mayo 26, 2020 11:26 pm

Javier Valdez vive a través de sus textos

javier valdez-lectura colectiva1

Javier Valdez Cárdenas no murió el 15 de mayo de 2017, sigue vivo en sus textos, en sus artículos, en sus libros, en la memoria de sus amigos, familiares y hasta de quienes sin conocerlo hoy lo conocen. Y así ocurrió ayer viernes, cuando el Morro, el Malayerba volvió a escucharse y una vez más habló de las víctimas del narco, de las rastreadoras, del periodismo que se ejerce con miedo ante el monstruo que representa el narco, la corrupción y la violencia, pero que no por eso calla.

Lea: Javier Valdez: largo y tortuoso proceso https://bit.ly/2WDX3Kb

Sus textos emergieron nuevamente de sus libros Los huérfanos del narco, Con una granada en la boca, Malayerba, Levantones, Narcoperiodismo y de otros tantos, como un homenaje de periodistas, activistas, editores y amigos en una lectura colectiva que celebró su vida, su legado, pero también exigió justicia por su crimen ocurrido hace tres años en Culiacán, Sinaloa.

La tertulia virtual “Malayerba: Memoria y Justicia”, organizada por el semanario Ríodoce e Iniciativa Global a tres años del asesinato de Javier, reunió a una veintena de colegas, amigos, a su esposa Griselda Triana y a sus hijos, quienes desde la distancia y el encierro obligado por la pandemia, lo recordaron a través de sus relatos e historias.

Siria Gastélum, de Iniciativa Global, moderó las participaciones transmitidas por Facebook, que durante dos horas revivieron los textos de Javier en la voz de Adela Navarro, directora del semanario Zeta, de la periodista Alejandra Ibarra, Marcela Turati, de #NoAlSilencio.

El periodista Alejandro Almazán compartió una de las cartas que ha escrito a Javier durante dos años.

“Me acuerdo de cómo te sudaban las sienes mientras apaleabas el teclado. Yo digo que sudabas la nota porque en Culiacán, que te cuento a ti, toda la vida está en juego en una palabra mal usada. Transpirabas periodismo y te arriesgaste hasta el día que te quemaste.  Yo te oí preguntar lo que nadie más osaba preguntar y te leí lo que al resto nos daba culo escribir porque también me dijiste que con el culo se escribe”, expresó.

“Leo tu macabro humor negro y también leo a un loco que sueña que un día se acabará el horror. Un loco que llora junto a las víctimas y que escribe esas historias para que a nadie se nos olvide que la temporada de muertes en México todavía no se acaba.. Tu no tuviste la necesidad de pavonear tus triunfos en las redes sociales, como hoy pavoneamos muchos y muchas…, tu no hiciste lobby con los colegas, ni tuviste una red de relaciones públicas para que te entrevistaran cada vez que publicabas uno de tus libros, a ti te arropamos y te aplaudimos simplemente por tu trabajo, porque le pusiste nombre y apellido al crimen y a la corrupción, porque reporteaste, escribiste y rolaste la Malayerba…”

Lea: Javier Valdez: Un recuento de tres años de lucha por la justicia https://bit.ly/2YSXJNg

Y desde ese teclado que describió Alejandro Almazán, también surgió en voz de la editora Andrea Miranda la historia de Karla Flores, del libro Con una granada en la boca.  Y desde Monterrey, el escritor y editor Antonio Ramos Revillas, trajo al presente un texto de la obra Malayerba, y aseguró que el día que Javier fue asesinado no murió sino que se hizo eterno.

“Un día después del asesinato de Javier… no quería ir al trabajo, así que tomé la ruta más larga, una que me obligaba a entrar por colonias, por cruceros, por muchos semáforos y de pronto terminé a un costado de una iglesia en el centro de Monterrey, y en una barda inmensa ya dibujaban un mural para Javier…, apenas ese día empezaba el funeral y en Monterrey ya estaban pintando un mural con su nombre, con sus libros, con sus palabras. Sí Javier si es para siempre, Javier es para todos y Javier ya está en la memoria de todos en este país”.

Blanche Petrich, periodista de La Jornada, medio del que Javier fue corresponsal, leyó un fragmento de Los huérfanos del narco, que consideró recoge la preocupación de Javier por los niños víctimas de la violencia y del narcotráfico.

“Y los niños, donde están los niños, qué les duele, cuanto dolor hace falta para pensar en los niños.. “.

Cristian Díaz, periodista sinaloense, mencionó que a Javier lo mataron por no ser parte del crimen organizado. “Hoy me encuentro en el mismo lugar donde hace tres años recibí una llamada donde me decían que Javier había tenido un atentado, en ese momento Javier ya estaba muerto por el delito de no ser narco, así como se llama su crónica”, dijo antes de dar voz al texto El derecho de no ser narco.

Y sí, a Javier lo mataron por escribir “con el culo” sobre el narco y sus barbaries. Por eso el reportero José Raúl Torres no pudo contener las lágrimas al leer una entrevista que Javier concedió el 30 de mayo de 2012 el diario la Jornada de Jalisco y en la que habló de las amenazas que entonces ya se cernían sobre el gremio periodístico.

“Las manos del reportero tiemblan, quiere escribir la verdad y la palabra miedo se anota sola, desea decir en dónde, cuándo, quien, porqué, y la palabra miedo escupe burla, angustia, desilusión, olor a sangre…”, leyó en voz alta la periodista, Miriam Ramírez. El texto forma parte del prólogo del libro Narcoperiodismo, el último que escribió Javier y que dedicó “a los periodistas mexicanos valientes y dignos, exiliados, escondidos, desaparecidos, asesinados, golpeados, atemorizados y pariendo historias a pesar de la censura y los cañones oscuros”.

Y ese viernes 15 de mayo, sin quererlo o tal vez queriéndolo, Javier unió a través de su escritura a esos periodistas, a esos escritores, a esos amigos de los que escribió. Andrés Villarreal (periodista), Daniela Paztrana (escritora), Dina Grijalva (escritora), Orfa Alarcón (escritora) Dulce Barboza (mercadóloga), Óscar Loza Ochoa (activista de derechos humanos), Alejandra Guillén (reportera), Alejandro López (director de teatro) lo recordaron, le dieron vida y voz nuevamente a través de esos textos, que primero fueron suyos pero hoy son de todos.

“Somos muchos reporteros que buscamos la nota en plena incertidumbre, que tenemos claro que un balazo puede llegar antes que nosotros”. El fragmento corresponde al libro Con una granada en la boca y fue leído por Sara Mendiola, directora de la asociación civil Propuesta Cívica. Para Javier esas balas llegaron el 15 de mayo de 2017, cuando el narco buscó callar su voz,  pero sin quererlo la hizo más fuerte.

Griselda Triana, señaló que tres años atrás justo a las 12:00 horas, cuando concluyó la lectura colectiva, Javier, su esposo ya había muerto.

“Es muy significativo que podamos mantener vida su memoria y nuestra exigencia de justicia, muchas gracias por acompañarnos en todos estos meses, estos tres años en las buenas, en las malas y en las peores”.

Ismael Bojórquez, director del semanario Ríodoce, agradeció a los participantes que se sumaron a la tercera jornada Malayerba, esta vez desde la distancia.

Lea: Javier Valdez y la tercera jornada que no pudo ser https://bit.ly/2TeELNB

“Agradecer el acompañamiento de muchos otros compañeros periodistas, amigos, familia que han hecho posible que se lleven a cabo con éxito estas jornadas, compañeros no solo de Sinaloa, sino de otros estados, y leo actividades que se llevaron a cabo en otros países, en España, Javier. Y pedir justicia en el caso de Javier y mantener su memoria”.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RÍODOCE EDICIÓN 904
24 de mayo del 2020
GALERÍA
COLUMNAS
OPINIÓN

LO MAS VISTO

El Ñacas y el Tacuachi
BOLETÍN NOTICIOSO

Ingresa tu correo electrónico para recibir las noticias al momento de nuestro portal.

OPINIÓN DEPORTES

DEPORTES

viral