Padre Páramo

Padre Páramo

Si el tema de Malcolm Lowry es el de la expulsión del paraíso,
el de la novela de Juan Rulfo (Pedro Páramo) es el del regreso.

Por eso el héroe es un muerto: sólo después de morir
podemos volver al edén nativo.

Pero el personaje de Rulfo regresa a un jardín calcinado,
a un paisaje lunar, al verdadero infierno.

El tema del regreso se convierte en el de la condenación;
el viaje a la casa patriarcal de Pedro Páramo es una nueva versión de la peregrinación del alma en pena.

El simbolismo —¿inconsciente?— del título: Pedro, fundador, la piedra, el origen,
el padre, guardián y señor del paraíso, ha muerto;

Páramo es su antiguo jardín, un llano seco, sed y sequía,
cuchicheo de sombras y eterna incomunicación.

El Jardín del Señor: el Páramo de Pedro.

Juan Rulfo es el único novelista mexicano que nos ha dado una imagen
—no una descripción— de nuestro paisaje.

Como en el caso de Lawrence y Lowry,
no nos ha entregado un documento fotográfico o una pintura impresionista
sino que sus intuiciones y obsesiones personales
han encarnado en la piedra, el polvo, el pirú.

Su visión de este mundo es, en realidad, visión de otro mundo.
Octavio Paz, Corriente alterna.

Padre Páramo es la metáfora del padre yermo, árido, desértico, ausente, lejano, que no sólo alude a la orfandad real de Rulfo, sino al desamparo y la soledad de nuestro pueblo originario y de la humanidad misma, develado por Octavio Paz desde su laberinto. Porque Pedro Páramo es un mito moderno, que permite simbolizar al patriarca que tiene que, por destino inconsciente, preñar a todas las hembras, en una fantasía que vive como realidad, pues la ley de la cultura le prohíbe aparearse con la madre.

Para abordar el mito de Pedro Páramo es preciso aprehenderlo como una protofantasía, que no se realiza en la historia sino en la transhistoria, donde la ficción se funde con la realidad, en un tiempo que no es lineal sino espiral, porque “la verdad tiene estructura de ficción” (Jacques Lacan). De aquí que a Pedro Páramo no le falte, en sentido clásico, un argumento; por ello se desliza por diversos planos, en un juego de diacronías y sincronías, en plena “asociación libre”, en un tiempo que es un sueño y una pesadilla, como la tragedia, que no se resuelve como la comedia, pues los mortales estamos destinados a la muerte.

Juan Preciado es un personaje mítico, movido por la promesa a la madre de ir en busca de su origen, viajar a Comala a excavar, como un arqueólogo, a través de un “eterno retorno” a otro mundo, donde las arenas muertas de los relojes indican que todos los habitantes de Comala, hasta el narrador, son muertos que se comunican con los vivos, y los vivos escuchan los murmullos de los muertos, cual reinos que entretejen la urdimbre de la tragedia.

Octavio Paz pone entre interrogantes que el título de la novela sea inconsciente (Paz, Corriente alterna, México, Siglo XXI, 2009), aunque lo interpreta en una forma muy próxima a la que se realiza en el encuentro del deseo inconsciente en la experiencia psicoanalítica: la lectura al pie de la letra: Pedro como fundamento, piedra, origen y padre, y Páramo como “llano seco, sed y sequía, cuchicheo de sombras y eterna incomunicación”.

“Todos somos hijos de Pedro Páramo”, como dice Abundio, desde el principio. Un padre dudoso o ausente que ahoga sus penas en alcohol, o un padre muerto desde siempre, como todos los dioses, a los que se rinde culto, porque al prohibir a la madre lo tenemos que matar… pero al matarlo, la culpa ya no nos permite acceder a la madre, sino fundar la ley que impide violentar lo sagrado, fundamento del culto y la cultura, que prohíbe el incesto y el parricidio, y por extensión el asesinato y el canibalismo.

Mito y poesía de la orfandad evoca el nacimiento de Huitzilopochtli, el hijo preferido de la Coatlicue de Coatepec, que queda encinta cuando barría, con sólo guardar una pluma en su seno, y al que los Cuatrocientos Surianos y su hermana Coyolxauhqui tramaron asesinar por deshonrarlos con semejante perversión. Huitzilopochtli era venerado por los mexicas, pues nunca se supo quién era su padre (Códice Florentino, versión de León-Portilla). La ausencia del padre está en la raíz del mito: hijo preciado y madre dolorida como Dolores Páramo, que evoca a María, la Dolorosa, que también tuvo un hijo sin padre.

“Todos somos hijos de Pedro Páramo”, el semental que preña a todas las mujeres. Recordemos, a propósito de la vida incestuosa que viven dos hermanos, a los que no quiso perdonar el obispo que pasó por esas tierras, con los que pasa la noche Juan Preciado: “Y ésa es la cosa por la que esto está lleno de ánimas; un puro vagabundear de gente que murió sin perdón y que no lo conseguirá de ningún modo, mucho menos valiéndose de nosotros…” Así devela Rulfo el ser mexicano y universal: ser de la culpa.

La salida en falso de este conflicto con el padre ausente o irresponsable, que debe pagar caro, es el traslado de lo imaginario al plano de la política. Pedro Páramo, al negociar con los alzados de la Revolución Mexicana, les pregunta por la causa, y ellos responden que están hartos de los caciques como Pedro Páramo y del gobierno, pero que a éste se lo van a decir a balazos (mientras que para el padre no hay palabras para decirle el odio que el pueblo le tiene por la desgracia en que lo tiene).

El nombre del padre, Pedro Páramo (padre simbólico), se deforma con la versión imaginaria de la madre, el culpable de toda la desgracia (Lacan, Le hetique de la psychanalyse, Seuil, 1986:308), que aunque salvífico y origen de nuestro ser, al final de la novela el padre real, Padre Páramo, se desmorona como un montón de piedras (Lacan, Reverse de la psychanalyse, Seuil, 1991:147-148).

*La autora es poeta, ensayista, académica e investigadora. Doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Doctora en Psicoanálisis por el Centro de Investigación y Educación en Psicoanálisis y Diplomada en Igualdad Sustantiva por la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco y la Secretaría de las Mujeres. Autora, coordinadora y coautora de 50 libros y 300 ensayos, además de poemarios y poemas en antologías nacionales y extranjeras. Conferencista magistral y ponente en 100 foros académicos internacionales y nacionales. Directora, integrante del consejo editorial y colaboradora de las revistas y medios de comunicación La Nave de los Locos, Letra Franca, Levadura y Estenógrafo. Premios Presea Princesa Eréndira (2012) y Amalia Solórzano (2013).

Artículo publicado el 01 de junio de 2025 en la edición 12 del suplemento cultural Barco de Papel.

 

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