Crónica: Aquellos que esperaron en silencio; 57 cuerpos recuperados en Culiacán

Crónica: Aquellos que esperaron en silencio; 57 cuerpos recuperados en Culiacán

La jornada de exhumación concluyó en el panteón 21 de Marzo, pero hasta el momento ninguno de los cadáveres sepultados en la fosa común ha sido identificado

 

 

El sonsonete de las palas raspando la tierra despoja del silencio al camposanto. Una retroexcavadora abre un boquete bien cuidado; ahí abajo, a unos cuantos metros, 14 cuerpos esperan ser recuperados. De ninguno se conoce el nombre ni la edad: son los “no identificados” y “no reclamados” del Servicio Médico Forense (SEMEFO).

Desde hace cinco meses, un equipo forense trabaja la tierra en el panteón municipal 21 de Marzo, al sur de Culiacán, realizando labores de recuperación en una de las fosas comunes más grandes del estado; se proyecta que alrededor de 850 cuerpos permanecen ahí, debajo de la tierra, acompañados únicamente de cruces sin nombre.

Previo a la intervención, el Programa Estatal de Recuperaciones, Resguardo Temporal e Identificación Humana (PertiDH), en coordinación con la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas, realizaron un análisis de escritorio con personal de la Fiscalía General del Estado (FGE), dando prioridad a las averiguaciones previas de los casos que datan de 2009 a 2013.

En su momento, los cuerpos fueron considerados personas no reclamadas o no identificadas, por lo que fueron inhumados en la fosa común; por ello la insistencia de las familias de no desechar los casos de larga data.

La intervención buscaba, además, revisar si los registros de la FGE correspondían a lo que se contemplaba en las excavaciones. Inicialmente, el listado proyectado arrojaba la recuperación de 55 averiguaciones previas en ese espacio, es decir, 55 cuerpos; sin embargo, finalmente se exhumaron 57.

El miércoles 26 de noviembre, el último cuerpo fue recuperado a las 19:08 horas. La bolsa donde estaba embalsamado llevaba etiquetada la fecha: 6 de mayo de 2011; el día que fue inhumado, la única información que le pertenecía. También fue el más complicado de sacar. —¡Hurra! — gritó el grupo de forenses al liberarlo de entre la tierra.

 

Con cuidados de antropólogos

Cuando se llega a la zona más profunda, donde cada uno de los cuerpos se encuentra apilado y envuelto en hule negro, el equipo trabaja con cuidado. Es una actividad quirúrgica: el rigor de la retroexcavadora termina y, con brochas, van descubriendo los restos; empujan la tierra, liberan espacio y extraen.

De acuerdo con Karina Elizabeth Márquez Calderón, comisionada de la Comisión Estatal de Búsqueda, los cuerpos están acompañados de información de la FGE como parte de la identificación y contextualización de cada persona. Cada uno tiene registrado su año y fecha de inhumación, la fecha de hallazgo y el lugar donde se localizó.

“En su momento quizás la tecnología no estaba tan avanzada para poder realizar estos procesos de identificación (…) estos trabajos vienen justamente a retomar esta parte de los trabajos humanitarios”, señaló.

La mayoría de las personas exhumadas conservan tejido orgánico. En la última fase de recuperación, 13 de los 14 cuerpos fueron resguardados en gavetas con refrigeración, lo que permite conservar el tejido y una vez realizado el análisis de identificación, se obtenga más información sobre la persona; mientras que el resto permanece en gavetas subterráneas.

Para obtener un perfil genético, es necesario que la FGE recabe dichas muestras a través de sangre u objetos personales —como un cepillo de dientes— para construir una base de datos, una vez que la familia interponga una denuncia por desaparición.

El panteón tiene una cesárea formada por un canal que encamina el agua en tiempos de lluvia, generando una división en el terreno. De un lado trabaja el equipo especializado que recupera los cuerpos; del otro, un grupo de madres buscadoras. Durante las jornadas, turnan la mirada para observar cualquier movimiento que realice la brigada forense.

Están atentas para hacer sus anotaciones en una libreta pequeña; es una herramienta imprescindible durante los rastreos. Cuando un colectivo sale en búsqueda de sus tesoros, llevan su libreta para registrar la hora, fecha y las características del cuerpo: ropa, tatuajes, femenino o masculino y si había accesorios que los acompañaban. Esto les ayuda a compaginar la información con las cédulas de búsqueda.

Ante la imposibilidad de tener una vista más cercana a las fosas, sólo pueden anotar la hora en que fueron recuperados. Cada 10 minutos, cuerpo tras cuerpo vuelve al exterior. El primer cuerpo del último día de intervención fue exhumado a las 15:46 horas. Los forenses bajaron una camilla de rescate hasta una profundidad de 2.50 metros y, entre varias manos, cargaron los restos hasta una camioneta refrigerada del Centro de Resguardo Temporal e Identificación Humana (CertiDH).

En cada cuerpo exhumado, el grupo de madres aplaude; festeja su liberación. Frente a ellas 56 listones amarillos bailotean con el viento, simbolizan la esperanza: “Cada uno de los listones es como decirles ‘gracias por esperarnos tanto tiempo y disculpas también por no haberlos encontrado desde hace mucho’”, expresan.

Por otro lado, dentro de sus trajes blancos, el equipo forense imprime sus rituales. Minutos antes de comenzar las labores de recuperación, se reúnen en círculo y agachan la mirada, como si oraran; levantan un casco, que pasa de mano en mano entre las 13 personas que conforman el equipo, hasta volver al punto donde inició. Palas y martillos reanudan sus labores.

De los 57 cuerpos recuperados, hasta el momento ninguno ha sido identificado: “Aún no hay una hipótesis de alguna persona que se pueda identificar porque hay mucha información que analizar derivado de cada averiguación previa. Por ejemplo, información que contiene cada bolsa de cada cadáver o cada resto, cotejarla con la información que tiene fiscalía, el lugar del hallazgo o el lugar de los hechos, en su caso, y poder realizar todo ese análisis previo que obra también en las adecuaciones previas”, informó Márquez Calderón.

Artículo publicado el 30 de noviembre de 2025 en la edición 1192 del semanario Ríodoce.

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