Ni el rayazo del sol ni enorme cantidad de basura y maleza que formaron un tapón en la boca del estero del Infiernillo hicieron que Javier Acosta Martínez cediera en su empeño por encontrar su panga.
La lluvia que la tormenta invernal cayó sobre Mazatlán durante doce horas el jueves pasado, provocó que alrededor de cinco lanchas se hundieran.
La corriente de agua pluvial que buscó una salida en la zona más baja de la ciudad, la del estero, arrastró las embarcaciones, y entre éstas, las de Javier Acosta, quien trabaja en la limpieza de la boca de este estero, donde fue colocada una biobarda que en condiciones normales retiene la basura, pero que en esta ocasión fue insuficiente y se reventó.
Los pescadores comentaron que ya estaba programado sustituirla en diciembre.
Mientras el pescador seguía hurgando en la espesa capa de basura y hierba, del otro lado del puente una grúa ayudaba a maniobrar a otros pescadores para sacar las embarcaciones hundidas.
Un hombre se lanzó al agua para atar un cabo a una lancha y pudiera ser sacada con una grúa. Cuidadosamente, la embarcación fue depositada en tierra, ante la mirada de su dueño, quien en todo momento cuidaba que no se fuera a dañar el motor.
Dos hombres de edad más avanzada trabajaban pacientemente en desenredar sus artes de pesca, pero sin perder detalle de la recuperación de las embarcaciones.
“¡Oiga, dígale al (Químico) Benítez que venga a ver el desmadre que hay aquí, mire nomas!”, sugirió uno de los pescadores, al tiempo que señalaba la basura que flotaba lenta para sumarse a la acumulada en los pilares.
Preocupado, Javier Acosta no dejaba de sacar basura, sin más herramienta que sus manos y un palo con el que intentaba quitar la basura a su paso, pero por más esfuerzo que hacía, la cantidad de desechos parecía no tener fin.
“Necesitamos ayuda”, indicó.
El tramo del canal de navegación que se alcanza apreciar desde el Puente Juárez, daba cuenta de los barcos que buscaron refugio y que entre basura flotante y agua turbia, su tripulación realizaba labores de limpieza.
Los estragos de esta lluvia, histórica para los más viejos, pegó de manera diferente a los mazatlecos.





