El más grande científico de la historia llegó en 1932 a Nueva York, exiliado por la feroz dictadura nazi en Alemania.
Y sus amigos lo llevaron muy pronto al Yankee Stadium, donde disfrutó las últimas tres temporadas de Babe Ruth en Nueva York (ese año conectó 41 para la calle).
Albert Einstein se identificó muy rápido con el beisbol, pero cuando el destacado historiador de este deporte, Michael Aubercht, tuvo un encuentro con el genio de la física y le propuso orientarlo sobre el juego a cambio de que le enseñara la relatividad, él célebre alemán le respondió: “No creo que sea posible, usted aprenderá relatividad más rápido de lo que yo aprendería del beisbol”. Einstein conoció en Nueva York a varios personajes del beisbol, entre ellos al descendiente de alemanes y para entonces retirado short stop, Honus Wagner, considerado el mejor de la historia en su posición.
A Einstein le fascinaban los números y de allí su invaluable aporte a las matemáticas.
De acuerdo a los historiadores, a Einstein no solo le llamó la atención el beisbol por todas sus estadísticas, sino ver las reglas tan complejas y la precisión con la que se jugaba, además de que conocía el inicio de un juego, pero no la hora en que terminaría hasta caer el último out.
Y así, entre sus genialidades, Albert Einstein fue quien bautizó al beisbol como El Rey de los Deportes.



