy cercana al espíritu de Comala. Sin embargo, aun con su nominación en el Festival de Cannes, falla en elegir al estadounidense John Gavin para el papel de Páramo, quien no tenía el porte de mexicano necesario, de acuerdo con la novela.

En 1978 apareció Pedro Páramo: El hombre de la media luna, de José Bolaños. Musicalizada por nada menos que Ennio Morricone y nominada al Ariel en coactuación masculina y femenina, fotografía, escenografía y ambientación (ganó estos últimos tres), cuenta con la destacada interpretación de Manuel Ojeda como Pedro. Tiene en contra una excesiva duración de 180 minutos y que la historia se percibe más melodramática y menos fantasmal (algo clave del libro), porque se centra más en la relación de Pedro y Susana. Con mucho menos éxito, Salvador Sánchez realizó una tercera adaptación en 1981, con Claudio Brook, Guillermo Gil, Cristina Rubiales y el propio Sánchez, en el elenco.

En noviembre de 2024 se estrenó Pedro Páramo, la cuarta versión cinematográfica, distribuida por Netflix, que representa el inicio de Rodrigo Prieto como director, tras una larga, impecable y reconocida trayectoria como cinefotógrafo. El filme disponible en esa plataforma, quizás sea el que más se acerque al mundo rulfoniano, gracias a la habilidad del guionista español Mateo Gil, quien consiguió fusionar los diferentes tiempos de la historia, narrar las situaciones y construir los personajes conforme a la novela. La atmósfera de misterio, irrealidad, soledad y austeridad queda excelentemente recreada con el diseño de producción de Eugenio Caballero y la dirección de arte de Ezra Buenrostro. La fotografía es otra de sus fortalezas, a cargo de Nico Aguilar y el propio Rodrigo, al igual que la extraordinaria música del reconocido Gustavo Santaolalla.

El elenco es la otra ventaja: Tenoch Huerta, quien regresa al cine luego de una pausa por el conflicto que tuvo con la saxofonista María Elena Ríos, es muy convincente como Juan Preciado; Manuel García-Rulfo, posicionándose como uno de los mejores de su generación, se muestra lo mismo vulnerable que poderoso como el enigmático Pedro Páramo; Mayra Batalla, cada vez más frecuente en las producciones, derrocha su gran capacidad histriónica al darle vida a Damiana; Roberto Sosa, como el padre Rentería, reafirma que su presencia siempre es de admirarse; Dolores Heredia entrega una Eduviges Dyada muy similar a la imaginada (por mí) a partir del libro; Noé Hernández es muy notable como el reacio y áspero Abundio; Ilse Salas logra una creíblemente empoderada Susana; y Héctor Kotsifakis queda muy bien del entrón y eficiente Fulgor con acento norteño.

Si bien Pedro Páramo de Prieto no es una obra maestra y no hizo mucho ruido en su estreno, indiscutiblemente se trata de una ópera prima que supera las expectativas de un por demás talentoso fotógrafo que entró por la puerta grande a la dirección: por llevar al cine un libro que representa bastante en la literatura mundial; y por el equipo de producción y de intérpretes de quienes se rodeó para concebirla. Si el texto consigue que el lector sienta la canícula, la película logra, además, que la aprecie y experimente como, quizás, nunca lo ha hecho en la realidad.

Artículo publicado el 01 de junio de 2025 en la edición 12 del suplemento cultural Barco de Papel.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.