Cuestiona la violación de sus derechos humanos sin haber cometido delito: fue golpeado por grabar a un agente en un espacio público
“La descomposición y corrupción en nuestras autoridades no es solamente personal, es institucional”, denuncia el abogado Mario Cabrales Orona, después de la odisea vivida con un agente de Tránsito y dos policías municipales de Mazatlán, que apoyaron al primero al trasladarlo en su patrulla esposado, mientras el agente vial lo golpeaba para despojarlo de su teléfono celular, durante el trayecto desde la tienda Soriana Santa Rosa hasta el centro de Seguridad Ciudadana.
Los hechos ocurrieron el domingo 7 de julio, aproximadamente a las 11:30 horas, cuando en el puente peatonal ubicado en el cruce de la avenida Santa Rosa y Libramiento Luis Donaldo Colosio, un agente de tránsito estaba deteniendo tráileres y autobuses charteros en vez de operar el semáforo.
Cabrales Orona relató que el funcionario público no traía patrulla ni motocicleta ni carpeta de infracciones de tránsito y ya tenía desde el viernes 5 de julio, deteniendo selectivamente tráileres y autobuses charteros que no pertenecían a empresas reconocidas y que por lo mismo son más fáciles de extorsionar.
El abogado, movido por la curiosidad y el interés ciudadano de documentar los hechos, tuvo la osadía de grabar con su teléfono celular desde el puente peatonal cuando el tránsito tenía detenido un autobús en dicho tramo carretero.
Cuando se dio cuenta de que el tránsito se encolerizó porque lo estaba videograbando, marcó al teléfono 911 para pedir que acudieran al lugar de los hechos y verificaran si las actuaciones del agente correspondían a la ley.
“No alcancé a recibir mi número de reporte, pero a los del 911 les digo lo que yo veo que se me hace sospechoso, incorrecto o irregular lo que hace el funcionario público, que envíen a alguien para que verifique qué está pasando con ese agente de Tránsito”, enfatizó.
Desde ese momento la violencia desatada por el funcionario público para quitarle su teléfono celular no tuvo límites, al grado de recurrir a un civil que, azuzado por aquél, intempestivamente hizo intentos fallidos para quitárselo.
Al ver el fracaso de su emisario, el agente se abalanzó sobre el abogado, lo derribó a la rampa del puente peatonal y con tácticas policiales intentó inmovilizarlo, amenazándolo de muerte y de que procedería a detenerlo por intento de agresiones al civil que había corrido sin apoderarse del teléfono.
Durante el forcejeo, el derribado logró incorporarse y corrió a resguardarse a las instalaciones de Telcel, contiguas al estacionamiento de Soriana Santa Rosa, donde después de informarle al guardia de seguridad de dicha empresa que no había cometido ningún delito, suplicó auxilio, pero este se lo negó entregándolo a los policías municipales.
Cabrales Orona, quien siempre se mantuvo en su postura de que no había cometido ningún delito, se subió a la patrulla policiaca por su propio pie, confiando en que cesarían las agresiones, pero ocurrió lo contrario porque a pesar de que había sido esposado, el agente de tránsito lo golpeó durante su traslado a Seguridad Ciudadana ante la mirada cómplice del policía municipal.
“Yo me subo voluntariamente a la unidad, voy limpiecito de mi ropa, de mi cara, pero por qué suben al tránsito encima de mí, y a él no le importó que hubiera personas documentando y me da los primeros cariños (golpes) con mucho amor en ese trayecto, de ahí para cuando ya llego a seguridad pública ya voy bañado en sangre”, acusó.
Cuando el detenido llegó a Seguridad Ciudadana encontró a un juez de Barandilla fungiendo como un policía más y a un médico indolente que limpió sus heridas con un trapo y ordenó que se lo llevaran a suturar las heridas.
“De las lesiones que llevaba en mi espalda ni cuenta se dio el médico, porque ni levantó mi camisa para revisarme, solo me limpió mis heridas con un trapo y me dijo ‘necesitas sutura, que te lleven…”, comentó el agraviado.
El lesionado por sus propios medios acudió a la Cruz Roja Mexicana donde recibió atención médica oportuna, le cosieron sus heridas y le pidieron que se levantara su camisa para examinarle las heridas sufridas en su espalda.
“¡Ah, qué bárbaro!”, exclamaron, cuando examinaron su espalda.
—¿Cuánto te cobraron cuando te liberaron de las celdas de la policía municipal?
—Nada. El juez me dijo que no iba a quedar ni registro de mi ingreso, porque no había motivo, causa o razón de mi arresto. No hubo multa ni amonestación, o sea, es como si nunca hubiera ingresado en las celdas. Jurídicamente hablando yo no estuve ahí. No me dieron un recibo porque no pagué nada, no me dieron ninguna boleta de infracción, porque no cometí ninguna infracción, no duré ni un cuarto de hora arrestado, porque no había razón para mi arresto. Sin embargo, materialmente sí estuve físicamente aproximadamente 10 minutos.
—Tengo entendido que ya interpusiste las denuncias correspondientes. ¿En esa tesitura, qué sigue?
—Ahora que tengo información del agente de tránsito que me agredió, información que hizo pública el presidente municipal, en el sentido de que ya tiene bastantes antecedentes, señalamientos, denuncias, pues que se anexe esta más para ver si es suficiente para que mi agresor sea despedido de su trabajo.





