Un cementerio que reverdece en Mazatlán

Con dinero público. Se habla de cientos de miles, de millones y decenas de millones de pesos invertidos en el embellecimiento de la avenida del puerto con palmeras datileras y cocoteras que han sido un rotundo fracaso, porque las arecáceas simplemente no se han ambientan y terminan por quedarse vitales en los camellones y las banquetas renovadas.

No, aquello que dio un toque a Mazatlán a lo Miami Beach en los días del Tianguis Turístico, ha terminado en un verdadero cementerio a lo largo de kilómetros que constantemente llama a que esas plantas sean sustituidas para que a las semanas estas se muestren tristes, decadentes, destinadas al fuego y a la basura.

Pero una cosa es clara en esta sinrazón: alguien está haciendo un negocio redondo desde el gobierno municipal de Carlos Felton, a quien alguien le vendió la idea de que las palmeras tenían futuro en el malecón del puerto y sin considerar a los especialistas; desde entonces se han dedicado a escarbar e instalar esas palmeras que no logran sobrevivir constituyendo un verdadero negocio, pero sobre todo un ecocidio que alguien tiene que parar.

Son cientos de plantas que han sido retiradas y sustituidas por otras vigorosas que a los días están desfallecientes. Y lo peor que pareciera no tener fin este crimen ecológico, esta sangría a las finanzas públicas y la constante invasión de transporte pesado en la avenida más transitada del puerto con la subsecuente molestia de los conductores.

¿Cuándo se instalará la última palmera? Nadie de los gobiernos estatal y municipal parece tener la respuesta y menos la preocupación de que la insensatez ecológica termine algún día. Repito, sería interesante saber quién está haciendo el negocio de su vida con esta nueva modalidad de cementerio transgubernamental, que tampoco parece importar mucho a los grupos ecologistas del puerto que pareciera han terminado aceptando que es un mal necesario.

Quizá algún día, una de estas plantas se logra y entonces habrá valido la pena la inversión multimillonaria. Pero en tanto la tierra dice que no, y las rechaza, no son para el trópico.

Y es que está claro, traer palmeras desde el desierto a zonas marinas, no se necesita ser una lumbrera de imaginación y conocimiento, para darse cuenta de que la brisa del mar no favorece la producción de dátiles majhoul.

Solo con la observación podemos concluir rápidamente que la instalación de las palmeras fue una ocurrencia muy costosa. No parece soportada en ningún estudio técnico y quizá, ni siquiera el que las ha instalado sabe qué se tiene que hacer para que sobrevivan frente al mar. Si es que pueden sobrevivir. La naturaleza es sabía. Indica lo que es para cada suelo, para cada región, para cada avenida. No se le pueden pedir peras al olmo. Ni ciruelas al manzano. Pero tampoco al funcionario deshonesto, que deje de hacer trácalas matando plantas.

El dinero público siempre será escaso ante las necesidades de una ciudad y eso obliga a que el gobernante lo administre bien y eso pasa por detener una inversión que a las primeras es claro que no logrará el objetivo planteado, en este caso el embellecimiento de un malecón que merece una ciudad turística como es Mazatlán.

Hay otras opciones de embellecimiento y basta ver como resuelven lo del atractivo otros destinos de playa, a Venice en la costa sur californiana le basta una gran avenida para que la gente se encuentre mientras disfruta del horizonte y las bellas chicas de hot pants o los fisiculturistas que presumen sus gatos; En Miami Beach —nuestro alter ego turístico— su atractivo está en sus calles y ese pasillo largo donde se puede comer un kebab o una langosta flambeada; Cancún son sus hoteles con unas playas maravillosas, o Río de Janeiro con sus playas de Copacabana e Ipanema por donde transitan algunas de las mujeres más bellas del mundo. Pero sobre todo, un destino turístico debe ofrecer la sensación de seguridad.

Es decir, un destino turístico tiene que utilizar lo que ofrece el entorno con todo el apoyo técnico, de manera de no cometer este tipo de crímenes contra la naturaleza, que por lo demás es una pésima carta de presentación.

Vamos, la marca sinaloense ya sabemos está asociada al crimen organizado, al cártel se distingue en la prensa internacional, para que agregar que no solo matamos humanos sino también por inmoralidad, indolencia y negocio, palmeras datileras y cocoteras.

¡Alto al ecocidio en la Avenida del Mar!

Artículo de opinión publicado el 17 de junio de 2018 en la edición 803 del semanario Ríodoce.

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