“Para mí, señor castellano, cualquier cosa basta, porque «mis arreos son las armas, mi descanso el pelear».” Don Quijote
Sabido es que la obra más conocida de Miguel de Cervantes también es una de las más complejas dentro del arte de la novela; encontrar un solo hilo conductor que nos lleve a su explicación resulta insuficiente, un parto literario de las magnitudes de Don Quijote anuncia el mundo que se deja y el que viene gestándose, lleva consigo elementos geográficos e históricos que definen su aspecto totalizador por la multiplicidad de elementos involucrados. Don Quijote es considerada por Mijaíl Bajtín como “novela grande, en todas las épocas del desarrollo del género, ha sido enciclopédica” (Bajtín, 1995)
La multiplicidad de elementos caracteriza a las obras enciclopédicas, como en el caso de Rabelais, hijos de un momento histórico en decadencia que se abre paso a un mundo nuevo: la modernidad. En esa dicotomía del tiempo y el espacio se desenvuelve el personaje, llamado Quijana cuando era hidalgo en su hacienda, pasando a Quijote, caballero andante.
¿Cómo surgió Don Quijote? Cervantes lo describe como un hidalgo en cuya hacienda se la pasaba la mayor parte del tiempo de ocioso, aquí el mundo al que pertenecía, al abandonarlo con las vestiduras del pasado va construyendo otro a base de la violencia que representa.
Su mundo, al no haber gran cosa por hacer, invirtió el tiempo en la lectura de libros de caballerías, olvidándose casi por completo del “ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda”.
Grande fue su afición que fue vendiendo sus tierras para comprarse más libros con los cuales alimentar su ya desarrollada representación de las cosas. Leyó día y noche tratando de entender las razones o sinrazones de los autores hasta perder el juicio, se abstraía de su realidad.
Como todo lector, Don Quijote fue tentado por la escritura, compitiéndole en sabiduría al cura, empujado de tanta imaginación acumulada “para el servicio de su república”, para lo cual se hizo caballero, con la intención de buscar aventuras que aumentaran su honra “deshaciendo todo género de agravio”.
La salida de Don Quijote de su hacienda fue impulsada por la acumulación de lecturas de caballerías, Cervantes da a entender que los libros no son mero entretenimiento, ni mucho menos pérdida de tiempo, sino el aliciente de la mente que le sacan de su conformidad, lo motivan a abandonar la condición a la que se pertenece, y aquí se desprenden dos temporalidades; la personal de amo de una hacienda, y la medieval que abarca siglos.
En la primera salida confunde “la venta” con el castillo y las prostitutas con hermosas doncellas, se arma a líos con arrieros por su afán de aventuras “en pro de los menesterosos”.
El ventero logra convencerlo de hacerse de dinero, camisas y un escudero para cubrir a cabalidad la ley de caballería, estas improvisaciones le obligaron a regresar a su hacienda para completar los accesorios y el ritual.
Cuando se topa con los mercaderes se da un interesante diálogo dejando entrever las disputas ideológicas de la época entre el predominio de la inquisición ofreciendo un lugar en el mundo celestial, es una lucha en el terreno filosófico entre el idealismo y el materialismo.
Don Quijote: —Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea de Toboso.
Mercader: —Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que decís.
Don Quijote: —La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender, donde no, conmigo sois en la batalla, gente descomunal y soberbia.
La inquisición se sustentaba en la fe católica y una sociedad organizada en y por ella. La moral inquisidora del catolicismo se ancló en la Edad Media, todo lo que no fuese aprobado por los inquisidores era abrazado por el fuego, porque esa idea “sin verla lo habéis de creer” para evitar ser considerado hereje o bruja.
Después de la aporreada que le puso el mozo de los mercaderes, Don Quijote fue llevado a su hacienda por un labrador, en su recuperación el licenciado Pérez, quien también fungía de cura (inquisidor), el barbero Nicolás, la sobrina y la sirvienta. Quemaron los malditos libros que afectaron la mente del amo, el cura realizaba el escrutinio de los que se salvarían, y lo condenados a las llamas en el corral.
En la revisión de los libros algunos fueron confiscados, entre ellos los de poesía, el licenciado le comenta al barbero la importancia de la traducción de estos libros, le quitan “mucho de su natural valor”, y advierte renglones seguidos… “jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento”.
La sobrina de Don Quijote intercede en el diálogo, sugiriendo quemar también los libros de poesía, no sea “se le antoje de hacerse pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo, y, lo que sería peor, hacerse poeta, que según dicen es enfermedad incurable y pegadiza”.
Don Quijote deliraba en su aposento, hablaba con seres que en la mente habitaban, lanzaba cuchilladas a diestra y siniestra, preparando su segunda salida, pero ya no solo, esta vez sería acompañado de Sancho Panza, su escudero.
Se puede sacar la conclusión que la mente humana es fruto del mundo que le rodea; era amo por su condición de hacendado; abandonó todo por la influencia de los libros, es decir, la información que extraía de las lecturas lo convirtió en otra persona; caballero andante. Los libros ofrecen la posibilidad de transformar a las personas, y éstas a su vez intentar hacer lo correspondiente con la realidad imperante. Don Quijote anuncia el fin del medievo, su salida significa la búsqueda de otro mundo en el que “habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender”, repitiendo la fórmula de los inquisidores, al fin y al cabo, era presa de su época, como nosotros de la nuestra.
La elección de Sancho Panza no es fortuita, pobre labrador y de poco entendimiento de la vida. La aceptación de abandonar a su familia descansa por la ambición de convertirse en gobernador de algún reino prometido por Don Quijote, a este punto no se sabe quién está más loco, si el caballero o el escudero.
En la batalla con los molinos de viento, aparentemente Don Quijote pretende reparación de los agravios, pero sus métodos de lucha y objetivos son similares a los realizados por los imperios. En un tratado sobre guerra, Cervantes hace una crítica por medio de su personaje que al día de hoy tiene vigencia de cómo operan las naciones llamadas potencias.
Dice Don Quijote: “hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”.
Mejor lección sobre los motivos de cualquier guerra no se puede sacar de otro libro, en este sentido, Don Quijote puede también considerarse como una parodia del valeroso caballero tan representativo en el esplendor económico de España.
En la segunda batalla, arremetió contra los frailes de San Benito, mientras Sancho Panza se quedaba con los despojos, una vez concluida la pelea dijo a los derrotados, “el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha”.
Quienes hacen la guerra en la novela son los autoproclamados libertadores Don Quijote y Sancho Panza, y las guerras históricamente se hacen para acumular la riqueza ajena mediante el despojo, como Sancho Panza lo hizo con los hábitos de los frailes. Traducido a la guerra entre naciones, el vencedor no sólo se apropia de los territorios conquistados, también de las riquezas naturales y la fuerza de trabajo con las que cuentan dichos territorios.
Siglos después, ya afianzada la sociedad que Cervantes vislumbraba en Don Quijote, unos campesinos indígenas del sureste mexicano llegaban a la misma conclusión, víctimas de una guerra de despojo que todavía no termina: “el capitalismo produce para y por la guerra. Su avance, su desarrollo depende de la guerra, es ella la que articula su genealogía, es la línea de tensión principal, su columna vertebral” (EZLN, 2015).
La modernidad anunciada por Cervantes es la sociedad de la guerra, una sociedad donde se despoja de muchas maneras los recursos naturales y las riquezas de los otros, pero fundamentalmente como el héroe de la novela, mediante la violencia, así sea asumiéndose libertador o caballero reparador de entuertos.
Artículo publicado el 21 de agosto de 2025 en la edición 16 del suplemento cultural Barco de Papel.



