Fuego en el corazón de Navolato

Fuego en el corazón de Navolato

Un tiroteo en la plazuela a pleno mediodía y ante la mirada de cientos de personas, terminó al interior del palacio municipal; dejó un muerto y dos víctimas colaterales.

 

La tarde del pasado jueves 16 de octubre quedará marcada en la memoria colectiva de Navolato. El Palacio Municipal dejó de ser un centro de trámites para convertirse en el escenario final de una cacería que culminó en tragedia. La calma se quebró al filo de la 1:30, cuando el caos y la violencia se instalaron en el corazón del municipio.

La dinámica del suceso, reconstruida a partir de testimonios y peritajes, fue la de una persecución. Según testigos, un joven intentó desesperadamente buscar refugio dentro de la sede del gobierno local, huyendo de un agresor armado. La cacería, que había iniciado en la plazuela principal ubicada frente al Ayuntamiento, culminó en una ráfaga de disparos que se extendió hasta el interior del edificio.

 

La víctima principal, un joven de 21 años identificado como Eliezer Abisaid (N), fue el objetivo de la agresión. A pesar de los esfuerzos y de ser trasladado de emergencia, su vida se apagó horas después a causa de la gravedad de sus heridas.

El fuego alcanzó a personas ajenas al conflicto, desatando la angustia: una estudiante de 15 años, identificada como Samira, y Paúl, un empleado municipal, resultaron heridos en el ataque. En cuestión de minutos, la plazuela central de Navolato se transformó en una escena de terror y desesperación para la población.

 

Testimonios de la desesperación

En el momento del ataque, la plazuela pública se encontraba en su punto máximo de actividad. Por un lado, se desarrollaba el bazar de mujeres emprendedoras, promovido por el propio Ayuntamiento, con sus puestos llenos de mercancía y clientela. Por el otro costado, los tradicionales puestos de raspados, esquites y antojitos atraían a familias y, especialmente, a estudiantes. El ataque se desató cerca del kiosco, epicentro social de la tarde.

Una de las vendedoras que presenció los hechos relató con voz entrecortada su pánico al notar que el lugar estaba lleno de menores.

“Estaba lleno de estudiantes, era la mera hora de la salida. Toda la plazuela estaba llena. Empezaron a sonar los balazos y vimos a todos los niños que salieron corriendo. La verdad, me asusté mucho; nunca me había tocado algo tan cerca”, recordó afligida.

La persecución fue directa y brutal. “Ahí se juntan los plebes en el kiosco todos los días. Estaban amontonados ahí cuando se escucharon las detonaciones. El muchacho al que le tiraron corrió por el pasillo para meterse al Ayuntamiento, y el otro lo iba siguiendo y siguió disparándole. Fue una cosa espantosa”, añadió otro testigo.

Por instinto buscaron refugio. Una de las vendedoras reconoció que la tienda Parisina, ubicada a un costado de la plazuela, se convirtió momentáneamente en un refugio seguro para decenas de personas.

“Nosotros corrimos acá a la Parisina. Nos ayudaron a refugiarnos y cerraron las cortinas, porque no sabíamos ni qué estaba pasando”, aseguró uno de los testigos.

La intensidad del tiroteo quedó grabada en la memoria de otra de las comerciantes. “Yo estaba atendiendo aquí en el puesto y había muchos muchachos. Escuché los balazos aquí, bien cerca. Me tiré al piso y escuché cuatro o cinco balazos, luego un pequeño lapso, y se volvieron a escuchar disparos”, comentó.

La trabajadora, parte de las más de 20 mujeres emprendedoras que buscan reactivar la economía local en la plazuela, solo pudo aferrarse al piso.

“Le empezaron a disparar ahí en la plazuela, estaba lleno de muchachos. Yo no vi porque me tiré a esconderme, pero me dijeron que habían herido a una muchacha de la UAS”, añadió, haciendo alusión a la joven Samira, de 15 años.

 

La respuesta oficial y el impacto en las víctimas

En la parte posterior de la plazuela, a unos 50 metros del kiosco, un hombre mayor, encargado de cobrar la cuota de los baños públicos, también presenció la estampida. “Estaba lleno de plebada, como todas las tardes a esta hora. Empezaron a sonar los balazos por allá alrededor del kiosco. Todos arrancaron corriendo, unos se vinieron para acá y se metieron a los baños para protegerse. Se llenó aquí de muchachas y estaban todas muy asustadas”, aseguró.

El Ayuntamiento de Navolato emitió un comunicado para aclarar la situación y evitar una alarma mayor, asegurando que el ataque no estaba dirigido a su personal ni a las instalaciones de gobierno, sino que fue un hecho que arrastró la violencia hasta allí.

Por su parte, el secretario de Salud del Estado de Sinaloa, Cuitláhuac González Galindo, reportó el estado de salud de la joven Samira y del empleado municipal, Paúl, como estables. Ambos se encuentran recibiendo atención médica.

“Se atendió a una menor de 15 años de edad, que presentaba herida en tórax y fue llevada en un protocolo de seguridad a una unidad médica, junto a otro joven de 27 años de edad que presentaba heridas en extremidades. Ambos se encuentran estables y recibiendo atención médica”, comentó el Secretario.

Tras el incidente, el Palacio Municipal fue desalojado por protocolo. En medio del shock colectivo, elementos de seguridad pública acordonaron la zona, pero su presencia no logró restaurar la sensación de seguridad. El daño ya estaba hecho. Navolato registró una de sus jornadas violentas más traumáticas, con un muerto y dos heridos, incluyendo una menor, en el que cotidianamente es el punto de encuentro y convivencia más concurrido de la ciudad.

Artículo publicado el 19 de octubre de 2025 en la edición 1186 del semanario Ríodoce.

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