Cine: Nebraska

Cine: Nebraska

Para Woody Grant (Bruce Dern), un adulto mayor con demencia senil, no se trata de un “gancho” publicitario: toma como verdad el anuncio que le llegó por correo, de que ganó un millón dólares. Mientras Kate (June Squibb), la esposa, y Ross (Bob Odenkirk), uno de sus hijos, insisten en ingresarlo en una casa de retiro, David (Will Forte), su otro hijo, prefiere seguirle el juego y recorrer mil kilómetros hasta Nebraska, para “reclamar” el dinero.

 Lo que en un principio parecía una oportunidad de convivencia con el padre, sanar los resentimientos atorados por años, mientras se pretende ir en busca de un premio ficticio, sirve también para conocer realmente a familiares, parientes y viejos amigos, cuando el oportunismo aflora envidias, egoísmo, infidelidades y deudas pendientes. 

Si Nebraska (EU/2013), dirigida por Alexander Payne (Los que se quedan, 2023; Los descendientes, 2011; Entre copas, 2004) estuvo nominada en seis categorías del Oscar (película, director, actor, actriz de reparto, guion original y fotografía), en cinco de los Globos de Oro (las mismas, excepto fotografía) y si Bruce Dern se coronó como el mejor actor en Cannes el 2013, no fue solo porque sí: la cinta escrita por Bob Nelson está cargada de virtudes tanto en la forma como en el fondo.

La principal ventaja del filme es ilustrar acertadamente el contexto de un anciano con deterioro cognitivo, no solo en lo que implica para él no comprender, no retener, ni recordar la información como antes; no medir las consecuencias de sus acciones, ser demasiado crédulo y no ver la realidad por más expuesta que esté. También, por cómo muestra la situación desde la perspectiva de su familia, al lidiar con su terquedad, renuencia, testarudez y con una enfermedad de mil caras, difícil de detectar, asimilar, convivir con ella y sobrellevarla.

Ante una situación así, quizás lo más próximo sea reaccionar como Kate (la esposa) y señalar, inculpar y reclamar, y lo más lejano y arduo llegar a los alcances de David (el hijo): hacer a un lado el resentimiento por las palabras/acciones no recibidas, o sea, “doblar las manos” y, a pesar de las carencias afectivas, emocionales y las que resulten, darle atención, cariño y afecto al padre, lo cual desembocaría en un beneficio mutuo.

La cinta disponible en Max sobresale por su fotografía en blanco y negro, que encuadra y compone perfectamente los áridos y desolados paisajes que bien podrían asemejarse a la mente de Woody; por contar su historia en una especie de roadmovie que obliga a los personajes a no ser los mismos al final del viaje, sino unos que, mediante las experiencias del trayecto crecen en lo personal; y por su fluida narrativa que provoca atención total permanente.

El mayor valor del sexto largometraje de Payne es la extraordinaria e impecable interpretación de Dern. Es cierto que June Squibb hace un magnífico papel como la esposa quejumbrosa y harta de la condición de su marido, y que Will Forte es muy acertado como el hijo que empatiza con la situación del padre y lo apoya. Sin embargo, Bruce registra de manera exacta a un adulto mayor con problemas de memoria, quien no es el único que experimenta frustración, coraje, impotencia y un sin fin de emociones: logra que el espectador las viva igualmente con él. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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