Antonio López Sáenz (1936)
Como muchos artistas del Noroeste, Antonio López Sáenz, se inicia en el arte de modo instintivo, no cultivado. Su primera inspiración: los juguetes mexicanos de cerámica que lo llevan a moldear el barro (haciendo monos), frente a los muelles del puerto de Mazatlán .
Marcha a la ciudad de México a estudiar en la Academia de San Carlos,(1954) en donde vive el auge de los jóvenes de la contracorriente. Ahí, A SU DECIR SIGUE LA Escuela de París, sobre todo en la temática, más no en la composición, pero sí en la forma de aplicar el color
En la apropiación de su Mazatlán onírico, el López Saénz maduro, juega a reinventar el entorno arquitectónico de su ciudad (casas de finales del s. XIX finales del s. XX, muelles, plazas) y a reinventar a sus habitantes en el ocio , el trabajo, en la vida cotidina (todo recreado).
Obra trabajada en colores que nos remiten al impresionismo y a una volumetría con predominancia de las curvas. Hay también, evocaciones de la utopía arquitectónica de los futuristas y reminiscencias de la obra de su amigo Rodolfo Morales.
Reseña la vida de los marineros, pescadores, los sueños de las grandes travesías y el mar, pero vista desde lejos. La volumetría de sus personajes de cabezas pequeñas, sin ojos, sin cara, son influencias de Henry Moore y menos de Fernando Botero, pero también de los monos de barro
Obra única, atemporal en su propósito, pero de profundo goce para el espectador que pueda obviar los contornos contemporaneos de la plástica del aquí y ahora.
El baile, la fiesta, el ocio; como expresiones lúdicas y o como máscaras carnavalescas donde todo es disfazable de beisbolista, músico, marinero o de puro mar….
Olas tras ola, año tras año, el maestro López Sáenz es uno de los referentes del neofigurativismo del noroeste






