Irreverentes, profundos, luminosos: los cuentos reunidos de César López Cuadras

Irreverentes, profundos, luminosos: los cuentos reunidos de César López Cuadras

Conocí a César López Cuadras cuando tenía 22 años. Asistí a un taller de cuento que impartió en la Facultad de Filosofía y Letras, y lo que al principio fue una relación maestro alumna se convirtió en una amistad entrañable, aunque nunca dejé de verlo como a un maestro. En 2010 me reuní con él en Guadalajara para entrevistarlo. Fue en aquel tiempo cuando leí La primera vez que vi a Kim Novak. Cuentos y relatos de GuasachiLa novela inconclusa de Bernardino Casa Blanca y Cástulo Bojórquez.

Ahora, quince años después, leo sus cuentos reunidos y voy de la risa a la nostalgia. Porque es imposible no encontrar el humor y la ironía en estos relatos de Guasachi —esta construcción imaginaria, mezcla entre Guasave y Guamúchil— que, según el autor: “está al norte del trópico y al sur del desierto, en una planicie enorme entre el mar y las montañas, lejos de Dios y cerca del infierno, justo al lado de un expendio de cerveza”. Y nostalgia, porque su ausencia nos conmueve. Es difícil, al hablar de un amigo, cambiar el “es, por el era”. Aunque, como dice Eduardo Antonio Parra: “Cuando el amigo ya no se halla entre nosotros, sus escritos son a la vez un atenuante de la pérdida, un repelente contra la tristeza y un recordatorio de los tiempos compartidos”.

Volver a estos cuentos es escuchar de nuevo su voz y reencontrarme con ese sentido del humor tan único y con la ironía mordaz con la que se aborda la esencia de este pueblo. Así que enfoquémonos en sus cuentos. Él era serrano de nacimiento y costeño por elección de su madre, quien con apenas un año lo llevó a vivir a Guamúchil, donde tiempo después conoció las aventuras del Barrio de la Iglesia. Ahí aprendió a robar las limosnas de las iglesias. Esto explica muy bien cómo el pueblo de su infancia influyó en las temáticas de los cuentos de La primera vez que vi a Kim Novak, en donde la Iglesia, la religión, el pecado, el sexo; lo prohibido y el mundo de los burdeles, son la maquinaria de sus historias. Guasachi, ese espacio literario entre lo real y lo imaginado, se convierte así en un espacio en el que proliferan el deseo, la culpa y, claro, la hipocresía.

En este primer libro encontramos cuentos en donde los temas tienen una carga muy fuerte, como es el caso de “El león que fue a misa de siete”, en donde un león aparece en plena misa, asustando a los asistentes, como lógicamente sucedería en una situación semejante. Sin embargo, César le da una vuelta de tuerca a su relato y cuenta la historia de un león en franca decadencia. Me parece que es el cuento más triste de este libro, pero también, el mejor logrado, pues además de presentarnos a un animal moribundo, nos muestra la doble moral y cómo este hecho se convierte, a través de una crónica periodística, en algo extraordinario. Ese tono entre la fábula, sátira y compasión, le dan la fuerza a sus textos: pues detrás de la fragilidad está siempre la risa maliciosa.

Por otro lado, está el cuento que da nombre a este libro. Aquí un grupo de amigos se suben de manera clandestina a las “espinosas ramas de un guamúchil” para ver las películas que daban en el cine y que, por su contenido —algunas veces hasta clasificación D— estaban prohibidas para ellos. En este texto, además de hablar del sexo, de lo prohibido, temas recurrentes del autor, está el manejo del humor respecto al lenguaje elevado, el cual siempre termina mezclando con expresiones coloquiales, como se aprecia en este fragmento: “De ninguna manera, no moriréis, no os preocupéis por eso. Lo que pasa es que el ruco sabe que el día que comáis de su fruto se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal. Así que no os echéis para atrás”. En este pasaje se ve la maestría de López Cuadras para tejer registros. Juega con la oralidad y convierte lo popular en toda una experiencia literaria.

En Mar de Cortés nos encontramos con las anécdotas, con lo que “cuentan que sucedió”, con los marineros de Topolobampo, la minería, la homosexualidad, así como la prostitución y el sexo, que siguen presentes. Este libro abre con “El precio del abandono”, un cuento en donde el buque Doña Carmelita, cuyo capitán aparecía en sus historias “ya como un mujeriego empedernido, ya como un degenerado ante el cual había que andarse cuidando el culo a todas horas”, tiene que fondear en la bahía de Topolobampo, pues su cocinero estaba enfermo y necesitaban atención del indio Toribio, un curandero muy famoso por aquellos lugares. ¿De qué estaba enfermo Manuelito y por qué nunca se curaba? Como dice el autor, “Era un mal de esos que el enfermo prefiere conservar en el anonimato para evitar ser víctima de escarnio”. Es por eso que el lector irá descubriendo por qué enferma y por qué recupera, de pronto, su andar ordinario. Vemos que detrás del chiste y la picardía, siempre hay una mirada hacia la fragilidad humana.

Esto es solo una pincelada de lo que encontrarán en sus cuentos: las historias de Guasachi, narradas con humor y picardía. Un espacio en el que hasta el cura del pueblo, o sobre todo el cura, viven la represión, aunque también la lujuria y el deseo. Pero aquí no se juzga ni condena, solo se muestra cómo estos personajes viven y respiran. López Cuadras escribía con independencia absoluta: abordaba temáticas incómodas y siempre me decía: “No pienso en el mercado o en las posibilidades de publicar, aunque después tenga que hacerlo. El drama humano es lo que interesa”, insistía, “y, en consecuencia, no sé por qué ha de ser más importante (o más dramático, si cabe la redundancia) un drama neoyorquino que uno de Guasachi”. Así que a leer, porque el león, el cura y todo ese pueblo polvoriento nos esperan.

Artículo publicado el 19 de octubre de 2025 en el suplemento cultural Barco de Papel.

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