En ‘Hacinado’, reivindica la vida en la colonia Barrancos

En ‘Hacinado’, reivindica la vida en la colonia Barrancos

La primera novela de Bibiana Hernández cuenta la historia de una pareja de ancianos, pero también la de un asentamiento estigmatizado del sur de Culiacán

 

 

 

Bibiana Hernández llegó a la colonia Barrancos hace 10 años, cuando obtuvo su plaza como maestra de secundaria. Venía de Tecuala, Nayarit, una comunidad pequeña, donde las relaciones entre vecinos tenían otro ritmo.

En Culiacán, descubrió un paisaje urbano particular; andadores largos, casas alineadas, ventanas frente a ventanas. Espacios que, más que escenarios, influyen en la manera en que las personas se miran o se evitan.

Uno de los recuerdos que más la marcó fue el de una pareja de ancianos que vivía frente a una de las casas que rentó. Casi no recibían visitas, de vez en cuando llegaba una hija.

Bibiana los veía desde lejos, sin acercarse demasiado. Su esposo, en cambio, intercambiaba algunas palabras con ellos. En aquel momento no imaginaba que esas pequeñas escenas cotidianas terminarían transformándose en literatura, en una novela que tituló Hacinado.

“Primero escribí un cuento sobre ellos. Era solo un ejercicio, algo que necesitaba sacar. Me impresionaba ver cómo la gente vivía tan cerca, pero al mismo tiempo tan distante. La cercanía física no siempre significaba convivencia”, dijo.

La novela, explicó que está profundamente ligada al espacio. Barrancos no es solo el lugar donde transcurre la historia, sino un personaje más. “En la historia aparecen las calles, los andadores, la arquitectura de las viviendas y la cercanía entre vecinos moldean las relaciones humanas”, detalló.

“El espacio influye en nuestra conducta. Donde vivimos moldea nuestra vida y la de los demás. También puede ser una oportunidad para hacer comunidad, pero muchas veces sucede lo contrario: cada vez nos encerramos más”.

En Hacinado aparecen personajes peculiares, aquellos vecinos que observan desde la distancia, mujeres que comentan la vida ajena, un hombre que carga con el deterioro de la enfermedad de su esposa, miradas que se cruzan desde las ventanas.

Persiste también una sensación constante de vigilancia, de vida compartida y al mismo tiempo, fragmentada.

 

Barrancos, la otra ciudad

Bibiana desconocía todo lo que se decía de la colonia Barrancos, porque a muchos les sigue sorprendiendo que viva ahí, pero para ella es su territorio de vida, también su universo creativo.

“Yo vivo muy a gusto ahí, es el lugar perfecto para mí, tiene sus características, pero es como cualquier lugar de Culiacán. Es el espacio donde habito y moldea no solo mi vida, sino la de los demás”, precisó.

“No pensaba en publicar sobre este tema, ni hacer una novela. Ese impulso por escribir lo tenía desde la primaria, yo ya había sentido afinidad por las palabras, pero durante años lo consideré solo un gusto personal”.

Fue hasta que tuvo acceso a internet, cuando también vivió en Mazatlán, que comenzó a buscar información sobre la escritura, a ver videos, a leer consejos y a descubrir que la literatura también podía ser un oficio.

Cuando se decidió a escribir de manera formal, fue en los años de la pandemia, un periodo difícil, donde perdió a su esposo y apareció la incertidumbre económica, el peso de sostener a su familia y continuar con su trabajo docente.

“En terapia me preguntaban qué podía hacer para darle sentido a mi vida. Yo ya escribía, pero entonces lo tomé más en serio. Era una manera de entender lo que estaba viviendo”, comentó.

 

Escribir para sanar

Bibiana comenzó a participar en clubes de lectura y talleres literarios en Culiacán. En 2022 ingresó a un taller coordinado por el escritor Élmer Mendoza, donde retomó aquel cuento inicial y empezó a transformarlo en una novela. Así nació Hacinado.

“Me interesan los temas sociales, lo que surge de la vida diaria, yo trabajé mucho para hacer esta novela, la mandé a una convocatoria de la UAS y se hizo realidad este oficio que tengo, el de escribir”, explicó.

Sus influencias literarias son diversas. Durante la pandemia leyó mucha poesía, especialmente a Miguel Hernández y Fernando Pessoa, cuyas voces la acompañaron en momentos de duelo e introspección.

En narrativa, reconoce la importancia de autores como José Revueltas y Nicanor Parra en su manera de entender la literatura como una herramienta crítica y humana.

Publicar el libro significó para ella una confirmación personal. No solo como escritora, sino como alguien que ha atravesado momentos difíciles y ha encontrado en la creación una forma de seguir adelante.

“A veces dudaba. Pensaba en mis hijos, en el trabajo, en las dificultades, y me preguntaba si valía la pena. Pero escribir me da energía. Es algo que me reafirma”.

“La recepción de la novela ha sido variada, como suele ocurrir con los libros. Algunas personas que viven en Barrancos se reconocen en los espacios y en las atmósferas, otras encuentran en la historia reflejos de cualquier zona urbana donde la proximidad no siempre genera comunidad”, apuntó.

“Los libros dejan de ser de uno cuando se publican. Cada lector encuentra algo distinto. El tiempo es el que termina diciendo qué significa una historia”.

Artículo publicado el 15 de febrero de 2026 en la edición número 21 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

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