Eduardo Granados Palma, sentenciado por el homicidio de su novia en 2004, en Culiacán; es señalado de asesinar a su ex pareja y al hijo en ella en Jalisco.
Las víctimas del homicidio en Jalisco son Astrid y su hijo de 16 años; y su hija de 10 años quedó lesionada.
En una entrevista con N+, Karla, hermana de la víctima, señaló a Eduardo como presunto responsable.
Dijo que su hermana y él se habían separado y él se desapareció porque tenía una deuda muy grande.
Mencionó que en un video del día del asesinato se observa a Eduardo estacionar la camioneta de su hermana.
En Sinaloa era propietario de la empresa Grapesa Internacional, que fue contratada por el gobierno del estado durante la administración de Juan Millán, para capacitar policías.
El 12 de marzo de 2004, Granados Palma asesinó a martillazos a su novia, Martha Berenice, en una casa en la colonia Las Quintas, pero dejó el cadáver en las riberas del río Tamazula y las pertenencias de la víctima en el canal Recursos Hidráulicos; y días después fue detenido.
El 4 de marzo de 2006 escapó del penal por el juzgado donde se llevaba su proceso penal con ayuda de una secretaria y dos personas más; y el 15 de marzo fue recapturado en Guadalajara.
En 2015, fue sentenciado a 24 años de prisión, pero obtuvo su libertad en 2020, al haber cumplido 16 años de condena.
Cuatro años después, de nueva cuenta, Granados Palma es señalado de homicidio.
El asesinato ocurrió el pasado 3 de marzo en el fraccionamiento Alicante Capital Norte, en Zapopan, Jalisco, donde presuntamente asesinó a golpes a su ex pareja Astrid y el hijo de ella, Fernando, de 16 años; y lesionó a Isabela, de 10 años.
Tras obtener su libertad por el asesinato de Martha Berenice, creó la fundación Granados Palma para transformar y dignificar la labor policial.
En el portal de su fundación pide perdón a Dios por lo que hizo y a la familia a la que tanto daño le hizo.
“Dios me bendijo con una vida llena de amor y prosperidad, y lo traicioné. Traicioné también el inmenso amor de mis padres. Traicioné la educación que me dieron mis maestros y traicioné la responsabilidad de ser padre y esposo. Traicioné la mano que me tendieron mis amigos, pero principalmente traicioné la confianza y el amor de quien me entregó su corazón y le arrebaté la vida”.








