Crónica de dos hechos insólitos e impunes

Crónica de dos hechos insólitos e impunes

El secuestro del Mayo Zambada y el asesinato de Héctor Melesio Cuen

Ismael Bojórquez

El Cholo me avisó que el Zurdo quería saludarme y bajé. El Guayabo está a menos de cien metros de mi oficina a vista de águila desde un tercer nivel. Si alguien se para de frente en el ventanal puede ver quién entra y quién sale del bar. Una vez le dije a Javier Valdez, cliente consuetudinario de doña Bicha y de la Casimira, que mandaría hacer una tirolesa para que no batallara. Cruzar el bulevar es muy peligroso. Y cuando la inauguremos te vamos a grabar y haremos una crónica para la portada. Javier se cagaba de la risa.

Platicábamos entre ambarinas y pollo frito cuando me llegó un mensaje de Diego Enrique Osorno acompañado de un link. ¿Cómo ves eso? Era una nota del semanario ZETA donde se afirmaba que el Mayo Zambada había sido detenido en los Estados Unidos. Salí del bar y le llamé a Adela Navarro. Sí, me lo dijo un buen contacto de la DEA. No tuve dudas —no sé si por el cariño que le tengo a la directora del informativo tijuanense o por su seriedad—y me despedí.

A veces los reporteros actuamos como los bomberos, se enciende la alarma y antes que el agua la velocidad es lo que más importa. Prendes las torretas y arrancas. Hay que llegar al lugar del incendio y apagarlo. Y para nosotros eso significa dar la noticia. Cuando lo haces, cuando ya está arriba una nota como esta, insólita, inesperada, sueltas el aire y empiezas a darle vueltas, a buscar explicaciones, tratar de entender qué pasó realmente, sobre todo, porqué.

Una hora después la primicia del ZETA le había dado la vuelta al mundo. Las dudas no eran si Ismael Zambada García estaba en manos del gobierno norteamericano, una pieza codiciada durante décadas, sino cómo había llegado hasta un desconocido pueblo de Nuevo México con las manos atadas.

JULIO SCHERER E ISMAEL ZAMBADA. Quince años antes.

Un Mayo que no imaginábamos

Las primeras imágenes del Mayo en manos del FBI se dieron a conocer el 26 de julio, un día después de su detención. Vestía un pantalón de mezclilla deslavado y una playera Boss azul. En una de las fotografías aparece de frente y lo que más llama la atención es su mirada. Si alguien compara las miradas de él con las de su hijo Vicente, cuando fue presentado el 19 de marzo de 2009, después de ser detenido en Ciudad de México, las diferencias son abrumadoras. Vicente levanta el cuello y mira como miran los boxeadores a su rival luego de pasar por la báscula. El Mayo Zambada, en cambio, hasta parece que tiene las manos con los pulgares horqueteados en las bolsas, su mirada perdida, profundamente melancólica, tal vez llena de repasos e interrogantes tratando de entender cómo llegó hasta allí en un santiamén. El mismo santiamén con que se esfumó la imagen aquella donde aparece el capo abrazando a Julio Scherer García cuando el director de Proceso le hizo la entrevista donde les envía un mensaje retador a los gringos: ustedes tienen a mi hijo, yo tengo información. Entre una y otra imagen pasaron 15 años, pero no era la piel ajada ni la pérdida de peso del Mayo lo que hacía la diferencia, sino esa mirada lejana y las manos en los bolsillos, inusitadamente derrotado.

HÉCTOR MELESIO CUEN. Declarado muerto en la clínica Cemsi Chapultepec.

 

Melesio Cuen y su muerte inaudita

Los hechos del 25 de julio sacudieron al país y a Sinaloa. En muchas partes del mundo la noticia fue el arresto de uno de los jefes del narcotráfico mundial más importantes durante décadas, pero en Sinaloa y en México este hecho fue acompañado de otro no menos escandaloso: el asesinato de un dirigente político, fundador de un partido local y exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa: Héctor Melesio Cuen Ojeda. Y si por sí mismo el personaje no hubiera sido suficiente para encender una noticia, había que apuntar que era un declarado y acérrimo enemigo del gobernador Rubén Rocha Moya, a quien, apenas días antes, el 8 de julio, había hecho responsable si algo le sucedía.

Los atisbos noticiosos de que habían atentado contra Héctor Melesio Cuen, se conocieron por redes sociales ya muy entrada la noche de ese 25 de julio, que parecía no acabar con la noticia de la detención del Mayo Zambada circulando sin pausa por todo el mundo. El fundador del Partido Sinaloense había sido llevado, vivo o muerto, a la clínica Cemsi ubicada en la colonia Chapultepec, que estuvo llena de familiares, amigos y periodistas hasta que se llevaron el cuerpo al Servicio Médico Forense. Había sido declarado persona fallecida a las 23:27 horas, según el informe médico, dato que todavía consta en el acta de defunción expedida por el Registro Civil.

Lo único que se “filtró” esa noche, entre caras largas y sombrías, lágrimas y más especulaciones que certezas, es que había sido herido en un intento de robo de su camioneta en una gasolinera del norte de la ciudad. ¿Qué pasó? Le pregunté a un íntimo amigo del exrector que se encontraba solo entre las sombras, como extraviado. No lo sé, me dijo, mientras dejaba salir un ahogo sordo.

Ese 25 de julio fue jueves y en la edición del 28 llevamos en Ríodoce dos temas principales con cabezas inapelables: el del Mayo Zambada titulado “El fin de un mito”, y el de Melesio Cuen como un “Crimen bajo sospecha”.

EL BEECH KING AIR 200. El último vuelo del Mayo.

¿Secuestro o entrega?

La gran pregunta que nos hacíamos todos en Sinaloa era cómo un hombre como el Mayo Zambada, con 50 años de estar delinquiendo sin haber pisado nunca la cárcel, se encontraba de pronto tras las rejas y en una cárcel gringa. Las dudas eran razonables. Algunos medios y periodistas se encargaron de publicar que el capo había sido entregado por su ahijado, Joaquín Guzmán López, citando siempre fuentes extraoficiales. Cuando el gobierno gringo dio a conocer la detención, no dijo nada de cómo había sucedido, lo cual alimentaba aún más las especulaciones. O había sido secuestrado para ser entregado al FBI o se había entregado voluntariamente en una negociación previa.

No era una minucia ni algo anecdótico lo que se discutía, pues de ello dependía prever lo que podía pasar en Sinaloa. Si se había entregado las calabazas se acomodarían en la medida que anduviera la carreta del cártel, con un nuevo jefe de parte de la facción del Mayo, con ajustes y acuerdos nuevos pero, si era lo otro, lo que podía esperarse era una guerra.

Entre el 25 de julio, cuando fue secuestrado el Mayo y el 9 de septiembre, cuando estalló la guerra, las especulaciones fueron esas. En la conversación pública y en las charlas privadas no gravitaba otro tema. Y se especulaba sobre las fuerzas de cada grupo. De los chapos se llegó a decir que tenían cuatro mil hombres armados; de los mayos que solo quedaba un hijo del capo que podía responder: Ismael Zambada Sicarios, el Mayito Flaco, sin que se supiera mucho de sus fuerzas.

En esos días, Frank Pérez, abogado de Zambada, declaró a Ríodoce y a diversos medios de comunicación el domingo 28 de julio, que su cliente fue secuestrado por Joaquín Guzmán López y seis hombres más, quienes lo sometieron a golpes, esposaron de pies y manos, le colocaron una bolsa negra en la cabeza y que lo arrojaron a la parte trasera de una camioneta que lo trasladó a una pista de aterrizaje, donde lo subieron al avión que lo llevó al aeropuerto privado de Doña Ana en Nuevo México, cercano a El Paso, Texas.

Dos días después, el 30 de julio, Jeffrey Lichtman, abogado de Joaquín Guzmán López desmintió la versión de Pérez. “No hubo ningún acuerdo con el Gobierno”, afirmó, después de la primera aparición de Guzmán López ante un juez.

Mientras, el gobierno mexicano no sabía qué responder; fue tan sorpresiva la acción de los norteamericanos en confabulación con los hijos del Chapo Guzmán, que no sabían cómo enfrentar el impacto mediático de los hechos, por la simple razón de que estaban ante una burla descomunal.

La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, llegó a decir que el avión de marras había salido de Hermosillo, lo cual fue desmentido horas después. Y el presidente AMLO, desdibujado, solo respondía que ya estaba solicitando a los norteamericanos información sobre los hechos, como si el gobierno de México no tuviera herramientas propias para documentar qué pasó, cuándo, dónde, aunque todavía no se tuviera certeza sobre el porqué, y si detrás de estos había o no un complot.

Todavía, cuando Ismael Zambada dio a conocer una carta, a través de su abogado Frank Pérez, el día que el presidente de la república y presidenta electa visitaban Culiacán, muchos pensamos que decirse secuestrado podía ser parte de una estrategia legal para usar en su defensa en las cortes. Había muchas dudas todavía, pero, en medio de estas, estaba claro que, con su carta, el narcotraficante sembraba la indisoluble relación de su estancia en los Estados Unidos con el asesinato de Héctor Melesio Cuen. En todo caso, las dudas sobre cómo fue que el Mayo Zambada cayó tan inesperadamente y de forma tan extraña, nos invitaba a pensar si es la realidad, más que la ficción, la que no tiene límites.

FINCA SAN JULIÁN. Secuestro del Mayo y asesinato de Cuen.

 Ahí les va este misil

El Mayo Zambada dijo cuatro cosas en su carta. La primera es que había sido secuestrado; la segunda es que había sido citado a una reunión donde estarían Melesio Cuen y el gobernador para tratar de resolver un conflicto; la tercera es que Cuen había sido asesinado en el mismo lugar donde él había sido secuestrado, y la cuarta es que llamaba a los suyos a que no declararan una guerra por esto.

La carta:

“Desde que fui traído en avión a Estados Unidos desde México el 25 de julio de 2024, ha habido muchos informes inexactos en los medios de ambos países. En esta declaración brindaré los hechos reales de lo que sucedió ese día. Deseo decir desde el principio que no me entregué ni vine voluntariamente a los Estados Unidos. Tampoco tuve ningún acuerdo con ninguno de los gobiernos. Al contrario, fui secuestrado y traído a Estados Unidos por la fuerza y en contra de mi voluntad. Los detalles de cómo sucedió esto a continuación.

Joaquín Guzmán López me pidió que asistiera a una reunión para ayudar a resolver las diferencias entre los líderes políticos de nuestro estado. Conocía una disputa entre Rubén Rocha Moya, Gobernador de Sinaloa, y Héctor Melesio Cuen Ojeda, ex congresista federal, Alcalde de Culiacán y Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), sobre quién debería dirigir esa institución. Me dijeron que además de Héctor Cuén y el Gobernador Rocha Moya, en la reunión también estaría Iván Guzmán Salazar.

El 25 de julio, fui al rancho y centro de eventos llamado Huertos del Pedregal en las afueras de Culiacán donde se llevaría a cabo la reunión. La reunión estaba prevista para las 11:00 horas y llegué un poco temprano. Vi una gran cantidad de hombres armados con uniformes militares verdes que supuse eran pistoleros de Joaquín Guzmán y sus hermanos. Me acompañaban cuatro agentes de seguridad, de los cuales dos permanecían fuera del perímetro. Los dos que entraron conmigo fueron José Rosario Heras López, comandante de la Policía Judicial del Estado de Sinaloa, y Rodolfo Cháidez, miembro de mi equipo de seguridad desde hace mucho tiempo.

Mientras caminaba hacia el área de reunión vi a Héctor Cuén y a uno de sus ayudantes. Los saludé brevemente antes de entrar a una habitación que tenía una mesa llena de frutas. Vi a Joaquín Guzmán López, a quien conozco desde pequeño, y me hizo un gesto para que lo siguiera. Confiando en la naturaleza de la reunión y en las personas involucradas, seguí sin dudarlo. Me llevaron a otra habitación que estaba a oscuras.

Tan pronto como puse un pie dentro de esa habitación, fui emboscado. Un grupo de hombres me agredió, me tiró al suelo y me puso una capucha de color oscuro en la cabeza. Me ataron y esposaron y luego me obligaron a subir a la caja de una camioneta. Durante toda esta terrible experiencia, fui sometido a abuso físico, lo que resultó en lesiones importantes en la espalda, las rodillas y las muñecas. Luego me llevaron a una pista de aterrizaje a unos 20 o 25 minutos de distancia, donde me obligaron a subir a un avión privado.

Joaquín me quitó la capucha y me ató con bridas al asiento. No había nadie más a bordo del avión excepto Joaquín, el piloto y yo. El vuelo duró aproximadamente de 2 1⁄2 a 3 horas, sin escalas, hasta que llegamos a El Paso, Texas. Fue allí, en la pista, donde los agentes federales estadounidenses me arrestaron. La idea de que me entregué o cooperé voluntariamente es total e inequívocamente falsa. Me trajeron a este país por la fuerza y bajo coacción, sin mi consentimiento y en contra de mi voluntad.

Tengo conocimiento que la versión oficial que dan las autoridades del estado de Sinaloa es que Héctor Cuén fue baleado la noche del 25 de julio en una gasolinera por dos hombres en motocicleta que querían robar su camioneta. Eso no es lo que pasó. A él lo mataron al mismo tiempo y en el mismo lugar donde a mí me secuestraron. Héctor Cuén era un viejo amigo mío y lamento profundamente su muerte, así como la desaparición de José Rosario Heras López y Rodolfo Cháidez, a quienes nadie ha vuelto a ver ni saber de ellos desde entonces.

Creo que es importante que la verdad salga a la luz. Esto es lo que ocurrió, y no las falsas historias que circulan. Llamo a los gobiernos de México y Estados Unidos a ser transparentes y brindar la verdad sobre mi secuestro a Estados Unidos y sobre las muertes de Héctor Cuen, Rosario Heras, Rodolfo Cháidez y cualquier otra persona que haya perdido la vida ese día.

También hago un llamado al pueblo de Sinaloa a tener moderación y mantener la paz en nuestro estado. Nada se puede solucionar con la violencia. Hemos recorrido ese camino antes y todos pierden”.

Un día antes, Ken Salazar había hecho pública la postura del gobierno norteamericano respecto al secuestro del Mayo Zambada:

Había sido falsa la primera versión de que el avión que llevó a los capos a Texas salió de Hermosillo, se confundieron de avión, de matrícula y hasta de piloto, y tuvieron que pasar dos semanas para que esa información oficial llegara en forma de carta que firmó el embajador de Estados Unidos en México, donde afirmaba que Joaquín Guzmán López se entregó a las autoridades estadounidenses y el Mayo Zambada fue llevado contra su voluntad.

Y trató de salvar, para eso estaba, la relación con México: “Quiero que lo entiendan muy claramente, no hubo recursos de los Estados Unidos en esa operación, no fue un avión de los Estados Unidos, no fue un piloto de los Estados Unidos, no fueron nuestros agentes o nuestra gente en México”.

ROCHA, CLAUDIA Y AMLO. Espaldarazo.

La reacción de Rocha

La carta causó conmoción en Sinaloa porque se dio a conocer justo el día en que arribaban a Sinaloa el presidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, para estar en un evento con el gobernador. La expectación sobre lo que podía ocurrir esa mañana era desquiciante. Qué dirían las visitas y qué diría el gobernador. No esperamos mucho. Presidente y presidenta electa le dieron apoyo a Rubén Rocha, pero lo que sorprendió fue el discurso de éste, que sacó fuerzas desde su esquina y hasta se atrevió a decir que si al Mayo le dijeron que él estaría en la reunión donde fue secuestrado, “pues lo engañaron”.

Rubén Rocha negó haber sido convocado a la reunión con el Mayo Zambada y dijo no tener nexos con ningún grupo del crimen organizado.

“Lo que dice ahí (carta) es que a ese evento estaban citados, entre otros, Rubén Rocha Moya, gobernador del estado, que esa fue la razón, quizá el gancho para ir a ese evento por parte del señor Ismael Zambada. Yo quiero decirles una cosa sin ataduras de ninguna naturaleza, en primer lugar, yo no estaba ese día en Sinaloa…, dos, no tiene nadie del crimen organizado que citarme a una reunión que, para resolver un problema, se habla del problema de la universidad, no tiene, no hay por qué. Los problemas que le tocan al gobierno lo resolvemos en las instituciones de gobierno”, dijo.

“No tenemos nosotros complicidad con nadie y eso es profesando justamente la política del presidente, no hay complicidades. Por lo tanto, si dijeron que iba a estar yo, les mintieron y si les creyó, cayó en la trampa, no tenía por qué, no tengo por qué. Ya dije, esos problemas que son del gobierno los resolvemos en las instituciones”.

Sin referirse directamente a la muerte de Cuen Ojeda, Rocha Moya dijo que no tenía nada que ver con la violencia de la noche del 25 de julio, y pidió al presidente intervenir para que el crimen fuera atraído por la Fiscalía General de la República.

López Obrador dio su respaldo a Rocha Moya y dijo que la carta del Mayo no es casualidad después de que un día antes pidiera información sobre el tema al gobierno de Estados Unidos.

“Nosotros le tenemos toda la confianza al maestro Rocha, toda la confianza al gobernador Rubén Rocha Moya… y lo felicito porque da la cara, no dejó ningún día, porque no es casualidad, nosotros, ayer en la mañana estábamos pidiendo información, al mediodía el embajador dio la versión que ellos tienen de estos sucesos aquí en Sinaloa y hoy aparece esta carta y resulta que estamos aquí hoy en Culiacán, y de una vez vamos a hablar del tema, y qué bien que has aclarado cuál es la situación, en dónde estabas y que nunca fuiste convocado a ningún evento, más claro ni el agua”.

Pero aun si esto fue como lo cuenta Rocha, también es cierto que Cuen, hasta donde se dijo en sus propios círculos en que se movía, presionó una y otra vez al gobernador para que se sentaran con el Mayo Zambada para encontrar una salida negociada al conflicto que tenían desde hacía dos años con la UAS, pero también los juicios contra funcionarios, contra él y contra su hijo Héctor.

Era amigo del Mayo, ya lo habíamos dicho y lo dice el Mayo en su carta; y Cuen se quejaba de que Rocha no aceptaba la intermediación del capo y que le decía que las cosas podían arreglarse entre ellos, pero que en primer lugar sacara las manos de la UAS… y así se fueron meses y meses, en algunas reuniones de “acercamiento”, en las que participaba también Enrique Inzunza, exsecretario general de gobierno y ahora senador, pero que terminaban siempre abruptamente, incluso, alguna vez, con la presencia de su hijo Héctor Cuen Díaz.

VIDEO DE LA GASOLINERA. El montaje.

Las pistas del video

Para eso, Ríodoce había publicado las inconsistencias de la tesis principal de la fiscalía del estado, que afirmaba que Cuen había sido víctima de un intento de asalto en una gasolinera, que allí había sido baleado y que había muerto casi a la media noche en la clínica Cemsi Chapultepec.

Dijo la fiscalía estatal que Fausto Corrales había declarado que Héctor Melesio Cuen y él estuvieron desde la mañana del 25 de julio y hasta entrada la noche, esperando a unos abogados en el campestre Condado de San Francisco, cerca de La Presita, y que al no llegar regresaron a la ciudad de Culiacán, y que de paso llegaron a una gasolinera a cargar combustible.

Un video de una de las cámaras de seguridad que tiene la gasolinera, al que tuvo acceso Ríodoce, muestra que, en realidad, la camioneta donde iban Cuen y Fausto no llega de norte a sur, sino de sur a norte; es decir, no venía del campestre Condado de San Francisco —aunque hubieran estado antes en ese lugar—, sino que iba de Culiacán hacia el norte.

En las imágenes se observa que la camioneta ingresa a la gasolinera a las 21:56:15 horas. Segundos antes, aparece a cuadro un tipo en una motocicleta (con fachada de “puntero”) por el paso lateral poniente, es decir, de lado de la carretera. Luego se pierde a la vista de la cámara.

La camioneta Raptor donde viajaban Cuen y Fausto es estacionada en la primera bomba de la fila oriente y segundos después ingresa por el mismo lado una motocicleta donde van dos jóvenes, pasan por un costado de la camioneta, avanzan hasta perderse del ojo de la cámara para aparecer de nuevo en sentido contrario y al pararse junto a la camioneta; se baja el que va atrás, abre la puerta de la Raptor con la mano derecha (el tipo se pierde de vista) y cuatro segundos después regresa y se monta de nuevo en la motocicleta mientras se faja algo (que puede ser una pistola) en la cintura, para luego regresar por donde ingresaron. La camioneta, a la que ya se le estaba cargando gasolina, sale disparada. Cuando el despachador va a ver qué pasó, el video marca las 21:57:10 horas. Es decir, que todo ocurrió en menos de un minuto.

No se observan, durante los tres o cuatro segundos que el tipo se pierde del ojo de la cámara (momentos en los que puede pensarse que disparó contra Cuen), flashazos o destellos como los que emite un arma de fuego al ser disparada en la oscuridad.

DÁMASO LÓPEZ Y SARA BRUNA. Cuen murió tras asalto en gasolinera.

La voz de un experto

El ex director de Servicios Periciales de la extinta Procuraduría General de Justicia de Sinaloa, Alfredo López Reyna, fue más allá y dijo en entrevista para Ríodoce que el lugar de los hechos es otro, no la gasolinera, y que se cometieron tantas pifias que pueden tipificarse delitos contra funcionarios de la fiscalía estatal. El crimen de Cuen, aseguró, ocurrió en otro lugar.

Dijo que el montaje se debía suponer a partir de que al conductor de la motocicleta le abrieron la puerta desde adentro, quien haya sido el conductor, Fausto Corrales o quien haya sido, porque nunca se ve quién va manejando.

Usted tuvo conocimiento de los primeros informes de la fiscalía estatal, ¿qué pensó de ellos?

—Bueno, de entrada, advertí, y no se requiere ser experto, que en el video hecho público por la Fiscalía hay muchas inconsistencias que pueden ser notadas por una persona que ni siquiera tiene conocimientos criminalísticos, por ejemplo, la forma en que llega el muchacho que se baja de la motocicleta y hace un intento por abrir la puerta y después abre al tercer intento. Eso significa, primeramente, que ese vehículo al momento de llegar a la gasolinera, traía los seguros puestos porque venía en movimiento… el muchacho intentó abrir la puerta y estaba cerrada con seguro; al tercer intento la abrió porque desde adentro le quitaron el seguro y eso lo hizo seguramente el conductor; pero no se advierte quiénes van, quiénes son los ocupantes; luego, la forma en que obra el que baja de la moto se nota la simulación porque él no amenazó con un arma para que le abrieran la puerta, cuando se sube a la moto simula que se coloca algo en la cintura; hay una suerte de detonación, sin embargo hay algunos datos que hacen suponer que esa detonación debía salir una especie de chispazo y no se advierte absolutamente nada…

Sobre el primer informe de la FGR, una vez que atrajo el caso, Alfredo López Reyna, dos veces director de Servicios Periciales de la procuraduría de justicia, dice:

“La FGR hace referencia a inconsistencias en el lugar de los hechos, el problema es que no hay un lugar de los hechos porque lo único que tienes son lugares de hallazgos. El lugar de los hechos es el lugar en donde inicia el acto criminal y no sabemos si este inició en la gasolinera o en otra parte.

—Debo decirte que, a toro pasado, la FGR está advirtiendo inconsistencias en la carpeta de investigación, sin embargo, la misma FGR es omisa en términos de no precisar que no hubo cuidado en una cadena de custodia de todos los indicios y las evidencias que estaban alrededor del hecho criminal que se investiga…

—Señala algunas, el caso de la cremación de cuerpo, por ejemplo, que no debió ser autorizada…

—Sí, pero ¿por qué es importante la cadena de custodia? Por una razón básica y es que esa sangre que hace referencia la FGR, de entrada, verificar si era sangre humana y después si correspondía al occiso… o a otros. Primeramente, en una investigación de sangre primero hay que determinar si la sangre es humana y después si la sangre es de la víctima.

—¿Todas estas inconsistencias pueden ser dolosas, que se hayan manipulado las diligencias para crear otra historia, una narrativa distinta de lo que realmente ocurrió?

—Bueno, aquí hay que distinguir dos cosas, una es la mecánica de los hechos que se investigan y la criminalística hace referencia al estudio meticuloso de las evidencias relacionadas con un hecho que investiga el ministerio público; lo que puedo decir, más que dolo, es que es un acto negligente por parte un órgano investigador, hay negligencia, hay impericia, inobservancia y hay imprudencia en los actos realizados en una investigación de esa naturaleza. Debieron seguir a pie juntillas los protocolos de una investigación criminalística y no lo hicieron. En un hecho criminal, un cadáver es uno de los principales indicios y datos de prueba que tenemos que resguardar y, obviamente, mientras no se agote una investigación en un hecho de sangre, no es permitido que un cadáver resulte cremado.

—Hay muchos elementos, que ahora aporta la FGR, que nos indican que es probable que el crimen no ocurrió allí en la gasolinera, sino en otro lado.

—Es que, sin duda, así fue; el crimen nunca sucedió en la gasolinera; no hubo un hecho en la gasolinera que desencadenara el desenlace fatal del occiso; hay un lugar anterior a ese, que es el verdadero lugar de los hechos y que la FGR hace referencia, pero no lo precisa, no dice dónde está ese lugar.

—La fiscal, Sara Bruna Quiñónez ha renunciado. ¿De acciones negligentes se pueden derivar imputaciones penales?

—Claro, y la simple obstrucción de la justicia es imputable. Una investigación profunda va a encontrarse con unas limitantes, por ejemplo, que el cadáver se haya cremado y si en la autopsia no se registró debidamente ese hematoma que tenía en la cabeza (que refiere la FGR), no podrá establecer qué originó ese hematoma, si fue un cachazo u otro objeto; tampoco si no se observaron bien en la autopsia las trayectorias y los trayectos de los impactos, una posición víctima-victimario, si la víctima estaba de pie, estaba hincada, hay muchos factores, a través del trayecto del proyectil y en la economía corporal del sujeto se puede concluir cuál era la posición víctima-victimario, incluso si el victimario estaba al frente o estaba a la espalda.

FISCAL ALEJANDRO GERTZ. Fue un vil montaje.

La FGR desmonta el embuste

Muy confusa, pero la información se vino en cascada. Rocha informó que el jueves 25 de julio, cuando el Mayo y Joaquín Guzmán fueron detenidos en El Paso, Texas, él se encontraba fuera del estado y que regresó hasta la mañana del viernes 26. Después precisaría que viajó a Los Ángeles en el avión Bombardier Learjet 75 matrícula XA-SKA, propiedad de la empresa SuKarne, de Jesús Vizcarra Calderón, compadre del Mayo Zambada.

Su petición de que la investigación del crimen de Cuen fuera atraída por la Fiscalía General de la República fue atendida de inmediato y días después la FGR desmontó la teoría del crimen de la fiscalía estatal y puntualizó no solo inconsistencias, sino aberraciones en los trabajos periciales y hasta montajes, advirtiendo luego que consignaría penalmente a los responsables.

En resumen, la FGR señaló que no se procesó criminalísticamente el lugar de los hechos, ni el vehículo; que, habiendo manchas de sangre humana en la batea de la camioneta, no hay ni peritajes, ni determinaciones al respecto y que tampoco se cumplieron, por parte de las autoridades involucradas, las medidas de preservación del cuerpo, permitiéndose una incineración que es contraria a las prácticas criminalísticas sobre investigación de homicidios.

Mencionó que en la necropsia no se establecen de forma correcta los signos cadavéricos inmediatos, temperatura, signos tanatológicos, livideces, ni la descripción correcta y evolución que tuvo el cuerpo; el cuerpo tiene un fuerte hematoma en la cabeza, el cuerpo recibió cuatro disparos en las piernas, el video de la gasolinera tiene sonido y solo se escucha un disparo y que los tres empleados de la gasolinera no refieren haber escuchado disparos. También que no se identificó con precisión la fisionomía de los ocupantes de la camioneta y no hay una mecánica de los hechos del evento.

En la tercera semana de agosto ubicaría el lugar donde fue agredido Héctor Melesio Cuen Ojeda. La Fiscalía informó que localizó el inmueble, una finca ubicada en el campestre Huertos del Pedregal, donde se llevaron a cabo los probables delitos de privación ilegal de la libertad, homicidios, lesiones y actos vinculados con desaparición forzada, en los cuales está vinculada la agresión que llevó a la muerte a Cuen Ojeda.

En un comunicado emitido a principios de octubre, fue contundente: Héctor Melesio Cuen Ojeda fue asesinado en Huertos del Pedregal y el vídeo de la agresión en la gasolinera fue un montaje, por lo que se solicitarán órdenes de aprehensión de personal de la FGE involucrado.

Y dice: En finca ubicada en Huertos del Pedregal, Culiacán, fueron hallados indicios hemáticos que han sido determinados con toda precisión, por las unidades periciales federales, que corresponden al exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa; lo cual ratifica la información previamente obtenida, de que en el lugar del secuestro se encontraba dicha persona y que sus huellas de sangre corresponden al tiempo en el que el Ministerio Público de la Federación tiene establecido el momento de su homicidio, el cual ocurrió muchas horas antes del video de una gasolinera difundido localmente, el cual ya ha sido descalificado por la propia FGR.

Asimismo, en la batea del vehículo que se utilizó en el montaje de la gasolinera, se encontró sangre humana que corresponde a Rodolfo “C”, actualmente desaparecido y que fue referido como integrante del equipo de seguridad de Ismael “Z”.

También, se obtuvo un video claro y preciso de lo confesado por el chofer del doctor Héctor “N”, quien niega lo que él mismo había declarado previamente ante autoridades locales.

Todo lo anterior ratifica las investigaciones ministeriales y policiacas que determinaron las presuntas responsabilidades penales y administrativas de policías, ministerios públicos, peritos y personal diverso de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, quienes ya han sido investigados exhaustivamente respecto a su participación en el caso de la muerte de Héctor “N”.

Sin embargo, dijo la FGR, existe una situación de rechazo por parte de un Juez Federal de Culiacán, para conocer y determinar la aprehensión de los responsables.

Respuesta de trabajadores de fiscalía

Los empleados de la fiscalía, ministerios públicos, policías de Investigación y peritos, aseguraron que solo siguieron la línea de investigación que inicialmente proporcionó un testigo (Fausto Corrales).

“Nos encontramos en la obligación de expresar nuestro desacuerdo con el Comunicado FGR 536/24 de fecha 20 de octubre de 2024 emitido por la FGR, en el cual se nos señala de haber realizado un montaje en torno al homicidio del ex rector, lo cual negamos de manera rotunda y categórica, pues nuestra intervención en dicha investigación consistió en agotar la línea de investigación que se tuvo inicialmente proporcionada por un testigo presencial de los hechos, realizando los actos de investigación idóneos y pertinentes conforme a la información que se obtuvo desde el primer conocimiento y atendiendo a las circunstancias particulares del hecho”.

Aseguraron que en todo momento cumplieron con los procedimientos y protocolos que rigen su actuar y que hasta el momento no se les ha permitido acceso alguno a las constancias del expediente a pesar de haber comparecido con la calidad de imputados y les han negado copia de la indagatoria para poder realizar una defensa técnica.

DESPEGUE EN CAMPO BERLÍN. Una de las pistas de la FGR.

“Temiendo ser utilizados como chivos expiatorios en dicho asunto, con base en una investigación sesgada de la autoridad federal. Reiteramos nuestro compromiso con la sociedad sinaloense y con la FGE de seguir cumpliendo con nuestra responsabilidad laboral de manera honesta y profesional”, menciona el documento.

Respuesta de los jueces

La Fiscalía General de la República insistió en que las huellas de sangre encontradas en Huertos del Pedregal sí son de Héctor Melesio Cuen Ojeda y que un juez federal se negó a conocer de las órdenes de aprehensión.

Pero los jueces no se quedarían callados. Días después, la asociación de jueces y magistrados de la Asociación Artículo 41 emitió una nota informativa en la que señala que el comunicado de la Fiscalía General de la República del 20 de octubre “no se corresponde con la realidad” y menciona que un juez federal no se negó a conocer de las órdenes de aprehensión, sino que la FGR retiró la solicitud y que en audiencia un ministerio público dijo que las huellas de sangre localizadas en el lugar donde secuestraron a Ismael, el Mayo Zambada, no correspondían a Cuen Ojeda.

Dijeron también que el comunicado de la FGR alude a la investigación de tres hechos diferentes, el secuestro de Ismael Zambada, el homicidio de Héctor Melesio Cuen y la desaparición forzada de personas; pero en los hechos que la Fiscalía planteó en la audiencia, al exponer su solicitud de orden de aprehensión, sólo se refirió al secuestro.

“No existe una situación de rechazo por parte del Juez Federal de Culiacán para ordenar la aprehensión de los probables responsables del posible secuestro de Ismael “Z”, como lo afirma el comunicado; en realidad, fue la propia Fiscalía que hacia el final de la audiencia expresamente decidió abandonar su pretensión de que se librara la orden de aprehensión en ese momento, con el propósito de continuar con su investigación y “perfeccionarla”, ante la múltiples inconsistencias probatorias que se advirtieron en el desarrollo de su exposición”, señala la nota de los jueces.

En relación con el hallazgo de “indicios hemáticos en el lugar del posible secuestro” y que el comunicado señala que “han sido determinados con toda precisión, por las unidades periciales federales, que corresponden al exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa”, esa afirmación contrasta con la intervención de la Fiscalía en la audiencia, en la cual precisó que, tras practicarse el dictamen en materia de genética, la conclusión fue que esas manchas de sangre “no son coincidentes con el señor Héctor Melecio Cuen y que están a la espera de que se realice (el contraste) con perfiles genéticos de dos personas desaparecidas”, abunda.

La FGR respondió que, según la transcripción literal de lo expresado por dicho juez, es la siguiente: “En consecuencia, se considera que, quien debe conocer de la solicitud de librar orden de aprehensión en este tipo de delitos es un Juez Federal en cuya jurisdicción resida, un Juez cuya jurisdicción resida un Penal de Máxima Seguridad”.

Por lo que toca a los “indicios hemáticos” hallados en el lugar del posible secuestro, localizados el 18 de septiembre, indica, estos ya fueron superados por indicios diversos encontrados en dicho predio, dictaminados pericialmente el 17 de octubre pasado, y en los cuales se encontró la coincidencia indudable del perfil genético del doctor Héctor Melesio Cuen Ojeda.

FAUSTO CORRALES Y CUEN. Testigo y víctima.

Y de pronto todo se estancó…

Sin embargo, las investigaciones toparon con los intereses políticos, pues de pronto la FGR guardó silencio y ya no habló más del caso.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué congelaron la investigación? ¿No son suficientes once meses cumplidos —desde que la FGR atrajo el caso— para tener ya una teoría del crimen y judicializarla? La misma FGR informó en uno de sus comunicados que contaban con la declaración “grabada” del chofer de Cuen, Fausto Ernesto Corrales Rodríguez, que ayudaba a confirmar con certeza que la primera versión que hablaba del intento de robo de vehículo en la gasolinera, presentada a los medios por la fiscalía estatal, había sido un vil montaje. ¿Qué les falta, entonces para solicitar de nuevo las órdenes de aprehensión contra los responsables de ese montaje que señalan? ¿A quién están protegiendo? Y la pregunta principal: ¿Quién mató a Cuen?

Tienen un testigo de oro de los hechos, que es este empleado de la UAS (Corrales), que regresó a su puesto como secretario del rector Jesús Madueña y se movía escoltado por dos elementos de la FGR y dos de los Servicios de Protección del gobierno estatal. ¿Qué acuerdo han tomado con él como para que pueda llevar una vida (casi) normal habiendo sido testigo de hechos que a la postre han significado un infierno para los sinaloenses y desataron demonios que han segado la vida de más de más de dos mil sinaloenses en un año, entre ellos niños y gente de bien? Pero, además, él mismo se habría prestado a ese montaje que la FGR descubrió a los pocos días de haber tomado en sus manos la investigación y que sería el corazón de la torcida trama en la que los funcionarios de la fiscalía estatal, —para empezar ellos, no sabemos quiénes más— estuvieron metidos. Y por lo tanto, resultaría cómplice del crimen de Cuen Ojeda, ya no digamos del secuestro de Ismael Zambada y de la desaparición de dos de sus escoltas.

Fin de la guerra Gobierno-UAS

Aunque no haya sido con ese propósito, el asesinato de Melesio Cuen sirvió para que el conflicto entre el tercer piso del gobierno estatal y los directivos de la UAS llegara a su fin. Los líderes de la institución, con los cuales el gobernador y su equipo tenían un pleito de proporciones sin precedentes, empezaron a ver, ya sin su líder político, las posibilidades de una negociación con la intervención del gobierno federal. Desde la misma noche que se conoció la muerte de Cuen se supo entre ellos cómo habían ocurrido las cosas y decidieron guardar silencio. La familia lo cremó y le dio la espalda a la opinión pública y sus compañeros pasistas y rosalinos —si es que podía entonces haber alguna diferencia— se escondieron en su mutismo. Ninguna protesta, ningún reclamo de justicia, por el contrario, era la hora de negociar. Y lo hicieron. Sobre el cadáver de Héctor Melesio Cuen Ojeda, Rubén Rocha Moya y Jesús Madueña Molina se fundieron en un inconcebible abrazo.

Un mensaje del Mayo entre líneas

Los hechos ocurridos el 25 de julio del año pasado se dividen en dos: el secuestro del Mayo Zambada y el asesinato de Cuen. Sobre el secuestro del capo, la fiscalía federal ha informado lo mismo que el gobierno de los Estados Unidos que lo capturó en El Paso, Texas: nada.  El gobierno mexicano se escuda, todavía un año después, en que ha solicitado información a su contraparte gringa y no se le ha brindado, pero no les da a los mexicanos la información que quieren saber sin que afecte la integración de un expediente. Sobre el asesinato de Cuen empezaron a informar de inmediato los avances, pero se toparon con la Iglesia como don Quijote. Y entonces, a la vuelta de un año, ni hay claridad sobre el secuestro del Mayo ni hay certeza de cómo murió el ex rector y quiénes fueron cómplices en el burdo montaje que armaron —para proteger quién sabe a quién— y que la FGR derrumbó con un soplido.

Todo parecía, por la celeridad que la Fiscalía mostró en un principio, que el caso Cuen se aclararía en unas semanas, que se fincaría responsabilidad a funcionarios y técnicos de la fiscalía estatal por el montaje… Pero los intrincados montes de la política parieron a un ratón.

El último párrafo de la carta es un mensaje entre líneas. El Mayo sabía los demonios que podía desatar con las revelaciones de ese día y quiso atemperar la tempestad que empezaría a conformarse. El mensaje no fue para el “pueblo de Sinaloa”, que nunca ha tenido nada que ver en una guerra de estas, sino para sus hijos y sus comandantes —el 20, el Changuito, el Ruso, los Cabrera— y sus aliados. Para su hijo Ismael Zambada Sicairos, pero también los que están en los Estados Unidos, liberados después de sus respectivos procesos judiciales, Serafín Zambada Ortiz e Ismael Zambada Imperial, su hermano Jesús, o bajo protección condicionada, como Vicente Zambada Niebla.

Tal vez fue una posición política la suya, pues algo le entiende al tema, porque sabía, desde que fue secuestrado, lo que ello provocaría. Después de él, el mando estaba desde hace tiempo en el único hijo que le quedaba activo, el Mayito Flaco. Y conocía su temperamento. La guerra de 2019 entre los rusos y los ninis terminó cuando el Mayo decidió sacar al Ruso y mandarlo a Mexicali. Le dio la plaza y dejó que los chapitos se quedaran con un terreno que le había pertenecido desde que cayó Miguel Félix Gallardo y se hizo una redistribución de los territorios en el país. Pero su hijo no estuvo de acuerdo.

Sanalona, Imala, el Limón de los Ramos, Tepuche, todas estas sindicaturas las controlaba el Mayo, pero en la alianza que tenía con su compadre, el Chapo Guzmán, le fue cediendo terrenos, incluso el casco urbano de Culiacán. Había dos razones para ello; por un lado, el Mayo ya se dedicaba sobre todo a los grandes negocios, no le importaba el narcomenudeo. La otra razón tuvo que ver con el perfil del Chapo, un hombre de armas, antes que nada. Juntos habían expulsado a los hermanos Beltrán Leyva de la capital y había que amurallarla. Cediéndole territorios, cuidaría la casa, algo que para el Mayo era muy importante. Cuando el Chapo es atrapado por tercera vez y ahora sí extraditado a los Estados Unidos, los acuerdos que había tenido con su compadre los trasladó a los chapitos, que ya habían estado creciendo en el negocio y desarrollado un perfil idéntico a su padre, sobre todo Iván Archivaldo (“Hijo de Chapo, Chapito” titulamos una vez una nota referida a Iván).

A esperar sentados

A la vuelta de un año, la falta de claridad sobre el tema del Mayo Zambada se debe a que tanto el gobierno norteamericano, como el nuestro han ocultado la información porque así les conviene. El gringo porque nunca aceptará que llevó a cabo una operación clandestina en México para llevarse a dos importantes capos; el gobierno mexicano porque no va aceptar que lo humillaron; ellos tienen el control de los aeropuertos minuto a minuto, del espacio aéreo también, de las aduanas. Decir que van a esperar a que el gobierno norteamericano les informe qué pasó, es simplemente evadir su responsabilidad. Y vergonzoso.

Con información de Ríodoce

Artículo publicado el 20 de julio de 2025 en la edición 1173 del semanario Ríodoce.

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